<Miércoles, 31 de marzo 2010




ME HAN EXPULSADO

A pesar que pienso en alguna festividad que conserve algún recuerdo especial más allá de la celebración del festivo, no soy capaz de decir ninguna, pero lo del Miércoles Santo de 2010 va a ser una excepción.

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Como todos los días, el Portero Aurelio ha subido a levantarnos, pero esta mañana venía acompañado por la Hermana Sole. Han picado a la puerta de la camareta donde dormí esta noche, que en principio debían de haber pensado que estaba vacía. El hecho de que viniese con la Hermana, me dio para suponer que el Portero Ramón informó sobre lo ocurrido ayer y de mi ultimátum, amén que desde la 2ª planta las Monjas no me hubiesen oído gritárselo.

Muy sonriente, la Hermana Sole me ha afirmado que “está prohibido cambiarse de habitación sin permiso” y le he explicado mis motivos. Evidentemente, ayer no me preocuparon las consecuencias que podría tener por cambiarme de camareta, mas allá de las circunstancias de haberme quedado en la misma. La Hermana Sole me mandó que bajase al Comedor a desayunar y allí me encontré tan pensativo como yo, a Timoteo. Si hubiese tenido que apostar, hubiese dicho que yo estaba mas tranquilo que él, que mientras me observaba como desayunaba, le sonreí varias veces. Qué equivocado estaba, cuando a media mañana, el Portero Aurelio me avisó de que “tenia que pasarme por la Oficina de Información al Transeúnte a hablar con la Trabajadora Social”. En principio, debería haber avisado también a Timoteo, pero no iba a ser así.

Llegué a la avenida de la Constitución y en la Salita de Espera había esperando un par de borrachos sentados y me quedé de pie. Cuando le tocó entrar al primer borracho en el privado, su tristeza crónica mudó hablando divertidamente con la Trabajadora Social.

Esta mañana le tocaba estar a Mónica, que desde un principio di por hecho que me iba a caer un buen rapapolvo, solo por la seriedad con la que me recibió. Me preguntó sonriendo «¿que había pasado en el Albergue?» y cuando terminé de explicarle mis motivos, me comunicó mi «expulsión» simplemente por “cambiarme de habitación sin permiso”. Estuvimos hablando sobre Timoteo durante más de media hora y del apuntalamiento de la Hermana Marcelina. Después de haberme creído la opinión de Cundi cuando me dijo que en el Albergue, «las Trabajadoras Sociales tenia mas autoridad que las Monjas», Mónica me afirmó «que la decisión era de la Hermana Angelita».

Desde el principio, nuestra conversación me frustró y Mónica no quiso entender mi prudencia con un personaje como Timoteo, incluso después de comentarle lo ocurrido con el rumano e Ibrahim. No quiso entender que no quise estar durmiendo con un drogadicto de mono en la misma camareta y dentro de una planta cerrada con llave. Debido a su amplia experiencia, mis explicaciones eran respondidas por la Trabajadora Social antes de terminar las frases y mis argumentos en contra de mi “expulsión” y de verme en la calle, finalmente fueron contestadas con: “aquí os tratamos a todos por igual”, «dormirás en la calle como los demás», o la que mas me gustó, «no te voy a dar nada», como si fuese algo suyo para poder regalarlo.

Lo mejor vino después, cuando esperaba que Mónica me diera una solución y la solución resultó ser un «Vale de Comida», que también tengo que ir a que ella me lo «renueve» todas las semanas, si quiero recibir 2 comidas al día en la Cocina Económica. El «Vale de Comida» lo hizo en el mismo talonario que el «Vale de Cama», pero tachando la casilla de “Cocina Económica”, tachando la casilla de “2 Comidas” y el «7 de abril» para volver a acudir a «renovarlo». También que “la próxima vez que tenga derecho a disfrutar de mis 7 días al mes en Gijón, iré al Albergue nocturno de la Cocina Económica porqué en el Albergue Covadonga ya no me quieren mas”. Estuvo escribiendo algo con un lapicero en mi ficha, se levantó a colocarla en el cajón “F-H”, se sentó nuevamente y muy educadamente dio por finalizada la entrevista.


