<Viernes, 5 de marzo 2010



DÍA 9

Cuándo el Conserje me despertó abriendo violentamente la puerta con unos «¡BUENOS DÍAS!» y encendiendo la luz, me encontré con el «interno» con el que voy a compartir la habitación y que entró después de que me hubiese quedado dormido. Los dos estábamos recién despertados y ninguno dijimos nada. Por la ventana entraban los primeros rayos del sol mientras hacíamos la cama y no pude evitar pensar hasta cuando compartiremos la habitación.

Bajé al Comedor Social y me serví un copioso desayuno a base de pasteles, que diariamente y parece ser que sin escatimar, nos donan la pastelería que hay a la vuelta de la esquina. Esta mañana me sentía cómo en un campamento de verano y me encuentro muy optimista con las expectativas a corto plazo. Estos últimos días estuve tan pendiente de adaptarme al sistema del Albergue de Avilés mientras repartía CV, que no he tenido ni tiempo para pensar en mi vida pasada. Ahora, toda mi ilusión reside en los próximos días, en la ciudad donde estoy empadronado y de donde soy. Ya me veo como «seguimiento» y veo muy positivo tener la ayuda especializada de Cáritas para salir adelante. A lo mejor consigo un «trabajo reservado para el Colectivo en Riesgo de Exclusión». Siempre he considerado las Políticas Sociales que impulsan proyectos como los Albergues, como algo muy positivo e imprescindible para fomentar una sociedad mas justa y ahora resulta que voy a ser yo el beneficiario de ellas. Lo único que me faltaría y que no veo, sería hacer terapia para superar verme así.

Por lo demás, esta mañana estuve fijándome en el interior del Albergue, dónde los pobres de Oviedo se habrán pasado la mitad de sus vidas. El Albergue se llama Cano-Mata-Vigil y recibe el nombre de quienes fueron sus tres impulsores. Tras la puerta de entrada del Albergue, está el hall que tiene dos puertas a los lados; la puerta de la derecha es el Despacho del Director y la puerta de la izquierda es la Conserjería, la cual tiene una ventanilla desde donde los Conserjes nos atienden nuestras solicitudes o te mandan a dar un paseo, como ya he tenido la oportunidad de comprobar. El hall tiene la puerta del patio enfrente, pero antes lo cruza una galería ancha con bancos y maceteros de piedra vacíos. Hacia la derecha, la galería te conduce hasta el Comedor Social y el ala del edificio de los «internos». Hacia la izquierda, la galería te dirige hacia la enorme Sala de la Televisión y el ala de los «seguimientos». Las ventanas de esta galería, las del Comedor Social y las de la Sala de la Televisión, dan al patio, alrededor del cuál hay numerosos geranios y un rosal.

En el patio está el Centro de Día y por lo que me han dicho las Trabajadoras Sociales, «Calor y Café es totalmente independiente del Albergue, aunque también lo gestiona Cáritas». Su distribución al atravesar la puerta, te encuentras la Sala de Lecturas con un pasillo que diferencia; a su derecha 3 mesas con sus 12 sillas y a la izquierda 2 hileras de 3 mesas con sus 24 sillas. Al fondo hay 2 mesas mas donde a la hora del desayuno posan los termos y al lado está el acceso al Despacho de las Trabajadoras Sociales y el Office donde el Voluntario hace el café y calienta la leche. Además, existen unas consignas para que los «externos» guarden sus pertenencias, bajo ciertas restricciones que no me interesan porque tengo mis cosas a buen recaudo en el coche. Encima del Despacho y el Office, subiendo por unas escaleras, están los baños de los «externos»; con 3 wateres y 3 duchas, dónde nos dan un kit parecido al de Avilés, con la diferencia que el champú es un bote tamaño familiar que te dejan las Trabajadoras Sociales.

Llego la hora de la comida, donde me enteré que “hasta hace unos meses, eran las Monjas quienes llevaban el Albergue, pero ante la escasez de Vocaciones, se lo cedieron a Cáritas”. Me lo comentó un «interno» cuando se lamentaba por la comida que nos dieron, afirmando que “cuando estaban las Monjas se comía mucho mejor”. Puedo entender su afirmación, conociendo la fama de buenas cocineras que tienen las monjitas, pero el otro «interno» que estaba enfrente de nosotros, se lo cuestionó, posiblemente por que sea un «carrilano» desagradecido que no estará contento con todo lo que nos dan gratis. Al terminar de comer, y después de no conseguir que los que estaban fumando en el patio me invitasen a un cigarrillo, me he ido a dar un paseo por el barrio para quitarme el mono.

