Este libro habla sobre nosotros, los indigentes, sobre la forma como nos obligan a vivir las Entidades sin Animo de Lucro, sobre los servicios domésticos básicos que nos dispensan, sobre los Horarios en los que se desarrollan dichos servicios, sobre las Normas de Uso que debemos de cumplir, sobre las Sanciones que recibimos si incumplimos dichas Normas, sobre las ayudas que recibimos y aquellas que no recibimos debido a sus requisitos, sobre la relación trabajador-usuario que mantenemos con nuestros Titulados de lo Social, sobre sus funciones sociosanitarias, sociolaborales, sociofamiliares, y en general, de lo positivo que es dormir en la calle en pleno siglo XXI, dentro del exquisito Trabajo Social que justifica el gasto de millones de euros cada año en cada ciudad. En comparación, durante el siglo XX era la Caridad quien se ocupaba con mas criterio de los pobres y nunca manejaron las cifras astronómicas que ahora se justifican con normalidad.
Aquí se niega que para luchar contra el sinhogarismo, los Ayuntamientos tengan que destinar mas dinero público a las Entidades sin Animo de Lucro, que en algún momento los Servicios Sociales se hayan visto desbordados, que sea necesario la contratación de mas Titulados de lo Social, o que sea necesario que los vecinos continúen realizando donaciones de comida, ropa, mantas… El mayor problema que existe actualmente para terminar con la pobreza, son los magníficos negocios en los que se han convertido las numerosas Fundaciones, Asociaciones y ONG´s «especializadas» en Exclusión Social y de las que evidentemente se benefician sus empleados.
He aquí la importancia de dar a conocer mi testimonio, basado en contar mis primeros 100 días viviendo en la calle y poder contribuir a explicar parte de la problemática que representamos a nuestros vecinos. Esta problemática se basa en la creación de un laberinto ilógico burocrático, que básicamente hace que los usuarios seamos retenidos en la Exclusión Social y así poder justificar la estafa piramidal creada en honor a la solidaridad. Es por ello, que para poder denunciar la ingeniería social de las grandes corporaciones, tras la que se respaldan las pequeñas, este libro se ofrece en abierto a través de internet y va dirigido especialmente a mis compañeros, quienes podrán valorar la veracidad de este testimonio.
En este proyecto literario, se incluyen noticias publicadas en los periódicos locales y para empezar a captar la atención del lector, se empieza con dos noticias de gran interés para este propósito y protagonizadas por un mismo indigente. En 2010, nada indicaba que IMS fuese a ser el protagonista de estas dos noticias, aunque ya era una persona frustrada que bebía mucho alcohol. Cuando lo conocí en las últimas páginas de este libro, IMS me pareció un buen tipo y me resultó evidente que necesitaba ayuda, sin necesidad de ir a la Universidad para poder valorarlo y sin que las personas que han estudiado evitasen los inconvenientes que causó a nuestros vecinos y a nosotros. Los titulares de las noticias se destacan en color cereza, están redireccionadas y se pueden consultar en sus fuentes originales. Las letras azules muestran el texto integro y simplemente se han subrayado los matices mas interesantes para poder comentarlos al final de la noticia y a lo largo del libro.
La Policía detuvo a un gijonés de 39 años por agredirle en una casa deshabitada de El Llano por desavenencias con la comida y el tabaco.
Recibió una paliza a manos del hombre con el que ocupaba una casa deshabitada en El Llano. Murió a los tres días en el baño de un bar de la calle de Eulalia Álvarez por las lesiones internas que supuestamente no le fueron detectadas en el centro hospitalario en el que le atendieron. Tenía 70 años, era originario de Zaragoza y un habitual de la Cocina Económica. El Cuerpo Nacional de Policía detuvo a un hombre de 39 años, I. M. S., como presunto autor de los hechos. Se le imputa un delito de homicidio imprudente.
El fallecimiento se produjo al mediodía del pasado jueves. El cuerpo de la víctima permanece aún en el tanatorio de Cabueñes a la espera de que se confirme su identidad. La única documentación que llevaba encima era el informe médico elaborado en el Hospital al que acudió tras sufrir la agresión. Según ha podido saber EL COMERCIO, el supuesto ataque se produjo por desavenencias entre los dos por el consumo de tabaco y comida.
Ambos permanecían en un piso de la calle de Santa María cuando comenzaron a discutir violentamente. Eran las cuatro de la madrugada del domingo 1 de mayo. La superioridad del más joven sirvió para enviar al compañero al hospital. El herido eludió interponer denuncia por lo ocurrido y manifestó no conocer a su agresor.
La pista de la víctima se pierde hasta las doce del mediodía del jueves 5 de mayo. Juan Marqués González estaba a la puerta de la vinatería en la que trabaja cuando vio llegar al hombre de 70 años «con la cara totalmente amoratada y sin casi poder mantenerse en pie».