Se termina mi experiencia en el Albergue de Gijón y a continuación, se incluye la contestación de la Fundación Albergue Covadonga, a mi solicitud por escrito para recibir una copia de mi “Expediente Personal”, donde figurasen las actuaciones dirigidas a mi Integración Social financiadas por Fondos Públicos. El mayor interesado en mi Integración Social soy yo y tengo derecho de acceso por la Ley de Protección de Datos. El Certificado del Albergue de Gijón es el mas completo y el mas importante para este proyecto literario, está fechado el 14/08/2014 y algunos aspectos fueron redactados a mala fé.

El primer matiz que se puede apreciar en este Certificado en comparación a los de los Albergues de Avilés y Oviedo, es que el Albergue Covadonga no solo conservan en su base de datos: mi nombre, apellidos, Dni y los periodos de acogida, sino que ademas conservan mis datos referidos al sexo, estado civil, edad, lugar de nacimiento, nacionalidad, lugar de empadronamiento, datos familiares, estudios e ingresos. Estos datos, una vez procesados por un ordenador en forma estadística, resulta ser el mayor aporte de las Entidades Sin Animo de Lucro, dentro del incuestionable criterio de las Estadísticas a la hora de influir en la confección de subvenciones públicas millonarias.

El segundo matiz, al igual que ocurre con los Albergues de Avilés y de Oviedo, en el Certificado del Albergue Covadonga no existe tampoco ninguna mención relacionada con las actuaciones dirigidas a mi Integración Social. Dentro de todo el palabrerío que han utilizado los Albergues asturianos para describir profesionalmente su labor humanitaria, resulta que no encuentran las palabras adecuadas para aportar los informes realizados en cada entrevista, dada la emergencia social de haber recurrido a un Albergue de indigentes. En 2014, la Oficina de Información al Transeúnte fue transferida y su personal subrogado al interior del Albergue Covadonga, trasladando el fichero donde estaba mi “Expediente Personal”, bastante abultado después de cuatro años. En esta Oficina nunca utilizaron el ordenador.

El tercer matiz se basa en el motivo que mencionan como la causa de mi salida en mi “primera estancia”, afirmando que fue “voluntaria” y que no se tratase de una “expulsión”, tal cual como he explicado. Después de demostrar que me trasladé de ciudad hasta en dos ocasiones, resulta dudosa tal explicación. Creo, basándome en mi “segunda acogida”, que el motivo de esta falsedad documental por parte del Albergue Covadonga, se encuentra en mi solicitud de información al Ayuntamiento de Gijón, basadas en varias quejas que les planteé sobre mis estancias en el Albergue Covadonga. Parece ser que la forma que actuó la Fundación Albergue Covadonga, se basó posiblemente en negar que me hubieran “expulsado” y así lo debieron de redactar por escrito al Ayuntamiento de Gijón para desacreditarme.

El cuarto matiz se basa en los motivos verídicos de mi salida durante mi segunda estancia y recalca aun mas la falsedad documental. En el relato del Sábado, 1 de mayo 2010, doy mi versión con la vida laboral en la mano, que con fecha 06/09/2010 había conseguido un contratado laboral trabajando a tres turnos y aunque era reticente, no me quedó mas remedio que ir a la Oficina de Información al Transeúnte. De acuerdo al Convenio firmado con el Ayuntamiento de Gijón, en la Oficina me estuvieron “renovando” hasta cobrar mi primer mes. Finalmente el 01/10/2010 soy “expulsado por robar dos mantas”, quedando desahuciado hasta el 10/10/2010, cuando pude alquilar una habitación varios días después, cuando pude encontrarla con mis propios medios. A partir de aquel día empecé yo también a repetir el mantra, de que “prefiero vivir en la calle que en el Albergue”, aunque me tomen por un loco.

