DÍA 1
Esta noche ha sido la primera vez que he dormido en un coche por necesidad y de las pocas veces que lo habré hecho en mi vida. Mientras dormía, sufrí una autentica emergencia, una cagalera producto de la cena, los nervios y de respirar el olor polvoriento producido por haber encendido la calefacción un ratito. Casi no me dio tiempo de salir del coche e ir corriendo hasta la caseta de obra en medio del descampado que tengo detrás, descubriendo que esta semana había sido la última vez que alguien la uso para cagar. A la primera, me di cuenta que no tenia papel higiénico y me quité los gallumbos sucios para limpiarme. En la segunda me quité la camiseta. Hubo una tercera y me quedé para el arrastre y manché hasta el pantalón. Pensando en como funcionará el Albergue, me he cambiado de ropa y tiré la ropa sucia. Si cuando regresé de Canarias vine con poca ropa, ahora tengo menos.
Verme obligado a salir del coche fue una desgracia y dejar la puerta abierta fue un error imperdonable. Qué frío hizo esta madrugada y en el maletero encontré solamente un chaleco para poder taparme las piernas. Pensar como podía aprovechar el chaleco para taparme me fascinó. Si cierras la cremallera no te tapa nada y si lo extiendes te entra todo el fresco por sus dos agujeros. Por otro lado, tengo un tres cuartos de Gore-Tex, un tejido que impide entrar el agua y permite salir el sudor para no cocerte dentro. Lo compré unos meses antes de marcharme a Canarias y de aquellas me costó 85.000 pesetas. Una tontería de cazadora con la que he aguantado el frio matutino de Las Cañadas del Teide o el calor vespertino en Arico.
Hoy debía atreverme a pedir una manta al Trabajador Social. Parece ser que esta experiencia me va a motivar para romper mis tabús y tener que pedirle ayuda a alguien. A alguien sin conocerle de nada, nada más y nada menos. Comprobar que no ocurre nada por pedirle una manta a un Trabajador Social, sobretodo cuando él ya sabe que estoy durmiendo en un coche y hace «mal tiempo». Pedírsela teniendo en cuenta que pueda decirme que «no tiene mantas ahora mismo». No me debe dar vergüenza, ni pedirla, ni cogerla, sino, en vez de morirme de vergüenza me voy a morir de frío.
La emergencia ocurrió a las 04:00 y el Albergue abre a las 8:00. Acurrucado en los asientos traseros, me era imposible estarme quieto por culpa del frío. Al principio tuve la ilusión de poder calentar el habitáculo con mi propio calor corporal. Cuando perdí la esperanza, estuve considerando volver a arrancar el coche para calentarme, pero me cohibió recordar el olor de la calefacción y no saber cuando voy a poder recargar el depósito. Debo de ser fuerte y ahorrar toda la gasolina posible. Me deprimía pensar en dar vueltas con mis 4´37€, que a buen seguro, me lo gastaría entrando en un bar y pidiendo un café con leche muy caliente y unas gotitas de coñac. Finalmente me levanté para sacudirme el frío del cuerpo. Salí del coche con la boca seca y ganas de fumar un cigarrillo que no tenía. Con la boca tan reseca, que ni el pequeño trago a la botella vacía que estaba en los asientos traseros sirvió para nada. Empecé a caminar y fui por la calle pidiendo un cigarrillo a todos los hombres que vi fumando, suponiendo que sería mas entendible pedirlo a primerísima hora. Pidiéndolo con verdaderas ganas de fumar y me funcionó al quinto intento.
A las 07:15 estaba en la calle de la Estación, pero me encontré con un imprevisto. A los pies del Albergue había dos indigentes sentados en el suelo bebiéndose un cartón de vino, hablando con un hombre de pie con un maletón con ruedas y varias bolsas de tela en las que buscaba algo. Me quedé sin saber que hacer, ni que decir. Una vez repuesto, me acerqué a preguntarles por si acaso y hablando con ellos se sintieron aliviados cuando les informé que iban a quedar tres plazas libres. Cuando uno de los borrachos se acabó de enterar de que yo también necesitaba una cama, me ha mirado con cierta lastima. Lo único que me faltaba, un indigente teniendo lastima de mi. Cuando la conversación sirvió para que el otro borracho me recriminase «no haber madrugao más», me fui a buscar otro cigarrillo hasta que abriesen y relajarme antes de entrar al Albergue.