Entró en el establecimiento y se sentó en una silla. «No hablaba. Yo le preguntaba si quería un vaso de agua y sólo hacía gestos con la cabeza. No quería que llamase a una ambulancia. Estaba muy mal y no hacía más que tocarse la barriga», relata el camarero, muy afectado desde que vivió el trágico episodio. Dos minutos después de llegar, el hombre se dirigió al baño. «Nada más que entró escuché un golpe muy fuerte. Cuando llegué vi que estaba tirado en el suelo boca abajo, con los pantalones bajados, el prubitín…», añade.
«Se desplomó»
Nada más que los agentes del Cuerpo Nacional de Policía llegaron al bar comprobaron que el hombre no tenía pulso. «La muerte fue fulminante; se desplomó», lamenta Juan Marqués González. El fallecido portaba «una bolsa con un informe del Sespa y una botella de plástico de dos litros vacía». «Si llevaba encima la documentación del hospital es que le habían dado el alta, pero no se entiende, porque el hombre estaba muy mal, muy mal. Tenía la cara completamente morada», comentó.
La autopsia a la que fue sometido por parte de los médicos forenses determinó «que la causa de la muerte era violenta y que presentaba lesiones internas de tipo traumático», explicaron ayer desde la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía.
Las investigaciones se centraron en averiguar qué había sucedido los días previos. Las gestiones de los agentes permitieron determinar que «los golpes recibidos en la pelea del día 1 pudieron haber sido el detonante de su muerte». El presunto autor de la agresión fue detenido el viernes, «gracias a los testimonios recabados entre los vecinos de la zona en la que tuvo lugar el ataque».
I. M. S. carecía de domicilio conocido, «pernoctaba en la calle u ocupando inmuebles deshabitados, lugares en común con la víctima», tal y como explicaron las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Contaba con antecedentes por delitos contra el patrimonio y estaba siendo buscando por la Policía como presunto autor de daños a numerosas cabinas telefónicas de la ciudad.
No declaró en la Comisaría
Fue localizado el viernes y trasladado a los calabozos de la Comisaría. Según fuentes próximas a la investigación, «el arrestado se acogió a su derecho a no declarar y no habló durante el interrogatorio al que fue sometido». Permaneció en las dependencias policiales hasta ayer, cuando ingresó en el centro penitenciario de Villabona tras prestar declaración ante el juez de guardia. La de este transeúnte es la primera muerte violenta que se produce en Gijón en 2011.
Reinaldo era un drogadicto de 70 años y 50 kg, que parece ser que pidió el alta médica con tres costillas rotas y quizás por ello no recibió medicación. IMS era ya un alcohólico de 39 años y 120 kg, a quien Reinaldo no quiso denunciar, ni por venganza después de que haber sido agredido en esa supuesta pelea. Como se puede apreciar en la noticia, la labor del Trabajo Social brilla por su ausencia. Las desavenencias se produjeron un domingo por comida, algo que ya adelanto que tiene que ver con la vida conciliada de los empleados de las Entidades sin Animo de Lucro durante los fines de semana. Con esto, se puede comprobar que en muchas ciudades, el servicio que se presta a los indigentes nunca fue acorde a las necesidades que exige el sinhogarismo. Reinaldo aguantó los dolores durante tres días a sabiendas que los Servicios Sociales no le ayudarían, o quizás, les pidió ayuda y simplemente no le ayudaron. Durante sus últimos días de vida y como la única forma para aliviar sus dolores, Reinaldo bebía agua en una botella de plástico de dos litros.
Por estos hechos, IMS ingresó durante un año en el Centro Penitenciario de Asturias y en 2012 salió en libertad visiblemente mejorado en todos los aspectos. Salió creyéndose que era un tipo duro tras haber ingresado en la cárcel por homicidio, aunque fuese involuntario. La realidad es que si IMS hubiese tenido la suficiente comida y tabaco, lo hubiera compartido con su amigo Reinaldo. Algo muy triste solo de pensarlo.
En la 2ª noticia ocurrida en 2012, en ningún momento la vida de los cinco indigentes corrieron peligro y según tengo entendido, ninguno de ellos quería denunciarlo, ya que lo consideraban un buen tipo. Esta noticia demuestra la desesperación en la que IMS vivía y eramos expuestos los demás usuarios de las Entidades sin Animo de Lucro. Aquí me gustaría resaltar que la nave abandonada estaba pegada al Centro de Día y enfrente del Albergue.
Intenta quemar una nave abandonada donde dormían cinco indigentes//el comercio.es//14-12-2012
El detenido roció con cinco litros de gasolina el inmueble, en la calle Luarca, y le prendió fuego tras discutir con un compañero
Una rencilla entre personas sin techo a punto estuvo de acabar en desgracia. Un hombre de 40 años prendió fuego la madrugada del martes a una nave abandonada, antigua sede de Vulcanizados Trancho, con acceso por las calles Luarca y El Comercio, donde dormían cinco indigentes. Lo hizo por venganza con un compañero que, al parecer, le debía dinero. La rápida intervención de la Policía Local y los Bomberos evitó que su actuación desencadenase en tragedia.