Hubo una tercera estancia y “expulsión” en 2015, relatada en algedo.wordpress.com, donde doy mi versión con distinta documentación, como durante esas fechas había iniciado mis estudios en el Grado Medio de Electromecánica y como desde el Albergue Covadonga intentaron que fracasara. Es tras esta tercera “expulsión”, cuando las mentiras de este Certificado cobran importancia para demostrar el modo como la Fundación Albergue Covadonga ha estado retrasando la culminación de este proyecto literario por algún motivo.


Salí totalmente frustrado de la Oficina de Información al Transeúnte y lo peor de todo fue que todavía tenía que volver al Albergue Covadonga a recoger mis pertenencias. Era tal la frustración, que ni pensé en la situación de desamparo, ni dónde iba a dormir esta noche. Cuando llegué al Albergue, estaba Saturnino en el patio y al verme totalmente perturbado, me preguntó «¿que me había pasado?». Se lo comenté y tras un inicio de compresión por su parte, acabó reprochándome «no haber esperado a hoy para pedirles permiso y cambiarme de habitación». Me quedé flipado escuchándo cómo me culpabilizaba por no haber sido prudente, después de haberme quedado totalmente anulado por el desgaste de estar justificándome con la Trabajadora Social, en algo subrealista como que me castiguen a mi por las consecuencias de meter en una camareta, a un «interno» sufre síndrome de abstinencia esperando a entrar en un Centro de Desintoxicación. Empecé a estresarme y cuando Saturnino se dio cuenta que estaba consiguiendo el resultado contrario al que pretendía, paró en seco, justo antes de que fuera a mandarlo a la mierda. Me hizo gracia su reacción, ya que estuve a punto de finalizar nuestro buen trato, pero su inteligencia me hizo recapacitar que él tampoco tenía la culpa.

El Portero Aurelio subió conmigo para que recogiese las pocas pertenecias que tenía en la camareta y cuando bajamos, vi por el patio a Timoteo pululando con sus andares rápidos y sonrisa perenne. Parecía que estaba meditando en la paz que lo vi, rota por las palabras de Aurelio aconsejándome delante de él que «no me buscará problemas». Si a esas alturas de la mañana no le habían mandado pasar por la Oficina, ya no lo iban a llamar.

Desde el momento que di por cierta mi «expulsión», me puse a calcular las consecuencias que consecuencias pueda acarrearme una «expulsión» del Albergue Covadonga en los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Gijón. En el principio de mi nueva vida, es mejor que me quite de la cabeza que vaya a ser «seguimiento» en ningún Albergue asturiano. Pensando que todavía me quedan 17 meses, para llevar los 24 meses que necesitó para poder solicitar el Salario Social, mas los 14, 16 o 18 meses que tiene de demora para verlo ingresado en mi cuenta corriente, las matemáticas son demoledoras.

Por pura vergüenza no fui a comer al mediodía a la Cocina Económica, me pasé toda la tarde comiendo galletas maría y bajándolas con las bebidas calientes de la máquina dispensadora del Centro de Día. Mi desayuno para mañana y los días venideros, hasta que sepa que voy a hacer conmigo mismo. Esta tarde en Café y Calor, mas de lo mismo con la capacidad máxima y el criterio del Vigilante de Seguridad. A las 19:15, los Trabajadores Sociales empezaron a recoger para cerrar el Centro de Día, salí y me quedé «en la calle», en una calle sucia y oscura.


