<Jueves, 25 de febrero 2010


DIA 0

Eran las 10:30, cuando una ráfaga de viento gélido de invierno cerró definitivamente la puerta de mi casa. El miedo a verme literalmente en la calle se cumplía y solo me queda la curiosidad por saber que va a ocurrir conmigo ahora y como me las voy a apañar hasta conseguir un trabajo. No tengo ahorros, ni tengo derecho al paro. No tengo a nadie a quien recurrir, ni a ningún sitio a donde ir. Afortunadamente tampoco tengo pertenecías con las que ahora tener que cargar. Hace unos meses que regresé de Canarias por las consecuencias de la crisis, pero estoy avergonzado de verme en estas circunstancias en mi ciudad natal. Me arrepiento de haber vuelto para verme así.

Me fui a buscar mi coche en el aparcamiento donde lo aparqué hace unas semanas. Como tengo la batería estropeada, necesité llamar a la grúa para poder arrancarlo. Al rato llegó una grúa que ya me había asistió durante las nevadas del mes pasado y me alegré de ver a alguien conocido en semejante trance de querer huir y no poder marchar. Cuando el coche arrancó, puse rumbo a Avilés sin mirar atrás. Supuse que aquí habría un Albergue para indigentes o algo así.

A mitad de camino arranqué a llorar y tuve que detener el coche en la cuneta. Nunca había llorado tan compungidamente, ni cuando murió papá. Supongo que es normal viendo el cambio que ha sufrido mi vida desde ayer, en comparación con la que tenía antesdeayer. Llorar es bueno y después de llorar e intentar seguir llorando, reinicié la marcha. Llegué a Avilés y el coche lo aparqué a las afueras, ya que es una Villa pequeña y todas las calles están cerca del centro de la ciudad. A la primera, encontré una zona gratis en oblicuo donde me resultará fácil sacar el coche y una vez fuera, tengo toda la cuesta de la calle Fuero de Avilés para dejarlo caer y arrancarlo sin necesidad de batería.

Una vez adecenté el interior del coche, me puse a caminar preguntado sin tapujos, «¿sabe donde está el Albergue de indigentes?». Acabé en el Albergue Pedro Solís, un edificio histórico regentado por un magnífico Voluntario. Tras preguntarme y contarle lo que me ha sucedido en los últimos meses, finalmente acabó informándome que «aquello solo era un Albergue de peregrinos». Después de haber estado contándole mi vida durante casi una hora, oírle decir que me había equivocado de sitio, solo consiguió frustrarme. Al Voluntario le debí caer bien y para ayudarme, me propuso «extraordinariamente, dejarme dormir una noche allí». Su solución me abrumó, pero solamente retrasaba mi toma de contacto con los Servicios Sociales y que sean ellos quienes me ayuden. Mi cara se lo expresaría todo y al final se informó telefónicamente de donde tenía que ir. «El Albergue Municipal se encuentra en la calle de la Estación». Cuando nos despedíamos, me quiso dar 5€ que no le acepté.

Bajando por la calle de la Ferrería me encontré una Iglesia románica y a un joven con el sayo de los Franciscanos barriendo su puerta. Por su saber llevar el hábito, me ha recordado a Carmelo Gómez en la película «Oviedo Express» (2.007). Me acerqué a preguntarle por el Albergue Municipal y evitar volver a equivocarme. El Monje no lo sabía y debo de decir que me quedé sorprendido que un Religioso no lo supiese. Creo que por habérselo preguntado con tanta naturalidad, el Monje me quiso dar 2€ que consiguió avergonzarme. En menos de 15 minutos pude haber conseguido 7€. Esto solo puede pasar en Asturias, aunque el Voluntario y el Monje fuesen gallegos.

Una vez encontré la Calle de la Estación, fue relativamente fácil encontrar el Albergue Municipal, habiendo tres indigentes bebiendo unas litronas de cerveza al lado de un portal que tenía una placa donde especificaba su labor social. Les pregunté y uno de ellos quiso acompañarme hasta el 2º piso en el ascensor, donde atravesando una puerta contraincendios, entramos en un hall en pleno bullicio. Algunas personas estaban jugando al pinpon, un par de mujeres estaban charlando asomadas por la ventana y el resto estaban entretenidos haciendo otras cosas. El indigente me pidió que le esperase un momento en una antesala, entró en un despacho con la puerta abierta y se puso a hablar con un chico joven que estaba dentro. El chico se quedó mirándome y me indicó con la mano que me acercase y resultó ser el Trabajador Social. El primer Trabajador Social que conozco en mi vida.

Cuando nos presentamos, me llamó mucho la atención que fuese un gay con pluma. A mi no me supone ningún problema, pero me imagino la homofobia del colectivo al que pretende ayudar. Al principio parecía un poco sorprendido, como si me conociese y esto consiguió avergonzarme aun mas. En todo momento, el Trabajador Social intentó hacerme sentir cómodo y aunque no sabía por donde le debía empezar a hablar, poco a poco, le fui explicando en la situación en la que me encuentro. Lo primero que hizo el Trabajador Social fue tranquilizarme, «no iba a tener problemas para acceder al Comedor Social» y con ello «tener garantizado poder desayunar, comer y cenar». A continuación, me dijo que «el Albergue estaba lleno» y aquí el sorprendido fui yo. No había lugar a dudas y a pesar de que se lo volví a preguntar, me tuve que conformar con sus explicaciones y su empatía resignándose “a la cruel realidad”.