I.M. S., con numerosos antecedentes penales, roció cinco litros de gasolina en la nave donde dormían los indigentes. Eran las tres de la madrugada. Transportó el combustible en una garrafa desde la gasolinera de la avenida de Portugal y se dirigió a la nave que le había servido de morada en los últimos meses.
La trifulca había comenzado poco antes, cuando le reclamó un dinero a otro de los hombres que pernocta en el lugar. Al no entregarle lo que le pidió, prometió que volvería más tarde y le «quemaría vivo». Intentó llevar a cabo su promesa. Fue una vecina la que alertó al 092 al ver una densa columna de humo saliendo de la nave, en desuso desde hace varios años. Hasta el lugar se trasladaron rápidamente varias patrullas de la Policía Local y una dotación de bomberos del parque de Roces. El foco del incendio quedó rápidamente controlado. Los agentes comprobaron que en el interior había seis personas, entre ellas el supuesto causante del fuego intencionado. Los otros cinco ocupantes de la nave, que resultaron ilesos, manifestaron que había sido I. M. S. el que había intentado incendiar la edificación con ellos dentro como consecuencia de una disputa por dinero. Él mismo lo reconoció. «Voy a tocar los cojones un poco», dijo antes de derramar el combustible. No fue el único detenido. Cuando los policías locales se dispusieron a identificar a los otros cinco individuos –de procedencia rumana, saharaui y española– se percataron que uno de ellos tenía una orden de búsqueda y captura por un delito de robo con fuerza. Los dos fueron trasladados a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía. El Grupo Primero de la Policía Judicial investiga ahora los hechos. El juez podría imputar a I. M. S. por cinco delitos de intento de homicidio.
Se da la circunstancia de que dos días antes había fallecido un hombre en el interior de la misma nave de la calle Luarca. La autopsia reveló que la muerte se produjo por causas naturales. La Policía y los servicios funerarios se hicieron cargo del cadáver tras el aviso de otros transeúntes.
La muerte mencionada en el último párrafo es ciertamente ilustrativa y ninguna muerte viviendo en la calle debería de ser considerada como muerte natural. Este hombre era natural de Rumanía, tendría unos 60 años, estaba muy obeso y sufría de una patología que le impedía caminar. Durante meses me lo tropecé en el recorrido de un kilómetro que separa el Centro de Día, del Comedor Social. Era habitual verle como se detenía cada pocos metros con evidentes síntomas de dolor, algo que explica desde la normalidad los últimos días de Reinaldo.
La Ruta del Hambre queda ilustrada en la página HORARIOS DE NUESTRAS INSTITUCIONES, donde si se pulsa en este redireccionamiento, se encuentra el mapa de Gijón con las ubicaciones de algunas de las Entidades sin Animo de Lucro gijonesas, junto con sus incomprensibles Horarios, lo cual forma parte de la documentación anexa que acompaña a este libro.
En la noticia, el dinero que IMS reclamaba eran 5 euros y la forma de reclamarlo es típica de un indigente borracho que se cree que tiene que hacerse respetar en una nave abandonada. Por estos hechos, IMS permaneció en prisión hasta 2020 y tras su nueva puesta en libertad, volvió a vivir en la calle, ya que la reinserción de los indigentes presos se ha convertido en otro cuento de las Entidades sin Animo de Lucro «especializadas» en la reinserción de los presos, como queda constatado. Esta vez IMS salió amargado y se recuperó en los exteriores del Albergue, aplicando a los demás indigentes lo que aprendió durante los 8 años que estuvo en los patios de las cárceles. Esta recuperación no duró mucho, ya que murió en 2022, en lo que presuponemos que fue por una ingesta masiva de su medicación psiquiátrica que le recetaron en la cárcel. Creo que debido a su nueva faceta de tipo duro y que seguía bebiendo alcohol, se granjeó enemigos con quienes tenía que convivir en la calle.
Antes de mi experiencia viéndome obligado a vivir literalmente en la calle, pensaba que los indigentes vivían así porque querían, pero desde el inicio de INDIGENTE PARA SIEMPRE, esta creencia popular se demuestra que es falsa. Las limitaciones que sufrimos en la comida, el descanso, la higiene, la violencia o los robos de los que somos victimas, nos convierten en usuarios institucionalizados de las Entidades sin Animo de Lucro «especializadas» en Exclusión Social. No niego que algún indigente ha salido de esta situación, pero mayoritariamente es fruto unicamente de nuestro esfuerzo. Historias reales cómo las que a partir de ahora voy a intentar narrar.