DÍA 7
Ayer, mientras estaba viendo la película en la Sala de la Televisión, bajó la Trabajadora Social a hablar conmigo después de haberme advertido que pasado mañana tengo que irme del Albergue. «No se había dado cuenta que esta mañana mi compañero había abandonado el Albergue y que me había quedado solo en la habitación», y a las 23:00, tuve que cambiarme a la habitación donde estaba Amadeu. Según me dijo la Trabajadora Social mientras me veía recoger mis cosas, parece ser que los “internos” debemos de compartir habitación para evitar problemas.
Amadeu es un portugués de 60 años que lleva muchos años en los Albergues, «de Albergue en Albergue». Cuando volví a escuchar esto, me apenó que me hubiesen puesto con un «carrilano» tan idiota cómo Gregorio, pero nada mas alejado de la realidad. No me quiso dar confianzas y por tanto, él tampoco se tomó ninguna confianza conmigo. Cuando esta mañana nos despertaron y mientras hacíamos la cama, me invitó con a fumar un cigarrillo «como premio por haberme estado calladito toda la noche».
Subimos al Comedor Social y me senté junto a los demás «internos». Esta mañana, los «seguimientos» tenían los típicos problemas de convivencia entre desconocidos. Los «seguimientos» estaban enfadados con un morito joven, a quien acusaban de «escaquearse de sus responsabilidades». Por su parte, el morito no aceptaba sus criticas y quizás no le faltará razón, como si el fondo de la discusión fuese importantísimo, más allá de tener que hacer las simples tareas domésticas que tienen designadas. El desayuno fue ameno viéndoles discutir midiendo sus palabras, hablándose educadamente y trabajando ostentosamente. El morito tiene ademanes de chulo, pero que se puede esperar de un marroquí de 20 años en una convivencia semejante, si sólo tendrá 20 añitos. El morito tiene marcada la cara con una cicatriz muy fea, que le estigmatizará toda la vida, ya que le da una pinta de callejero que no puede con ella.
Desde el principio, el morito no me gustó, pero ahora qué empiezo a saber cómo funciona un Albergue, esta mañana me dio peor impresión viéndole discutiendo. Más por envidia que por otra cosa, al haber conseguido ser nombrado “seguimiento”, a lo que ahora yo aspiro ser. Durante un momento, me sorprendió que me alegrase verle discutiendo, solo por la ilusión que me causó imaginar que lo echasen del Albergue y fuese a quedar una plaza libre de “seguimiento”. Me ha sorprendido muchísimo pensar algo semejante, cuando jamás lo pensé por un trabajo y mi Vida Laboral es un fiel reflejo de ello. Lo que nunca pensé por un sueldo, hoy lo pensé por una cama. Yo voy a salir de aquí sin traicionarme y que pena me daría de mi mismo si me traicionase. No voy a volver a pensar así. Después de este pensamiento, mire a los nuevos “internos” mientras desayunaban y no pude evitar acordarme de Erik y la impresión de veterano que me dio a mi, que quizás les causé yo a ellos, con la sensación que debía de tener Erik conmigo, que debe de ser la misma que tengo yo con ellos. Hoy, lo único que tuve todo el día metido en mi cabeza, fue pensar en que mañana tengo que abandonar el Albergue.
Cuando terminé de desayunar, salí del Albergue a dejar los últimos Currículums en las oficinas de las empresas por Avilés. Empecé por los barrios mas alejados, comprobando lo que ya sabía. Avilés es una Villa pequeña y muchas de las direcciones que agregué eran las casas particulares de los Autónomos.
A las 11:00 me permití volver al Centro de Día y tomarme un café. Quise echarle una última mirada a la Hora del Desayuno. Estuve observando la rutina de aquellos que duermen en la calle y desayunan todos los días a las 11:00. A todos les parece normal y todos son felices dentro del Centro de Día, buscando «algo» que les haga pasar toda la mañana colocaos. Curiosamente, los «internos» que residen en Avilés conocen a los “externos”, aunque solo sea de desayunar en la Sala de la Televisión. Los «internos» interactúan con cierta soberbia sobre los “externos”, mientras prefieren relacionarse con los «carrilanos», como si de un intercambio cultural se tratase y si consiguiesen «algo» de los «carrilanos», pues mejor que mejor. Y cada cuál con su rol, cómo si los “internos” nos lo hubiéramos ganado, cómo si los “externos” no fuesen idóneos y cómo si los «carrilanos» fuesen distintos a nosotros.
Visto lo visto, salí del Centro de Día y en el segundo ring dejando Curriculums, el fallo fue encontrarme cerradas la mitad de las empresas que están publicitadas este año en las Páginas Amarillas. Cuando terminé me senté en un parque. Por un lado, buscar trabajo fue un fracaso, pero fue un éxito como me organicé para hacerlo. Un éxito por sacrificarme un par de días durmiendo en el coche y un éxito de planificar estos tres días, mientras me está pasando por encima un ciclón extra-tropical.
