<Lunes, 1 de marzo 2010



DÍA 5

Cuando ayer por la noche salí con Erik de la Sala de la Televisión, dio la casualidad que también tenía su habitación en el primer piso y cuándo comprobamos que nos había tocado dormir juntos, se alegró desmesuradamente de que yo fuera a ser su nuevo compañero. Hasta las tantas hemos estado hablando de los Albergues, de las Trabajadoras Sociales, del carácter de la Directora y de su necesidad de estar unos días mas en el Albergue. ¿Y quien no? Cuando esta mañana entraron en nuestra habitación y nos encendieron la luz con un «¡BUENOS DÍAS!», no sé ni cómo subí a desayunar al Comedor Social, dado lo poco que dormí esta noche.

Mientras desayunábamos, Erik seguía teniendo ganas de llorar, hasta que la “Trabajadora Social Reglamentaria» con semblante serio, se acercó hasta nuestra mesa. Nos informó a ambos que “Luisi no iba a venir por que está muy ocupada en Oviedo” y se dio media vuelta. Yo me quedé con ganas de conocerla, en cambio Erik respiró tan aliviado, que su reacción me hizo gracia. Salí del Comedor Social, bajé las escaleras y cuando me disponia a marcharme a visitar alguna empresas con un par de CV, la “Trabajadora Social Reglamentaria» me llamó desde la ventana. Quería que «subiera a recoger mi pendriver y las 20 fotocopias que me hizo de mi CV». Cuando subí, me reprochó haberselo pedido y no haberlas ido a recoger. Le di las gracias y me di media vuelta para irme.

fachada

Con los planos de las ciudades que traen las Páginas Amarillas de Asturias y con mi polifacética experiencia laboral, el sábado marqué todas las empresas que me pudiesen contratar en Avilés. Hace un par de meses ya había empezado a buscar trabajo utilizando las Páginas Amarillas, que por este motivo se quedaron en el maletero del coche. Me resultó muy fácil recopilar las direcciones de las empresas del metal, como añadir cualquier otra empresa que pudiese necesitar personal. Añadí sectores como las ETT´s, hostelería, andamiaje o trabajos verticales, que aunque ya sea viejo para estar colgao, estoy dispuesto a aceptarlo hasta que salga algo mejor. Ser un experto en buscar trabajo tiene sus ventajas en la seguridad de encontrarlo y el inconveniente de conocer las limitaciones de estas fechas. Febrero ha terminado y dentro de un mes será Semana Santa. Si en los próximos quince días nadie me contratase, tendría que esperar otros quince días después de las fiestas, o incluso hasta el verano, para poder tener alguna oportunidad real de conseguir trabajo. Tampoco se trata de ser un pesado, cuando las empresas ya tienen mi CV y lo que hace falta es que me llamen.

Me puse en marcha y cruce la Ría de Avilés por el puente metálico de San Sebastián, pasando a la ribera del Centro Cultural Internacional Niemeyer y por ahí hasta la PEPA. Repartí todos los CV previstos y alguno más. Ha sido desolador no ver ninguna actividad laboral, ninguna esperanza. Aunque no lo tenia pensado, fui hasta los talleres del Grupo Daniel Alonso, puntero en Energías Renovables a nivel internacional y con otras Divisiones en toda clase de sectores. Dejé un CV en el puesto de seguridad de la entrada al recinto. Como tenia tiempo, me acerqué también hasta la planta siderúrgica de Acelor Mittal, antigua Ensidesa, a sabiendas que nunca me llamarán sin tener un enchufe en el Comité de Empresa. Terminé de dejar CV demasiado rápido. Eran las 11:30 y no me apetecía nada regresar al Albergue.

Sin nada que hacer, continué hasta volver a cruzar al otro margen de la Ria por el puente Azud y regresar por la Ruta del Acero, viendo las esculturas que han colocado en la Senda Verde. Caminando, tuve la oportunidad de charlar con un prejubilado de Ensidesa que estaba paseando y me contó su visión del panorama laboral regional desde el pesimismo. Hasta que llegamos al puente de San Sebastián, donde se arrancó con unas estrofas que aquí recojo: “Puente Metálico// Mucho hierro por arriba// Mucho hierro por abajo// Y si todo en el hierro estriba// Que lastima de trabajo«. Menudas ocurrencias tienen los de Ensidesa con tal de que el trabajo no les pille debajo.

