ROCE INSTITUCIONAL
Mi primer roce institucional con los Trabajadores Sociales del Centro de Día, ha sido sancionarme «dos días sin poder utilizar las duchas”, hoy y mañana. Semejante sanción, por el motivo que ha sido, es tan humillante que me está suponiendo un disgusto monumental, además de un cabreo fenomenal. Sucedió así y no hace falta oír a la otra parte, sus Normas son así. Así y si no te gusta, “vas y pones una queja en el Ayuntamiento”, como así me ha estampado la Trabajadora Social Silvia.
Debían de ser las 11:00 y esperaba a que me llegará mi turno para bañarme. Estaba con Valeriano, que ha regresado de Galicia, hablando de como le ha ido la vida por el «carril», cuando sonó mi teléfono. Entré en la Sala de fumadores, para evitar que me llamasen la atención por que está “prohibido hablar por el móvil”, para “respetar el descanso de personas que no han podido dormir durante la noche”. La llamada fue corta, era para un puesto de Comercial y me preguntaron, “¿si podría pasarme en un par de horas?”. Contesté que “si”. Salí de la Sala de fumadores y me volví a sentar con Valeriano. Le comenté el motivo de la llamada, dándome los aires de importancia propios, a la vez que me surgían dudas sobre perder el tiempo, yendo a una entrevista para un trabajo que no creía que fuera a aceptar. Le conté a Valeriano mi experiencia del año pasado en Las Palmas, aceptando un puesto de Comercial para fidelizar clientes para Endesa-Unelco y lo abandoné la misma mañana que empecé, al ver el desgaste mental y físico que me iba a suponer. Mi situación actual ha empeorado desde aquel día, que aceptarlo ahora sería como emular a Will Smith cuando intenta convertirse en un Comercial Financiero, mientras dormía en un Albergue de indigentes, dentro de su película “En busca de la felicidad” (2.006). Pensando en esta película, decidí acudir, más para cuando tenga una entrevista importante que por el puesto, más por salir de Centro de Día a algún sitio que por no quedarme dentro.
Una vez hablado todo esto y cuando me despedia de Valeriano, me ha advertido “si te has apuntado en la lista para poder bañarte, avisa primero a la Trabajadora Social de Lavandería antes de irte”. Me sorprendió mucho la rimbombancia con la que me lo indicó, que en un principio me reí de la percepción que tenia sobre los Trabajadores Sociales, no pudiendo entender el problema que me planteaba. Primeramente, no entendía que podría pasarme si no la avisaba, segundo, hoy no me apetecía, tercero, no sabia como pedir este “Permiso”, cuarto, si existiese esta Norma sería por alguno de sus despropósitos de los drogadictos, pero cuando le explicase mis motivos no me diría nada. Creo que recordaré toda la vida mis palabras para tranquilizarlo; “ellos están aquí para ayudarnos a buscar trabajo”.
No entendí el problema que me planteaba. ¿Que le importaría a Silvia tacharme de la lista como si me hubiera duchado?, si la escriben a boli. Más para que Valeriano comprobara el error en el que vivía, fui a avisar a Silvia y le comenté que “me iba a ir a una entrevista de trabajo y que no me iba a duchar”. Creo que nunca mis parpados se abrieron tanto, cuando la oí decirme con estas palabras textuales, “si no te duchas cuando te llame, estarías sancionado. No podrás ducharte hoy por la tarde, ni tampoco mañana”. Pocas veces me quedé tan de piedra por lo inesperado y le volví a explicar el motivo, mientras ella había vuelto a hacer lo que estuviera haciendo, hasta que al final me espeto, “tú sabrás lo que haces”. Me dejó tan anulado discutir semejante trivialidad, que me quitó las ganas de ir a la entrevista.
Si fuera como cuando trabajaba de soldador, que el mismo día que hacías la entrevista te ponías a trabajar, inicialmente iría a la entrevista y esta tarde trabajaría sin haberme duchado desde ayer. En mi primer día trabajando después de tanto tiempo, sudaría más de lo habitual y mi sudor se mezclaría con el polvillo del metal. Me vienen a la mente los picores cuando intentase dormir sin éxito en el coche y que ese polvillo sería dificil de limpiarlo después de dentro del coche. Al día siguiente iría a trabajar sucio y aún así, desempeñaría mis funciones, que mañana cuando acábese de trabajar tampoco podría bañarme. Quizás la segunda noche me resultase más fácil dormir, después de dos días trabajando y no haber podido dormir desde la noche anterior. Al día siguiente volvería a ir a trabajar y trabajaría, pero aquí los picores ya podrían haberme producido irritaciones, que dependiendo de lo penoso de lo que hubiera tenido que realizar, podría terminar viéndome obligado a acudir a un Dermatólogo y quizás, incluso perder el trabajo por una enfermedad que no la puedo considerar laboral, sino “social”. Siempre se puede encontrar una solución, sobretodo en una ciudad costera e ir a la playa a bañarse, pero creo que la solución es contraproducente para mis intereses, plasmados en la creación de un Centro de Día como este, para cubrir estas dos contingencias, poder ducharme y encontrar un trabajo.