Volví a las 8:05, el portal estaba abierto y subí al segundo piso a saludar al Trabajador Social. Cuando me asomé por la puerta del hall, en el despacho había una chica. Ante este nuevo imprevisto, tragué saliva para acercarme y tras presentarnos, ella también era una Trabajadora Social. Tuve que volver a pensármelo para contárselo todo de nuevo. Le comenté mi conversación con su compañero y me repitió todo, tan monotonamente, que escucharla me resultó tedioso. Mas brevemente que ayer por que estaba liada preparando el desayuno, finalmente me indicó que «todo lo que le comentaba debía de contárselo a la Directora, y hoy, ni había camas, ni iba a venir la Directora». Aproveché para pedirle permiso para darme una ducha, alegando haber dormido en el coche. No le hizo mucha gracia mi petición, tampoco tardó mucho en darme el kit completo, y cuando me duché, entré al Comedor Social a desayunar.
Cuando desayuné y estaba pensando en levantarme de la mesa, se me acercó la Trabajadora Social y me informó que «me permitiría que desayunase hoy y vaya a comer unos días, pero no voy a poder cenar». Según me ha afirmado, «no hay comida para todos». Me dejó sin palabras y después de decírmelo, dió medio vuelta y se detuvo a seguir dialogando con la Cocinera.
Parece ser que a la Cocinera le rompí sus cálculos respecto a los comensales y se lo comentó a la Trabajadora Social, quien le asintió a todo lo que ella le dijo. La conversación la mantuvieron delante de mis ojos. Sus argumentos no se basaban en que no tuviesen comida, sino en cumplir la Reglamentación que dice que la comida es exclusivamente para los «internos» y sin asumir que si yo soy «externo» es porque no tienen ninguna plaza libre. La Cocinera se mostraba satisfecha, como si se hubiese comportado como una profesional de la restauración, como si fuese una trabajadora responsable y eficaz.
Que en el Albergue me digan que no me pueden dar un bocadillo, después de haber visto desde niño los carteles que todos los años Cáritas ponían en mi portal y que mi madre haya colaborado alguna vez con ropa y comida, me pareció de lo mas inhumano que me hayan hecho en toda mi vida.
También me estaba indignando que estuvieran hablando de mi estando yo presente y señalándome moviendo la cabeza. Se dirigían a mi utilizando la tercera persona del singular, pero también utilizaron el “ellos” para referirse a «nosotros». Me pareció increíble cuando el Trabajador Social me dijo que no tenían una cama para mí, pero con la conversación de la Trabajadora Social y la Cocinera he flipado l-i-t-e-r-a-m-e-n-t-e. Cuando me levantaba intentando disimular mi perplejidad, la Cocinera me ha informado desde donde seguían conversando con la Trabajadora Social, que «para desayunar existía un Centro de Día en la primera planta, donde podría desayunar a partir de las 11:00». Agradecido y mas aliviado, aproveché para despedirme. Preferí dejarlas hablando sus cosas y disfrutar mi segundo día en libertad, como para perder mi tiempo distrayéndome con sus tonterías, que al fin y al cabo, tendrán que solucionar «ellas».