Al rato volví y esta tarde tuve la oportunidad de conocer a los dos «internos» que me han dicho que están «indefinidos» en el Albergue. Se pasan las horas enteras en la galería, saludando amablemente a todos aquellos que entran en el Albergue. Los dos son gitanos y los dos son muy sociables hasta cierto punto. Una se llama Lola y al otro lo llaman Nenu, quien por algún motivo no quiere hablar con Lola y Lola acepta con resignación los motivos por los qué Nenu no quiere hablar con ella.

Lola tiene 83 años, viste de riguroso negro, está entrada en carnes y cómo le cuesta andar, está sentada en el banco más próximo al Comedor Social y así entrar la primera a cenar. Allí está sentada todo el día acompañada de su bastón, salvo cuándo algún trabajador del Albergue le ofrece alguna cosa que la pueda interesar, que se levanta lentamente pero con muchísima ilusión y con su peculiar paso, se acerca a la Conserjería para que se lo den. Cuando se agobia y para romper el silencio de la galería, repite constantemente; “que te coman los tiburones”, con una generosa sonrisa que fuerza su peculiar nariz y no puedo evitar verla como si fuera la abuelita del pirata Jack Sparow.

Nenu tendrá 40 años, siempre tiene una sonrisa inocente en su cara inocente y no para quieto. Se pasa las horas enteras dando literalmente vueltas en el mismo sitio en una esquina de la galería, hasta que entra alguien por el hall. Entonces, y sin importarle las veces que te lo haya podido preguntar a lo largo de la mañana, se acerca discretamente a pedirte un cigarrillo, o mucho más discretamente, te pide que le invites a un porro, intentando que los Trabajadores Sociales no le escuchen sus inquietudes. El “seguimiento” que me habló sobre los «internos indefinidos», me ha dicho que Nenu “estaba ingresado en el Manicomio de La Calellada, hasta que lo cerraron y las monjitas lo trajeron al Albergue cuando se enteraron que vagaba por las calles”.

A las 00:30, después de ver el final de la película con el Portero apoyado en la puerta esperando a que acabase, he subido a la habitación y esta noche voy a dormir solo. Parece ser que en el Albergue de Oviedo están «obligados» conmigo y el Trabajador Social Marcos me está tratando con mas consideración que al resto, incluso para dejarme dormir solo. Esto lo veo muy bien para mi, pero este trato preferencial lo veo una putada para los demás indigentes, cómo bien me reprochó Pili.

Todo esto me está haciendo reflexionar sobre los Albergues. Todavía no me creo que en Albergue de Avilés no tuviesen una cama libre para mi y jamás me habría imaginado que sería para 3 días al mes. Tampoco me acabó de poder creer que no me «renovasen», habiendo visto al resto de «internos», algunos de los cuales fueron «renovados» y me intentaron animar afirmándome que a mi también me “renovarían”. Por ello, he tenido que volver a Oviedo, pero ¿que hubiera pasado si no hubiese tenido coche?

Cuándo me despedí de Erik, le pregunté “¿cómo se iba a pagar el billete a Galicia?” y él me confesó que «pidiendo en la calle». No pude evitar preguntarle, “¿si el Albergue no le pagaban el billete para trasladarse?” y riéndose, me contestó que «los Albergues no le pagan el billete a nadie». Su contestación también me sirvió para quitarme de la cabeza que en el Albergue me fuese a ayudar con la gasolina. En el supuesto que no tuviese coche, si la Trabajadora Social de Avilés no hubiera incumpliendo la Norma que «a nadie se le reserva una plaza telefónicamente», con la otra Norma de que “está prohibido salir del Albergue antes de las 8:00”, la conclusión es evidente, entre Albergue y Albergue tienes que dormir una noche en la calle. Es imposible llegar a tiempo para empalmar “de Albergue en Albergue” y los “carrilanos” tienen que dormir una noche en la calle, si cuando llegan al mediodía ya estuviera lleno. Duermen en la calle solamente una noche, si al día siguiente están los primeros en la puerta del Albergue, sino serían dos noches. Duermen en la calle solo dos noches, si al segundo día están de los primeros en la puerta del Albergue, sino serían tres noches y así hasta que madruguen lo suficiente, siempre y cuando coincida que vaya a salir alguien de terminar de disfrutar sus días. Con semejante sistema se me quitan las ganas de ser “carrilano”.

Con lo que me dijo Erik, no sé que va a pasar conmigo si me llamasen de IMASA para que me incorporara inmediatamente a trabajar en Alcantarilla y el Albergue no se hiciera cargo del traslado. Si el Director no me diese el dinero para el billete del viaje, me daría mucha pena de mi mismo tener que ponerme a pedir dinero a los viajeros de la Estación de Autobuses y así hasta poder pagarme el viaje.


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