Andando de vuelta al Albergue, vi una Oficina del INEM y entré a volver a preguntar por las «ayudas de 400€ de Zapatero». La solicité hará tres meses en la Oficina del Paro a la que pertenezco en Oviedo, pero entonces «no cumplía los requisitos, al estar empadronado con un familiar directo con ingresos superiores a los fijados». Al entrar, me atendió una Funcionaria, a quien le informé que «mi situación personal ha variado, para saber si con algún papel se pudiese hacer algo». Tras explicárselo brevemente, la Funcionaria me ha dicho que «no» y me ha recomendado «empadronarme en otra casa, aunque sea mentira que vivo allí». Me hubiera gustado seguir debatiendo su consejo, pero la Funcionaria dio por terminada la consulta y me tuve que levantar de la silla e irme. Su criterio fue tan breve, como explicito y relevante.
Me fui al Albergue a comer y volver a pensar nuevamente en el papel del Empadronamiento. ¿Quien va a empadronar a un desconocido en su casa? Sin contar el esfuerzo tremendo que me supondría convencer a alguien que no ganaría nada por ello, a sabiendas que estos chollos siempre acarrean consecuencias negativas cuando se te ocurren hacerlas por ayudar. Pensándolo mejor, mientras comía solo tenía en la cabeza la incertidumbre de tener que mañana marcharme a Oviedo y cuando terminé de comer, lo único que pensaba es en el hambre que estoy pasando.
Esta tarde ha sido un coñazo constante, un minuto tras otro, mirando el reloj para que fuese la hora y pasase el día. No me apeteció estar en el Centro de Día, por no estar con los “externos”, que en resumidas cuentas son todos los marginales de Avilés cuando no duermen en el Albergue. Cómo no me apetecía ver a la Monitora habitual del Centro de Empleo, cómo no me apeteció ir a la Biblioteca, cómo estaba cansado de andar y de estar sentado en los parques, me fui directamente a sentarme en la Sala de la Televisión, mi nuevo mundo.

Antes de cenar, conocí a otra Trabajadora Social del Albergue. Cuando me daba el kit de desechables para ducharme, estuvimos hablando de todo un poco. Me vino a confirmar lo que los «carrilanos», “internos” y “externos”, ya me han dicho. Cuando se enteró de mi situación actual, me miró con cierta lastima. No pude evitar sonreírle al verle su preocupación y quise tranquilizarla. Estuvimos hablando un buen rato y sin pedírselo, llamó desinteresadamente al Albergue de Oviedo, consiguiendo que me reservaran una cama para mañana. No me podía creer la gran suerte que tenia, pero me dejó una sensación que creo que me es innecesaria. Cuando entré en el Albergue, creí que me iban a solucionar la papeleta y ahora siento un excesivo agradecimiento hacía ella porque descolgó un teléfono e hizo una llamada. Estoy agradecido, simplemente, por que todos me han dicho «que estas cosas no las hacen», cuando lo que no entiendo es ¿por qué estas cosas no las hacen? No hace falta decir lo súper contento que me puse cuando terminó la llamada telefónica y me mandó «ir tranquilo a cenar al Comedor Social, que ya tenía plaza reservada en Oviedo». Con ello, me evita tener que dormir en la calle de mi ciudad natal, si mañana a las 8:00 no fuese el primero en la puerta del Albergue o si coincide que mañana no sale ningún “interno”.
Mientras estuve cenando, no pude dejar de pensar en como podría agradecerle a la Trabajadora Social su gentileza y aunque en verdad no me ha dado nada, su amabilidad me ha parecido un todo. Tuve que dejar de pensarlo matemáticamente, sobretodo cuando el resultado es infinito, sin tener nada para poder regalarle.
Sentado en la Sala de la Televisión, me arrimé a Amadeu, quien hablando sobre el tabaco, me planteó la mendicidad cómo «algo necesario cuando se necesita». Me lo planteó de tal forma que me tuve que escudar en que «no quiero hacerlo por principios, que no por necesidad» y me sonrió mientras me invitaba a un cigarrillo. Amadeu no es un mendigo común, me parece más el abuelito querido de algún niño portugués. Como no quería contarle lo mio, no le pregunté por lo suyo.

Cuando Amadeu y yo nos íbamos a dormir a nuestra habitación, nos encontramos con un borracho gritando que «le acababan de robar el teléfono móvil de su habitación». Como estaba dando voces y la cosa no iba con nosotros, porqué él había estado con nosotros en la Sala de la Televisión, nos fuimos dejándole buscando su teléfono y advirtiéndonos a todos que «al que le cogiese con él, lo mataría». Menuda fauna hay suelta en este Albergue.