Bajé al primer piso a ver el Centro de Día y también los baños para los “externos”, como a partir de ahora me llamarán los Trabajadores Sociales del Albergue. En la primera planta me encontré con una simple sala que apestaba a tabaco. Dentro, cinco personas veían la televisión sentados en unas sillas endebles y junto a dos mesas del Leroy Merlin, al lado de una ventana con vistas a la calle de la Estación. Sus paredes desnudas estaban pintadas con manchas de café y me resultó evidente que aquello era un manicomio. Me quedé para ver el funcionamiento donde mañana tendré que desayunar, aparte que no tenía otro sitio a donde ir, ni ganas de caminar para buscar un sitio discreto donde meditar el horario y organizarme lo mejor que pueda. Desayunar a las 11:00 con los “externos”, para luego comer a las 13:00 con los “internos”, que no son otros que los que disfrutan sus tres días al mes del Albergue. ¿Desayunar a las 11:00? Muy bien pensado no me parece, ya que a bien seguro que quien puso esta horario nunca le obligaron a cumplirlo.
Me quedé en el Centro de Día a ver la televisión y lo que estuviesen viendo, que no era otra cosa que «Alerta Cobra, Brigada Especial de Carreteras». Alguien propuso cambiar de canal y me percaté que por aburrimiento veríamos «Alerta Cobra» mientras lo discutiesen, lo cual duraría hasta que lo aceptara quien propuso ver otra cosa. A las 11:00, en interior del Centro de Día se habían ajuntado una docena de marginales, mayoritariamente drogadictos asturianos de cuarenta años que recelaban de mi por si fuese policía. Entraron la Cocinera y el «seguimiento» que conocí en la cena. Ella con una bandeja con azúcar, cacao, vasos desechables para agua y un bote con el cuello estrecho lleno de galletas María, mientras él traía un termo con un papel que ponía «café» y otro termo con un papel que ponía «leche». Lo dejaron todo encima de las mesas y nada mas se separaron un poco, se abalanzaron todos los drogadictos a servirse su desayuno. Di un poco de tiempo y me quedé sin leche y solamente con unas galletas rotas en el fondo del bote, después de que todos los drogadictos hubieran metido sus manos sucias para seleccionar las mejores galletas. Pregunté a uno de los drogadictos si iban a bajar mas leche y me contestó que «cuando se acaba, no hay más». Probé el café y me tuve que conformar con haber desayunado a las 8:00. Me he quedado sorprendido comparando mi experiencia de hoy, con los publireportajes sobre Exclusión Social que he visto en la televisión.
Este mes unicamente una empresa de montaje de Avilés me había dado esperanzas para empezar a trabajar. Para aprovechar la mañana, se me ocurrió acercarme hasta Imasa a preguntarles, «¿si Iberdrola les había autorizado para empezar a trabajar en la Central Térmica de Alcantarilla?». Hoy me han vuelto a dar esperanzas para dentro de 15 días. Como Imasa está al principio de la ria de Avilés, en menos de una hora estaba de vuelta en el Albergue.
En el Centro de Día estuve pensando que iba a hacer por la tarde, después del fracaso de conseguir una plaza para dormir y tener que volver al coche a dormir sin cenar.

En el Comedor Social comí con un chico joven de Avilés, quien me ha hablado de la sala de ordenadores que hay en la Biblioteca de la Casa Municipal de la Cultura y también del Centro de Empleo Europa, un sitio donde prestan Asesoramiento Laboral, te ayudan con todo lo relacionado con el Curriculum Vitae y demás bregas de buscar trabajo. Mi prioridad es conseguir fotocopias de mi CV y volver a empezar a repartirlos. Cuanto antes consiga un trabajo, antes terminará esta historia. El contratiempo de «no haber madrugao mas», me supone tener que pensarme mejor las cosas si solamente voy a disfrutar de tres días en el Albergue. Después de comer, bajé al Centro de Día para hacer un poco la digestión y seguir hablando con el avilesino, quien mañana termina de disfrutar sus tres días al mes y me estuvo hablando de los Albergues y Centros de Día que hay en Gijón y en Oviedo.
