<Domingo, 18 de abril 2010


COMO ESTA MI PATIO

Esta mañana leyendo el periódico en el Centro de Día, que mal veo desde aquí la panorámica vecinal.


La lucha contra el albergue deja de gatear//lne.es//18-4-10


La plataforma Villa de Ataulio celebrará una protesta al año de su primera demanda contra el proyecto por incumplir los derechos del menor

«El próximo viernes, un grupo de vecinos de los barrios de El Natahoyo y Moreda saldrá a la calle para mantener viva la llama de su oposición a construir el nuevo albergue de la ciudad y los centros de Proyecto Hombre y Calor y Café en el antiguo solar de Suzuki. Será justo un año después de que la plataforma Villa de Ataulio, creada para luchar contra el proyecto del Ayuntamiento, presentara su primera demanda judicial contra los responsables municipales al entender que la edificación en ese lugar de un equipamiento con estas características vulnera los derechos fundamentales de la infancia. Desde entonces, otra denuncia ante el Tribunal Superior de Justicia por motivos urbanísticos y sucesivos escritos ante el Defensor del Pueblo y la oficina de quejas ciudadanas jalonan la actividad de este grupo de residentes convencidos de que su resistencia acabará por dar resultados.

natahoyo

«Nosotros no estamos en contra del albergue porque seamos insolidarios, lo estamos porque lo quieren construir en un lugar plagado de parques, colegios, institutos y centros infantiles». Lo dice Luis Ojanguren Labrada, presidente de Villa de Ataulio. Este vecino de El Natahoyo es el gran impulsor del movimiento ciudadano que no quiere mezclar «centros escolares con lugares donde se atiende a personas con un tipo de necesidades sociales muy concretas». Él inscribió oficialmente el colectivo que preside el 23 de febrero de 2009 y, desde entonces, ha conseguido el apoyo firmado de casi tres mil gijoneses, de todos los sindicatos policiales con representación nacional, de buena parte de los hosteleros de la zona y de la Asociación de Padres y Madres del colegio Atalía.

 El primer movimiento de Villa de Ataulio se produjo antes incluso de su reconocimiento legal. En un escrito que llevaba el nombre de Ojanguren Labrada presentado el 12 de febrero de 2009, sus actuales miembros solicitaron al Ayuntamiento «la paralización inmediata del proyecto del futuro albergue». Recibieron un rotundo «no» por respuesta el 19 de marzo. En ese momento, fue cuando decidieron dar un paso al frente y optar por la vía judicial.

«Nos encontramos con que el gobierno local no estaba para nada abierto al diálogo y con que las asociaciones de vecinos de los barrios afectados hacían oídos sordos a nuestras demandas, así que nos fuimos a los tribunales», explica el presidente de la plataforma. Pusieron el caso en manos del abogado Marcelino Abraira y las primeras consecuencias llegaron ipso facto. En el mes de abril, el letrado presentó un recurso ante el juzgado número 1 de lo contencioso de Gijón en el que pide parar la construcción del albergue por ir en contra de la legislación que regula los derechos del menor. En el documento, se incluyó el estudio de un arquitecto que recoge las distancias desde el solar donde está proyectado el macrocentro social a un total de doce colegios, hogares e institutos frecuentados por niños y jóvenes. Todos a menos de 700 metros.

«Estamos convencidos de que la construcción de ese albergue vulnera claramente la Convención de Derechos del Niño de la ONU del año 1969 y la Ley Orgánica 1/96 del Principado de Asturias sobre la Protección del Menor», explica Abraira, que considera «incompatible la existencia de espacios públicos tan divergentes en un lugar tan densamente poblado». La sentencia se espera para dentro de un par de meses.

CORTE DE TRAFICO DE VECINOS PROXIMOS AL SOLAR DE SUZUKI CONTRARIOS A

El segundo paso jurídico llegó el 9 de junio de 2009 y tiene una naturaleza muy diferente. Abraira elevó en esa fecha un recurso contencioso-administrativo ante el Tribunal Superior de Justicia de Asturias contra la aprobación de la unidad de actuación 022-A, aprobada por el gobierno local en base a una modificación del Plan General de Ordenación Urbana y que posibilita la construcción del albergue. El abogado considera ilegal que se trate de aplicar esta medida después de la anulación judicial de todo el planeamiento urbanístico que ha provocado su proceso de revisión. «Si un PGO está anulado, no se pueden adaptar unidades de actuación, existe una amplia doctrina que así lo atestigua», dice. El proceso en este caso se prevé más largo.

