DÍA 8
Desperté antes que fuera la hora para poder levantarse, inquieto por la mudanza al Albergue de Oviedo. Cuándo Amadeu se dio cuenta que estaba observando el lucido del techo, me llamó para regalarme un cigarrillo y hemos estado hablando de lo acontecido en mi entrevista con la Luisi. Aunque sea prematuro para comprender todo lo que me ha dicho, Amadeu me ha dado alguna pincelada mas sobre mi nuevo mundo. En resumidas cuentas, recién despertado, alguien me habló sin tapujos sobre lo que quería oír y ya me imaginaba. Me tranquilizó muchísimo, ofreciéndome una imagen tan negativa de los Servicios Sociales, que sería para no haberme levantado de la cama, si hubiese podido quedarme en la habitación.
Me gusta que me hablen claro, pero hoy me he quedado boquiabierto oyendo la opinión de Amadeu y su forma tan dramática de contármela. «Todo pasa por los Trabajadores Sociales» y aunque soy reacio a dejar constancia administrativa, no me va a quedar más remedio que hablar con ellos y pedirles que me ayuden. «Hay mucho hijoputismo en los Trabajadores Sociales», pero a mi esto no me va a afectar, ya que lo único que quiero es conseguir un trabajo. «En la calle hay mucho hijo de puta suelto», cómo si yo fuese a hacer tratos con alguien de por aquí, cómo si yo no me los oliese y fuese a dejarme engañar por estos personajes. Y en definitivas cuentas, «que lo que voy a ir comprobando a partir de ahora no me va a gustar nada». Estuvimos hablando, hasta las 8:00, cuando la Trabajadora Social entró en la habitación dándonos sus «BUENOS DÍAS» y pudimos salir de la habitación, despidiéndome de Amadeu que «no desayuna para ponerse a trabajar temprano».

Subí al Comedor Social a desayunar y cuando terminé, bajé las escaleras pensando en lo mal que me han tratado los empleados del Albergue de Avilés. Muy decepcionado por todo lo visto y oído, jamas pensé que un Albergue de indigentes fuese así. Al salir a la calle, vi como la Directora estaba aparcando su monovolumen enfrente de la calle empedrada y me fui calle arriba para no tener que saludarla. Antes de marcharme de Avilés, me pasé por la Biblioteca a comprobar que ninguna empresa me hubiese escrito a la dirección que aporto en el CV, aunque todavía nunca se hayan puesto en contacto conmigo por e-mail. Caminando hacía el coche, me encontré «trabajando» a Amadeu y aproveché para pedirle el último cigarrillo. Menuda última lección que me ha dado; “pedir tabaco también es pedir, que yo para fumar tengo que poner la mano”. Me lo dijo sonriéndome, en voz bien alta y mientras sacaba la cajetilla. La gente que pasaba en esos momentos se paró a observar la escena y casi me muero de vergüenza del que pensarían de mi, pidiéndole un cigarrillo a alguien que está mendigándoles una moneda. Me alejé fumando con la cabeza gacha.
Es extraño estar en un Albergue de indigentes. Aquí hay gente mayor y más joven, los hay majos y los hay que mejor no hablarles, los hay guapos y los hay feos, los hay de todos los colores, hasta por haber hubo un sueco que vivió muchos años en Benidorm. Se podría decir que estar en un Albergue no es para tanto, pero la verdad es que lo prefiero antes que vivir en una casa que no puedo mantener o encontrarme solo y sin hacer nada en un piso compartido dándole vueltas a la cabeza por no tener trabajo.
-Voz en off- Se termina mi experiencia en el Albergue de Avilés disfrutando de mis tres días al mes. A continuación, se incluye la contestación a mi solicitud por escrito a Cáritas para recibir copia de mi “Expediente Personal”, donde figurasen las actuaciones dirigidas a mi integración social. En el siguiente Certificado, el cual incluye el logotipo del Ayuntamiento de Avilés, resulta muy escueto, dentro de tanto palabrerío que hay escrito para describir la labor humanitaria que realizan las Entidades sin Animo de Lucro. El Certificado está fechado en 20/02/2015, durante mi 5º aniversario viviendo en la calle. En este Certificado se pueden extraer tres matices para explicar la artificial Exclusión Social que venden los Titulados de lo Social.

El primer matiz es mi nombre, apellido y Dni, los cuales, junto al resto de mi datos personales que respondí el día que entré en el Albergue de Cáritas, forman parte de las estadísticas y gráficos porcentuales sobre Exclusión Social de la Memoria 2010, de los Servicios Sociales del Área de Bienestar Social del Ayuntamiento de Avilés. Estas estadísticas y gráficos los realiza automaticamente el ordenador y los Titulados de lo Social solo eligen los colores, como se puede comprobar en las Memorias de Servicios Sociales, junto a un análisis infantil de estos datos. La base de datos de las propias Entidades sin Animo de Lucro es lo que se toma como referencia incuestionable para la confección de las Políticas Sociales y la distribución de todas las Subvenciones Públicas que se destinan a Exclusión Social por parte de los Ayuntamientos y que se reparten las propias Entidades sin Animo de Lucro. En este matiz, hay que recalcar la importancia que tuvo y tiene aumentar al alza los datos del sinhogarimo para mantener y aumentar las Subvenciones Públicas que reciben todas las Entidades sin Animo de Lucro especializadas en pobreza extrema.