Regresé al Albergue a las 13:00, la hora de la comida. El Comedor Social estaba menos concurrido de «internos», pero con los mismos «seguimientos». Para comer, nos sirvieron una fabada asturiana sin compango, unas albóndigas y un platano. La comida se ganaba criticas y felicitaciones por igual. Cuando salí del Comedor Social, me fui a dar un largo paseo intentando pedir algún cigarrillo, hasta que entré en la Biblioteca a leer el periódico y jugar al ajedrez on-line.

Cuando se me pasó la hora, me fui de la Mediática a dar otra vuelta y así hasta que abrió el Centro de Empleo Europa. Hoy no estaba la sustituta del viernes y conocí a la Monitora habitual, la cuál es un poco borde. Cundo le pedí unas fotocopias de mi CV, “solo me podía hacerme 5 fotocopias al día» y por insistirle, me advirtió sin venir a cuento que “iba a llamar a la Policía”. Me recordó a una vieja histérica y riéndome, me fui con los 5 CVs.

Al regresar al Albergue, Erik me recordó que «tenía que pedirle ropa a la Trabajadora Social» y me animó a subir a hablar con ella. Sin creerme tristemente aun que nadie fuese a proponérmelo, sino que iba a tener que mendigar la ropa, estuve un buen rato mentalizándome y eligiendo las palabras apropiadas con las cuales pedir ayuda. Con la dignidad de necesitar mas fotocopias de mi CV, subí al 2º piso, me dirigí al Despacho, pero esta tarde había otra Trabajadora Social, quien estaba acompañada por un chico que no era «seguimiento», ni tampoco un «interno». Bajé al Centro de Día para volver a mentalizarme. Con las 5 fotocopias del Centro de Empleo, me quedaban 9 CV y volví a subir al Despacho.

Cuando por fin entré dándoles las «buenas tardes», les comenté que «esta mañana, la Trabajadora Social me había dado 20 fotocopias y había repartido 16 CV». La Trabajadora Social se me quedó mirándome fascinada y sonriendo le pedí «20 copias mas». Me contestó que «20 le parecían muchas y solo me iba a poder hacer 10».

Intentando resignarme al comprobar que mañana voy a tener que volver a tener que subir al Despacho y mientras me hacía las fotocopias, aproveché para comentarle torpemente que «necesitaba ropa». La Trabajadora Social me autorizó a que «bajase al Ropero y cogiese la que necesitase». Cuando terminó de graparme las 10 fotocopias, le dio las llaves del Ropero al chico que la acompañaba en el Despacho y me mandó que «le acompañase, que él me iba a dar la ropa».

Bajamos las escaleras conversando y «no era un Trabajador Social». Al abrirme la puerta del Ropero, entré y me puse a observar tímidamente las estanterías, abarrotadas de amasijos de ropa hortera que nadie se pondría en su día a día. Mientras rebuscaba en las estanterias con las puntas de los dedos algo que me sirviera, el chico me advirtió que «había bajado antes, lo había estando colocando todo y no había encontrado nada que valiese la pena coger». Había pensado que era un Voluntario, pero me volví a equivocar, «es un conductor que han cogido en un control de alcoholemia y está haciendo horas de Servicio a la Comunidad en el Albergue». Un listillo que aprovecha su castigo para quedarse con la ropa, sin que los Trabajadores Sociales se percaten de ello. Con la ropa que llevaba puesta, jamás se pondría nada de lo que había en el Ropero, ni siquiera para disfrazarse en Carnaval. El sueco también necesitaba ropa, y cuando entró en el Ropero, me percaté que me había utilizado cómo si yo fuera un caballo de Troya. No es necesario decir lo poco que me gustó que Erik me usase de semejante manera, pero como estaba sonriendo, lo dejé pasar.

Mientras cenábamos a las 20:00, la Trabajadora Social me ha preguntado «¿si había encontrado ropa de mi talla?» y le contesté con la verdad sobre la ropa que tenía en el Ropero. Me ha dado la razón y me ha indicado que «los lunes y los jueves a las 16:00, abré el Ropero de Cáritas Arciprestal, donde debo de comentarles mi situación personal y me darán toda la ropa que necesite”.

Mientras Erik y yo estamos solos en el Centro de Día viendo la televisión, no paro de darle vueltas sobre lo duro que me está pareciendo todo para buscar trabajo desde el Albergue. Lo mejor de todo, vino cuándo Erik me dijo que se iba al baño y volvió de la habitación con un pantalón vaquero y dos camisetas que le quedan grandes. Me ha salvado la vida y se me pasó el enfado porque me utilizase como un caballo de Troya.


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