Ahora pensándolo, nunca escuché el motivo por el cuál no se permite saltar el escrupuloso orden de llegada, si en el Centro de Día hay «usuarios» que se pasan el día entero dentro y se les podría hacer esperar si hubiera un caso como el que yo le planteaba. No entiendo esta Norma, ¿que más le daría llamar al siguiente, incluso aunque no fuese justificado?, ¿que menos que dejarme pasar, ante la duda de cometer una infamia como sería no dejarme? Antes estas dudas, me surgió una inquietud mientras estaba en la Sala de Lecturas. Quedarme hasta que me llegase el turno, sería interpretado como un acierto de no habérmelo consentido y con la misma satisfacción de haberme hecho cumplir esta Norma, seria considerado un mentiroso. No me apetecía quedarme después de ser vejado de semejante manera, así que me fui tranquilamente, pero no a la entrevista, si no a dar un paseo. Fui por la avenida Portugal y acabé en la plaza del Humedal, sentándome con Don Julio y compañía.
Viendo la cara con que llegaba, me preguntaron y les contesté contándoles la tontería de Silvia. La contestación de Julio me lo dijo todo, “¿por que crees que yo no voy por Café y Calor?”. Teniendo delante mía al indigente ideal para hacer un anuncio publicitario para Cáritas, el tono de voz que empleó me dio que pensar, la mirada con la que me miró me dio que pensar, la cara con lo que me lo dijo me dio que pensar, su resignación me dio que pensar, su decisión me dio que pensar, los motivos que tiene me dio que pensar, habiendo comprobado estos motivos en mi piel. Su respuesta me da que pensar.
Esta tarde estuve muerto de asco por las calles. No quise pasarme por el Centro de Día. Hoy, quizás no me dejase ducharme, pero no me creo que mañana me lo prohíba. Como mañana se le ocurra a Silvia prohibirme ducharme, les declararía la guerra. No creo que se puedan imaginar de lo que soy capaz de hacer, si mañana me lo prohibiesen y no me dejasen darme una simple ducha.
A la hora de la cena, he tenido la oportunidad de terminar de conocer a Teodorico, un asturiano de unos 40 años, un tipo aparentemente normal que mientras te habla, te intimida con su mirada hosca, pretendiendo imponerte su opinión. Una persona con la que no pierdo ni un minuto de mi tiempo. El día que lo conocí, llegó en bicicleta y entró con ella al Centro de Día. «Venía de hacer una ruta en Deva por que él no es como el resto de los usuarios”, pero aun así no deja de serlo. El día del cambió de hora, mientras Conchi y Emil cuestionaban a la Trabajadora Social Ana por llegar tarde, se pasó la mañana entera pegada a ella. Se podría decir que la estaba protegiendo, al lado de un Vigilante de Seguridad con porra y esposas. Teodorico estaba presente en la Lavandería, mientras comentaba que me iba a ir a la entrevista y luego lo vi con Silvia riéndose juntos. Le gusta impresionar a los Trabajadores Sociales, comentándoles «como nos trataría a mas de la mitad de los usuarios”, como si por ello se fuera a convertir en uno de ellos, cuando en realidad solo es un puto muerto de hambre.

Esta noch, me encontraba con sor Marisela, hablando sobre la comida de la Cocina Económica. Mientras hablaba con sor Marisela, se me adosó poniéndose enfrente mía. Le estaba relatando a sor Marisela que el pan no es del día, la sopa está fría y es insustancial, el arroz blanco es pasta, la paella es arroz blanco teñido de rubio y sin sustancia, los macarrones son solo macarrones manchados de rojo, los potajes no llevan compango y cuando lo leva está reseco o descompuesto, sor Moris me da menos ración que a los demás, la carne de ternera es de un color negro muy feo, nunca he comida una pota tan blanda, la mezcla del aliño de la ensalada, los Voluntarios reparten fruta dañada, además de que no entendía por que hay que estar escogiendo entre el café o el refresco. Sobre repetir refresco y tener que levantarse para repetir pan y sobretodo, por que solo se puede repetir del 1º plato y normalmente para repetir sopa. Temas banales. Teodorico me interrumpió y empezó con un argumento trivial, le repliqué algo, su argumento fue confuso, le repliqué algo, su argumento se trasladaba, le repliqué algo, su argumento me contrario, le repliqué algo, su argumento aumentó, le repliqué algo, su argumento fue mirada hosca y a continuación carcajada. Aunque me importa una mierda los comentarios de un subnormal como Teodorico, replicarle fue rebajarme a su altura, la de un ser vil y despreciable,
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27/04/10 Al abrir el Centro en horario de mañana, nos encontramos la verja sin bajar. Fdo. Silvia
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