Para entender la estafa en lo que se ha convertido la Caridad, solo hay que conocer los gastos de un Albergue de indigentes y compararlo con los gastos de un hotel, con el mismo numero de plazas. La fecha de mi primera estancia también demuestra que al Ayuntamiento de Avilés no aporta ninguna solución a los indigentes, cuando las autoridades han declarado una Alerta Roja y el hecho que ningún Ayuntamiento tiene firmado un convenio de colaboración permanente con ningún Hostal o Pensión de su ciudad.
El segundo matiz es que fui incluido en dichas estadísticas por estar 6 días como “interno”, de los 365 que tuvo ese año. El computo de usuarios al año es el método propagandístico elegido por las Entidades sin Animo de Lucro para justificar las millonarias subvenciones que reciben todos los años por los servicios domésticos que realizan en instalaciones que cuentan con un determinado numero de plazas.
Se detalla que tuve una segunda estancia de otros 3 días en 2010, donde acudí para comprobar si variarían el criterio que me aplicaron en mi primera estancia, tras lo cual tuve claro y fui coherente, que la solución a vivir en la calle no era entrar en el Albergue, ni convertirme en un “carrilano”. Esto explicaría la frase que los indigentes decimos y que tanto escandaliza a ciertas personas; “prefiero dormir en la calle, que ir al Albergue”, sin que exista ninguna mención al maltrato al que podemos ser sometidos dentro del Albergue por parte de los Titulados de lo Social, e incluso de los Voluntarios mas “experimentados”.
El tercer matiz se basa en el párrafo de tres renglones, donde Cáritas especifica las labores domesticas que realizaron conmigo y que una semana antes hacía yo solito. Un Albergue de indigentes debería proporcionar soluciones a los marginados para conseguir volver a integrarnos en la sociedad y sobre estas soluciones se ha hablado mucho, pero no se sabe nada.
Al final me marché de Avilés, sin conocer el Ropero de Cáritas que abre los jueves a las 16:00. Al tener plaza asegurada en Oviedo, podría haber esperado a que abriesen, pero preferí marcharme y conocer cuánto antes al Trabajador Social Marcos. Mientras conducía hacia Oviedo, me puse a pensar, que pasaría si estando en la puerta del Albergue, me encontrase con algún conocido que me viese saliendo o entrando. Así fue mi viaje de regreso a mi ciudad natal, después de una semana que juré que no volvería nunca más, tras regresar de Canarias después de una década cuándo también me juré cuando me fui que no regresaría jamas a Oviedo. Ahora lo único que tengo claro es que de Asturias no me voy a ir, pase lo que pase y en Asturias me quedaré hasta que no me sacié de ella.

Sobre las 10:30 llegué a Oviedo y no necesitaba preguntar a nadie ¿donde estaba el Albergue de Indigentes? Sabía, que si no lo habían cambiado, el Albergue de indigentes estaba en el barrio de San Lázaro. Aparqué el coche en el aparcamiento que hay en la calle Bolgachina, bajé la travesía Armando Collar, piqué a la puerta y me abrió una Trabajadora Social a quien me presenté como “el chico del Albergue de Avilés”. Primeramente, “no era Trabajadora Social” y segundo, “a nadie se le reserva una plaza porque es muy injusto con las personas que esperan en la puerta desde las 8:00”. El recibimiento me dejó cohibido en el hall de entrada y me ha parecido que mi reacción me ha congraciado con la Conserje, que se llama Pili. A mi la cara de Pili me suena de algo y si no, apostaría que es una mujer campechana del occidente asturiano, lo cuál es muy buena presentación. Cómo esta mañana el famoso Trabajador Social Marcos estaba muy ocupado, Pili me mandó que fuese a desayunar al Centro de Día, que «está en el patio del Albergue». Cómo no quería volver a meter la pata con ella, me fui a conocer el Centro de Día llamado “Calor y Café” y del que ya me habían hablado en Avilés.
Al abrir la puerta del hall al patio, me encontré con un patio interior de 20 metros por 15 metros de ancho, que me separaba del Centro de Día. Había 3 mesas de plástico debajo de un toldo abatible. En cada mesa había una persona sentada y todos consumiendo tabaco de liar. Saludé a los parroquianos y entré a la moderna edificación con todo el frontal de la fachada acristalada y con una puerta también de cristal en medio del frontal, sin dudas, realizado por algún prestigioso Estudio de Arquitectura. Dentro del Centro de Día había ocho personas y dos Trabajadoras Sociales que se diferenciaban a simple vista, sin necesidad de intuirlo por sus batas blancas. Una de las Trabajadoras Sociales cuando me vio entrar, debió de verme la cara de perdido que tenia y me saludó sonriéndome. Por un momento me pareció que dudaba si era una visita o un indigente, que no recuerdo con que sutileza salió de dudas y me hizo que mi entrada fuese más llevadera de lo que esperaba. En estas dieron las 11:00 y la otra Trabajadora Social sacó dos termos y una bandeja con azúcar, colacao, vasos desechables y un bote cilíndrico con galletas maría. Lo mismo que en Avilés, lo único que los termos son de menor tamaño, pero con la gran diferencia que en Oviedo te lo sirve una Trabajadora Social. Aproveché para servirme mi primer café con leche y me senté callado a ver la tele, hasta que entró Pili a buscarme.
