<Lunes, 29 de marzo 2.010



DIA 33

El demonio me acaba de mirar a los ojos y me ha sonreído. Después de cenar, Timoteo estuvo sentado conmigo en la Sala de la televisión hasta que nos fuimos a dormir. Sus conversaciones, pero sobretodo sus silencios justo cuando le iba a pedir que se callase, me dejaron agotado y no tardé mucho en quedarme dormido.

A mitad de la noche acabo de despertar repentina e inesperadamente. Lo que mas me sorprendió fue que mi corazón se encontraba totalmente acelerado. Intentando comprender que me estaba pasado, me giré y me encontré con la cara sonriente de Timoteo al lado de mi cama mirándome. Me quedé mirándole, esperando que me diera una explicación para que estuviera levantado y tan cerca de mi. Sus ojos eran completamente negros, un negro oscuro brillante que con solo mirarme había conseguido despertarme con el corazón alterado. Sin comprender lo que estaba pasando, se ha quedado mirando para mi, manteniéndome la mirada y me ha sonreido en silencio. Empecé a incorporarme lentamente, mientras las manos de Timoteo parecían dispuestas a inmovilizarme si hiciese algún movimiento brusco. Una vez incorporado, esperaba que Timoteo me diera esa explicación, pero se ha dado la vuelta sin hacer ningún ruido y se ha acostado en su cama. He estado a punto de pedirle que se levantase y me diera una explicación, pero Timoteo se ha acostado metiéndose debajo de las mantas. He estado tentado de levantarme y exigírsela, pero me he percatado de que no me va a poder contestar sin que antes despertemos a Ibrahim y al rumano, quienes duermen ajenos a lo que acababa de pasar. Empecé a enfadarme porque me hubiera interrumpido el sueño, pero me he tranquilizado pensando en el pobre chico del Albergue de Oviedo y sin olvidar a Joe.

Una situación ridícula durmiendo en la misma camareta con un drogadicto que es capaz de saltar de una terraza a otra de un 5º piso o de insultar a la cara a un rumano que es un armario empotrado. Me he vuelto a recostar en la cama con la certeza de que nunca conseguiré olvidar los ojos de este yonky con mono.

Cuando está mañana oí por el pasillo al Portero Aurelio dando sus «Buenos días», me levanté de la cama para pedirle una explicación a Timoteo. Pero Timoteo no estaba. Pensé que estaría en el baño y le esperé mientras hacía la cama, pero no fue por la camareta. Fui a lavarme la cara, pero no estaba en los baños. Bajé esperando verlo en el patio, pero en el patio no estaba y cuando nos abrieron el Comedor entré preguntándome donde estaría Timoteo. Cuando terminé de desayunar, le pregunté al Portero Aurelio, mas por curiosidad que porque me importase saber donde estaría Timoteo. Me quedé extrañado cuando Aurelio me dijo que «le había dejado salir antes de las 8:00 porque le había dicho que tenía permiso de la Trabajadora Social Mónica». Su tono de desconfianza sonaba autoritario, mas aun cuando se quejo de que «mi compañero había dejado su cama sin hacer», tan autoritaria que no aceptó mi justificación de que «Timoteo había estirado las mantas».

Los día van pasando y para rematarme, Aurelio me advirtió que “hoy tenía que pasarme por la Oficina”. Mi indignación le divirtió dentro de ser la “cruel realidad”. Algo que no se me ha olvidado pero que estos días he querido olvidar. Algo que me hizo olvidar los ojos negros de Timoteo.Estuve esperando a que abrieran Café y Calor, cogí los periódicos para comprobar que no hay ninguna oferta de trabajo. La Crisis ya se nota en Asturias, cuando fue evidente en Canarias en 2.008. Zapatero sigue mintiendo pretendiendo mantener el consumo y Rajoy dice la verdad aunque no va a solucionarlo.

Esta mañana tenía que volver a la Oficina de Información al Transeúnte a «renovar» el «Vale de cama» y todo esto me puso aun mas nervioso. Me encentraba tan nervioso que me resultaba curioso sentirme tan nervioso, con una sensación que nunca he tenido. Una sensación de desahucio permanente y continua. Esta mañana salí del Albergue al Centro de Día, pensando en mi como un «transeúnte», pero también en los Trabajadores Sociales, en los Servicios Sociales, en la Sociedad de Oportunidades, en el Estado de Bienestar y no entendí por que estaba tan nervioso de tener que volver a «renovar» el «Vale de la cama» del Albergue Covadonga en la Oficina de Información al Transeúnte del Ayuntamiento de Gijón.

Fui tranquilo a la Oficina y en la Salita de Espera de 4 metros de largo, por 1´5 metros de ancho, había cinco personas esperando. Pregunté por el ultimo y resultaba que era uno que estaba esperando en la calle y se hacía el loco. Estuve esperando media hora y tuve la oportunidad de conocer a la Trabajadora Social Laura. Me dio el «Vale de cama» sin mucha explicación y me quedé con ganas de hablar mi caso, que se está cronificando día a día. En este mes esperaba que los Trabajadores Sociales hubiesen solucionado mi problema con el Empadronamiento, con el Salario Social, con un trabajo, y ahora es en este orden de prioridad. Hoy Laura tenía mucho trabajo y no quise molestarla.

Al entrar en el Albergue le he entregado el “Vale de cama” a Aurerio. El resto del día me lo he pasado en Café y Calor con la pandilla, jugando al tute y contándoles lo que me pasaba. Oyendo mis valoraciones a mi situación, que es parecida a la de ellos, todos aceptaron mi “cruel realidad” con tanta paz, que nunca los había visto tan meditativos.


Tengo 33 años y viviendo mi día 33, doy paso a la Mala Rodríguez con su 33 para que me ayude a explicar mis actuales sentimientos.


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