  • 31-03-10 Permanece el Centro cerrado al público, desde las 16:15 hasta las 19:10, debido a la gran cantidad de usuarios que acudieron al Centro y llenarse el cupo. Al estar constantemente saliendo y entrando los usuarios, no pudo llegar hasta última hora sin que la gente se aglomerarse en la puerta. Fdo Luis

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Hasta la hora de cenar en la Cocina Económica y buscando una solución para mi nueva situación, estuve sentado con Saturnino y Aquilino en el parque de Teodoro Cuesta. Según Aquilino, que se las sabe todas, nada se puede hacer cuando te «expulsan» de un Albergue y para que no fuera solo, se ofreció a acompañarme a la Cocina Económica. Pero primero me explicó como iba a ir la cosa. En la puerta de entrada al edificio, hay un Control de Acceso al Comedor Social que lo lleva Pepón, el Portero de quien Aquilino ya me había hablado. «Muy buena persona». Como soy nuevo y voy con el «Vale de Comida», me asignará un número que debo memorizar y decírselo siempre que vaya. Cuando vaya, le diré ese número y me apuntará en una lista. Me entregará un papelito, que no es mas que uno de los papelitos del turno en las carnicerías. Esperaremos en la cola y así hasta subir las escaleras al primer piso, donde se encuentra el Comedor Social. En la entrada del Comedor, después de posar el papelito en una cestita, cogeremos una bandeja y una Voluntaria me colocará encima; los cubiertos, una servilleta y una rodaja de pan. Siguiendo la cola, otra Voluntaria me ofrecerá refresco, pero si cojo el refresco no podré tomar café. Al lado de ella, otra Voluntaria me dará el postre. Siguiendo para adelante, una Monjita me servirá el segundo plato y después otra Monjita me servirá el primer plato. Después está la Voluntaria de la cafetera, que si he cogido el refresco, tendría que pagarle 20 céntimos por el café, ya que solo puedes escoger una de las dos bebidas.

Cuando acabamos de cenar, Aquilino se acercó hasta la Monjita del primer plato y estuvo hablando con ella. Salimos del Comedor y en el callejón que atraviesa el edifico de la Cocina Económica, Aquilino me dijo que debíamos esperar y me invitó a un cigarrillo. Este callejón tiene una placa que pone Travesía de Santa Luisa y tiene dos entradas, una por la calle Mieres y otra por la calle Decano Prendes Pando. La travesía de Santa Luisa rodea por detrás todo el edificio de la Cocina Económica y es compartida con dos portales privados de viviendas de particulares. Mientras Aquilino estaba haciendo el zangano con sus viejos conocidos, bajo la Monjita del primer plato. Aquilino me pidió que me acercara y le comentó a la Monjita que «necesitaba una manta». Con todo lo que me ha pasado hoy, se me había olvidado pensar en la manta. Darme cuenta de mi despiste, sirvió para sentirme mas agobiado e instintivamente responsabilizar de mi situación a Aquilino, que el pobre solo me estaba ayudando y sino llega a ser por él, menuda noche me hubiera esperado.

La Monjita nos pidió que la acompañásemos al garaje y allí entramos en una habitación con estanterías ordenadas con edredones, mantas, toallas y demás. Me preguntó «¿donde dormía?», le contesté que «en mi coche» y del montón de mantas que tenía encima de la mesa, me buscó la mejor. Le pregunté su nombre, y me contestó “Carmen”, Aquilino mencionó la dignidad “sor” y terminó siendo sor Carmen.

Después de cenar, me despedí de Aquilino agradeciéndole todo lo que hizo por mi y me fui a dar un paseo hasta la otra punta de la ciudad. La impresión que me dejó conocer la Cocina Económica, hasta cierto punto fue buena. La gente que acude es la misma que me imaginé y solo me sorprendió ver a algunos conversando felices en la cola, que contrasta con las caras largas que tienen en el Centro de Día. También me imaginé que la cena no iba a ser ninguna maravilla, después de haber catado la comida de los 3 Albergues. Tristemente para mi, debo de decir que donde mejor dan de comer es en el Albergue Covadonga.

Ahora por la noche, acostado mirando al techo del coche, apesadumbrado de afrontar la nueva realidad que ha llegado para quedarse, he pensando en como era mi vida antes de ayer y no he sido capaz de llorar, solo de pensar en que va a ser de mi el día de mañana.


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