Estas dos demandas han paralizado una posible actuación del Defensor del Pueblo, incapacitado para pronunciarse sobre un tema si existe un proceso abierto en los tribunales. Lo que no ha parado son los continuos choques protagonizados por los opositores al futuro albergue y sus defensores. «El Ayuntamiento ha llegado a enviar información falsa sobre el asunto a algunas instituciones», denuncia Ojanguren Labrada, que durante los últimos doce meses no ha parado de organizar actos reivindicativos como la colocación de pancartas en el solar afectado y el reparto de panfletos por el vecindario. En este sentido, confía en que la concentración que Villa de Ataulio ha convocado para el viernes a las 20.00 horas sirva de «toque de atención» y marque un punto de inflexión «en una lucha que sigue muy viva».»


Después, por la tarde estuve con la pandilla en el parque Juan Negrin, que entre los “comensales” de la Cocina Económica y los “internos” del Albergue Covadonga, nos hemos ido comiendo el contenido de las bolsas verde butano y las bolsas de los domingos, cada cúal cambiando y regalando el contenido que no nos gustaba. La pandilla estaba de celebración, Inma ha empezado a trabajar de camarera y los domingos será su día de descanso. El miércoles, Gines me contó que Inma había empezado a trabajar en un bar del barrio del Cerillero y cuando me lo dijo, ya me imaginé que Inma estaría eufórica. Hoy he comprobado que estaba en lo cierto, Inma ha lanzado las campanas al vuelo, pensando en cobrar el sueldo, alquilar un piso gracias a tener un contrato, salir del Albergue, conseguir sacar del Centro de Menores a sus hijos y por fin, volver a normalizar su vida y la de sus hijos. En realidad, lo que hoy he comprobado es que está demasiado eufórica. Tanto que da miedo.

Cuando llegó Inma, me ha dicho que el trabajo es en un bar de toda la vida, en un barrio obrero de toda la vida, que en la actualidad sus clientes son obreros en búsqueda de empleo o jubilados. Por lo que me dijo, han sido muy amables con ella e Inma, que particularmente no tiene lo que algunos empresarios consideran “buena imagen”, se cree ahora que es la última coca-cola del desierto. Es tal su euforia cuando habla del trato que ha recibido de los clientes de toda la vida, que no parece que haya conseguido un trabajo, sino mas bien pareciese que hubiera sido adoptada por una familia y unas amistades que si lo precisase, harían de avalistas para la firma de una Hipoteca. Su euforia cuando me mencionó los elogios que obtuvo su escote, me obligó a evitar ponerle mi cara de incredulidad, con los dos pellejos a los que llamó tetas. Hablando sobre su éxito, pasaron las horas y cuando las litronas empezaron a alterar a Conchi, quien le dio dos ostias a Emil por que no quiso ir a comprarle mas cerveza, me fui con Inma y Gines al Centro de Día y empieza a ser normal agobiarme que cada vez que entro y veo como los Trabajadores Sociales nos hacen cumplir sus Normas y en este caso, con una prohibición que no he entendido demasiado bien.

Nos sentamos en las butacas entre las columnas, enfrente de la mesa donde estaba sentado un «usuario» con un aparente retraso mental y hasta donde la Trabajadora Social Iciar, se había acercado para llamarle la atención. El «usuario» estaba sentado solo en la mesa, había sacado de la bolsa verde butano el bocadillo de chóped barato que nos tocó hoy y había empezado a comérselo. “Guarda ahora mismo el bocadillo o tendré que expulsarte”, tras explicarle escuetamente la Norma que “está prohibido comer comida del exterior dentro del local”. El Trabajador Social Xosé, ya me había comentado durante mi Bienvenida que “no se podía beber bebidas del exterior». En este caso, me explicó que la Norma es debida por si el contenido de las botellas hubiera sido sustituido por una bebida alcohólica. Puedo entenderlo, pero nunca me imaginé que se aplicase para la comida y menos para nuestras bolsas de fin de semana, consecuencia del descanso del personal.

En este Centro de Día, donde podríamos comernos las bolsas al lado de un fregadero con acceso a agua corriente, tener papel de cocina para limpiarnos o limpiar lo que ensuciásemos, tener la posibilidad de poder calentar la comida en el microondas, tirar las sobras en una papelera, paradojicamente, lo tienen Prohibido y la siguiente solución es que nos la comamos en cualquier parque de Gijón y después que los vecinos se quejen de lo sucios que somos. Mientras Inma y Gines hablaban de sus cosas, pensé sobre ello y no lo entiendo. En el Centro de Día comemos galletas e incluso algunos las usamos de cucharrilla para bebernos los cafetillos, por lo que en realidad no es por comer. Tampoco es por evitar que ocupemos una mesa durante horas, solo de ver a los españoles rancios que a todas horas juegan al tute y suelen ocupar dos mesas para este menester.

Es ahora que estoy tumbado en el coche y no se me ocurre los motivos para que hayan llegado a semejante decisión, donde los inconvenientes les pesan mas, que los beneficios de comer nuestra comida en el interior o permitiéndonos acceder al patio cerrado.


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