Así que por la tarde me fui a conocer la Biblioteca de la Casa Municipal de la Cultura, y entre el esfuerzo que realicé durante la emergencia, entrar abrigado y el aire acondicionado, me ha dado un bajón de tensión que me tuve que volver a salir para que me diera el aire. Mi preocupación me está agotando y si estuviese en mi casa, me hubiera metido en la cama hasta mañana. Poniéndole ganas al asunto, me fui a conocer el Centro de Empleo Europa, donde también tienen ordenadores y una Monitora para ayudarte a hacer el CV. Ha mirado mi CV y le ha gustado el que me hicieron hace apenas un mes en la Asesoría Laboral de la UGT, donde me mandaron en el INEM cuando me fui a inscribir cuando regresé a Asturias. Hablando con la Monitora, da gusto estar con personas alegres como ella, que me sorprende que me sorprendiese, el gusto que da estar con personas alegres. Con el pendriver que me regalaron en la UGT, me hizo veinte fotocopias en un papel y con una impresión realmente magnífica. Después, la Monitora estuvo intentando enseñarme como ver ofertas laborales en Internet y es realmente difícil, que prefiero seguir mirándolas en los periódicos. Me voy contento de saber que en el Centro de Empleo podré ver también el correo electrónico y que en la Biblioteca podré jugar on-line al ajedrez y ver videoclips musicales en Youtube, lo tres únicas cosas relacionadas con la informática que se hacer con un ordenador. Después de estar un buen rato despidiéndome de la Monitora, volví a la Biblioteca a pasar el rato leyendo el periódico, esta vez entré sin la chaqueta puesta. He estado hasta que me aburrí y marché preguntándome ¿a donde iba a ir?
Estuve sentado en un parque pensándolo y mañana no voy a dormir en el Albergue, ya que lo mejor en mi caso, es entrar el domingo a disfrutar los tres días al mes. Para ello y dado que en principio solo voy a estar tres días en el Albergue, además de hoy viernes, tendré que dormir en el coche también el sábado, si no quiero perder un día de cama descansando el fin de semana. Este día que me ahorro, me hará falta el martes para terminar de dejar CV por Avilés. Si entro el domingo, podré bañarme y descansar en una cama para ir el lunes a buscar trabajo, tendría el martes para seguir buscando y me quedaría el miércoles por la mañana, por si no me «renovasen». Si no me «renovasen» no sé que voy a hacer, ni a donde iré. El Trabajador Social no me lo aseguró al 100% y lo de la Cocinera me ha dejado preocupado. Hoy, puedo aprovechar el último día laboral, el fin de semana me prepararé para dejar CV y la próxima semana estaré los tres días pidiendo trabajo por todas las empresas que me encuentre a mi paso. Con este cálculo, hoy y mañana tendré que ir al coche y el miércoles, Dios quiera que me «renueven» o que me conviertan en «seguimiento».
A las 19:00 ya era noche cerrada y al final no me atreví a pedir la manta a la Trabajadora Social, que sustituyó a su compañera de por la mañana. Mejor no pedirla aun. Esperaré para pedirla el domingo que estaré adentro y no comprometer a los Trabajadores Sociales si no tuviesen y me tuvieran que decir que «no». Prefiero elegir un momento mas apropiado para pedirla, en definitiva, joderme un par de noches. Supongo que antes que yo, muchos asturianos han pasado la noche a la intemperie y no se murieron por ello. Una única pregunta lleva rondándome todo el día por la cabeza, ¿cómo se las arreglarán los indigentes de Avilés para cenar?
Mientras estoy acostado dentro del coche, veo entrar y salir a gente de los edificios de enfrente. Los coches se paran y al rato aparece una chica arreglada que se sube y se van juntos. Desde el anonimato de estar dentro del coche, con los cristales devolviendoles el reflejo de lo que está detrás de ellos, me siento solo. Muy solo. Extremadamente solo. El veredicto está marcado en mi mente. Nada que no haya experimentado o reprochado a mi mismo, pero esta vez es distinto. Esta vez compruebo en mi piel esta verdad demoledora. Parece mentira, pero siempre puede ser peor, siempre puede ser más grande, siempre puede ser nuevo. Lo bueno es que más abajo no puedo ir, ahora solo me queda ir hacía arriba. Estoy liberado, lo que pasa es que solo llevo horas y necesito fabricar todo lo «normal» y no sé ni por donde voy a empezar.