La acompañé de vuelta al hall de la entrada, donde está el Despacho del Director. Entré y me presenté a Marcos, un asturiano de 50 años, quien me invitó a sentame y estuve hablado nuevamente de todo lo que hablé en Avilés. Esta vez me resultó mas fácil contar mi papeleta, después de haberlo experimentado anteayer. La diferencia fue que Luisi utilizó la zorrería para preguntármelo y a Marcos se lo conté yo directamente para zanjar el tema. Me supongo que los Directores de los Albergues de Asturias, sobretodo si pertenecen a Cáritas, contrastarán la información de los «internos» entre ellos. Todo el mundo menos Gregorio, conoce la precisión de la Iglesia, la operatividad de Internet y la utilidad de las llamadas telefónicas. Marcos empezó preguntándome «¿donde estaba empadronado?» y le contesté que en «la calle Fuertes Acevedo». Me ha mirado serio y me ha comentado que «debo de pedir Cita en la Unidad de Trabajo Social del Cristo-Buenavista». Me ha preguntado «por el trabajo» y le dije que «en un par de semanas tengo una entrevista en IMASA». Me sonrió a lo zorro y en vez de cinco días de estancia, «me ha dado hasta 12 de marzo», el día que la responsable me dijo que «me volviera a pasar para saber si ya les habían dado permiso para empezar a trabajar en la Central Térmica de Alcantarrilla». Eso si, me ha advertido que “si no consigo el trabajo, me tendrá que echar del Albergue porque no hay camas suficientes y hay mucha gente que quiere entrar”, sonándome a ultimátum. La entrevista duró poco y respiré medio satisfecho cuando me mandó salir.
Cuándo salí, no sentí ni una pizca de agradecimiento y no entendí muy bien los motivos de Marcos para darme semejante ultimátum, entre «carrilanos» que van «de Albergue en Albergue». Creo que es difícil que yo encuentre un trabajo a estas alturas, pero más difícil es para la mayoría de sus «internos». Sobre pedir cita en la Unidad de Trabajo Social del Cristo-Buenavista, no tengo la mas mínima intención de hacerlo de momento. Ya me jode bastante dejar constancia administrativa en una Institución cómo Cáritas, cómo para intentar evitarlo en los Servicios Sociales del Ayuntamiento. Viendo como va el país, no considero adecuado que una Funcionaria deje escrito en su ordenador mi estancia en un Albergue de indigentes.
Con ello me dio la 13:00 y en Oviedo hay que hacer una cola en el hall para entrar a comer. Durante la comida no pude evitar por menos que sentir nostalgia de mi vida pasada y todo por ver desde dentro el famoso Comedor Social del Albergue de Oviedo. Las veces que lo habré visto, sería tumbado viendo Panorama Regional, antes del Telediario, después de haber comido. Para comer, nos pusieron; unas lentejas, unas rodajas de un cefalópodo muy raro y una tarrina de flan Dhul.

Después de comer, tenía pensado quedarme sentado en el patio hasta que el Centro de Día reabriese a las 16:00, pero me enseñaron la Sala de la Televisión del Albergue y desde allí vi el Panorama Regional. Cuando conocí el Centro de Día, pensé si aquí nos dejarían ver las películas hasta el final y ahora estoy desconcertado. Han jodido el patio interior del Albergue para plantar en medio el Centro de Día; con una Sala de Televisión, un Despacho y una Consigna, cuando ya había una Sala de Televisión de parecido tamaño al Centro de Día y donde podrían haber puesto el Despacho y la Consigna. Me imagino el motivo, alguna Subvención del Ayuntamiento que había que gastar. A mi forma de ver las cosas, me parece un despropósito lo que han hecho en el patio restando movilidad a los «internos». Creo que esta sinrazón ha sido igual en todos los Ayuntamientos, aunque en un Albergue de indigentes sea mayor delito malgastar el Dinero Público.
Por la tarde no salí fuera del Albergue. No quería por nada del mundo encontrarme a nadie conocido, ni mucho menos a alguien conocedor de mis circunstancias actuales. Estuve esperando a la hora de la cena, entrando el Centro de Día y saliendo al patio, el patio y entrando en el Centro de Día, el Centro de Día y saliendo al patio, hasta que al final, después de cenar, no quise saber que pasaría en la Sala de la Televisión con el final de la peli. Agotado, solamente quiero acostarme y ver que pasará mañana.