Lo mas gracioso vino después, cuando me dijo que; «la estancia normal en el Albergue de Avilés es de 3 días al mes». Tú entras el día 1 y el día 4 te quedas otra vez en la calle y después, hasta el día 4 del próximo mes no tienes derecho a volver al Albergue. Jamás me habría imaginado que los indigentes durmiesen en la calle por falta de camas. Creo que con todo el dinero que se gastan anualmente los Ayuntamientos, no creo que hubiese costado tanto a los Alcaldes que haya habido en Avilés, haber hecho un edificio lo suficientemente grande como para que nadie duerma a la intemperie.

El Trabajador Social en algo me quiso consolar, cuando me aseguró que «no creía que yo fuese a tener problemas para prolongar mi estancia durante mas tiempo». La estancia es de 3 días, pero, «los Trabajadores Sociales se reúnen semanalmente y allí comentan los distintos casos de los usuarios y amplían las estancia a determinados internos», por lo cual se convierten en «seguimientos». Aunque no me enteré demasiado bien, el sistema de un Albergue no parece complicado. Las camas se reparten entre los primeros que estén esperando en el portal, teniendo en cuenta cuantos salen de disfrutar sus 3 días. Después me preguntó «¿la localidad donde estoy empadronado?» y me avergonzó tener que decir que “soy de Oviedo». Lo que me recalcó fue que «pidiese cita cuanto antes con la Trabajadora Social del barrio que me corresponda por mi Empadronamiento» y buscándolo en el ordenador, me dijo que «a mi me pertenece la Unidad de Trabajo Social del Cristo-Buenavista». Por último, me explicó algo sobre los empadronados en otras Comunidades Autonómicas, pero como no es mi caso, le pedí que parase, bastante tenía con asimilar lo mio. Mientras hablábamos, el Trabajador Social me sacó a ver las instalaciones sin haber respondido a todas mis dudas, «para eso ya tendré tiempo para preguntárselo a la Directora”. “Ella es quien manda aquí y quien aprueba las renovaciones…».

El Albergue Municipal se encuentra en un edifico de principios del siglo XX que solamente conserva su fachada. Según me ha explicado el Trabajador Social, «fue una donación realizada por los herederos de la propietaria». En la planta baja, al lado del ascensor, hicieron un ropero «para vestir a aquellas personas que no tengan ropa». En el primer piso está la sala de la televisión, los baños de los “externos”, unos despachos y algunas de las habitaciones de los “internos”. En el segundo piso está el hall, una cocina industrial, el Comedor Social, los baños con duchas de los «internos» y «externos», la sala de estar de los “seguimientos”, la sala de espera de los aspirantes a “internos” y el despacho donde nos atienden a todos. En el tercer piso están el resto de habitaciones para los “internos” y el cuarto piso son las habitaciones de los “seguimientos”.

Volvimos al hall y me preguntó «¿si quería darme una ducha?», y al asentirle, me llevó a un cuarto donde me dio todo lo necesario para ello. El champú y el gel en envases monodosis, una esponja espumosa de un solo uso, una maquinilla de afeitar desechable y una toalla, la cual cuando terminé de ducharme, se la dejé en un cubo lleno de toallas usadas.

Sobre las 20:00, salí como nuevo del baño, justo cuando todos entraban en el Comedor Social para cenar y me di cuenta que hoy no había comido nada. Para cenar nos pusieron; pure de verdura, pescado con lechuga y fruta de postre. Quise repetir del 2º plato, pero solo se puede repetir del 1º plato. Cuando terminamos de cenar, pregunté a uno de los chicos que habían estado sirviéndonos «¿si tenía que limpiar algo?» y me contestó orgulloso que «eso era tarea suya». Había pensado que eran los Voluntarios que se ven por la tele sirviendo en los Comedor Sociales, pero no eran Voluntarios, sino los «seguimientos» que me comentó el Trabajador Social. Personas que están ingresados para desintoxicarse de sus adicciones a las drogas y tienen cómo responsabilidad hacer las tareas domesticas, aunque no todos tienen adicciones.

Pues tengo claro que ahora yo también quiero ser «seguimiento», mejor que ser un «externo» para el que no hay cama, o ser un «interno» al cuál tienen que estar «renovando» cada semana en su reunión. Mis dudas aumentaron hablando con el «seguimiento», pero como no me pareció ser la persona mas adecuada para resolvérmelas, ni el momento, ni el lugar, dejé estas preguntas y otras para mas adelante, ya que no tengo pensado irme a ninguna sitio hasta hablar con la Directora.

Después de cenar, me fui a despedir hasta mañana del Trabajador Social. En su despacho, me ha informado que «mañana saldrán tres usuarios» y me ha insistido en que «madrugase para no quedarme sin cama». Me ha preguntado «¿donde iba a dormir?» y le he contestado que “en mi coche”. Me parece increíble que tenga que dormir en la calle, mientras él se conformó con que tengo coche. ¿Y si no lo tuviese? Se ha aliviado que tuviera coche y me ha pronosticado que va a hacer mal tiempo. Me cayó bien el guaje. Además, a saber a lo que llamará “mal tiempo”. Cuando me lo dijo estuve tentado a pedirle una manta y al final me fui sin atreverme a pedírsela. La tarde estuvo agradable, soleada.

Sobre las 22:00 llegué al coche y ahora me arrepiento de no habérsela pedido. Cuando el Trabajador Social me preguntó «¿si el coche tenía Seguro?», me sorprendió su duda y me dejó preocupado el pensamiento de, ¿hasta cuando? Ahora compruebo que mi seguro tiene validez hasta el 15 de junio, tiempo para encontrar un trabajo porque si no voy a tener que venderlo y no me van a dar nada por él. Mi coche es un seat córdoba 1600cc-75cv color turquesa, cinco puertas y matricula TF-6500-BU. Este coche consume mucha gasolina y sin dinero no puedo tenerlo arrancado para tener encendida la estufa, sobretodo, por qué la aguja del depósito marca que está mediado. Necesito algo de dinero.

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