<Sábado, 20 de marzo 2010



DÍA 24

Las consecuencias de ser un parado de larga duración, resumido basicamente en no disponer de dinero y tener mucho tiempo para poder pensar en ello, que estar en un Albergue me está resultando relativamente desestresante. No tener un trabajo causa no poder tener vida social, no poder mantener la que se tenia o que no te apetezca salir de casa, que estar aquí y ahora, me está resultando sumamente positivo. En estos días que llevo “en la calle”, he querido adaptarme a los Albergues y a sus «internos», a los Centros de Día y a sus «usuarios» y empezar a olvidar mi pasado. Es tal la novedad que me supone todo, que no puedo negar que estoy encantado de no pensar en llegar a fin de mes. Mi actual rutina de estar a “pensión completa” en el Albergue y utilizar como “complejo de ocio” el Centro de Día, hace que dentro de la generalidad de personas que hay, tan diversas y de edades tan dispares, me relacione más con unos que con otros, dependiendo si estoy en el Albergue o en el Centro Día.

Mis nuevos amigos son Saturnino en el Albergue e Inma, Conchi, Arcadio, Emil y Cundi en Café y Calor. Ellos son con quienes prefiero relacionarme en «estas casas» y no tener que compartir la habición con completos desconocidos, como el chico de Oviedo.

En el Albergue suelo estar con Saturnino, un asturiano de 63 años que vive desde hace 35 años en Toledo, donde están su ex-mujer y sus tres hijas. Es su primera vez en un Albergue, donde solamente lleva un mes y esto significa que en la Oficina de Información al Transeúnte ya le han «renovado» tres veces el «Vale de cama». Saturnino «trabajaba de contable en una empresa de la construcción y ganó mucho dinero”. Esto permitió a su ex-mujer “llevar un tren de vida muy alto durante su matrimonio, ahora se lo está gastando en abogados para divorciarse de él y lo ha puesto literalmente de patitas en la calle”. Con esta explicación para “¿cómo acabaste en el Albergue?”, contada entre risas, Saturnino cumple una de las mayores virtudes que considero que se puede tener en la vida, sobrellevarla con sentido del humor.

Hace poco a Saturnino le han reconocido una pequeña minusvalía, gracias a la cual puede optar a varias plazas reservadas para Personas con Discapacidad en la Diputación de Toledo, pero el tema del Empadronamiento le está suponiendo un inconveniente. El inconveniente viene dado si intentase arreglar su situación administrativa en Asturias, causánsole perder en Castilla-La Mancha el único trabajo que se ve capacitado para desempeñar. Resulta paradójico tener 63 años, necesitar 2 años de antigüedad en el empadronamiento en Asturias y que la edad de la Jubilación sea a los 65 años. Por otro lado tiene suerte, ya que puede solicitar las ayudas para Mayores de 45, cómo «la RAI». Por lo que me ha estado contando, la mayor diferencia entre la RAI y el Salario Social, es que la RAI no es competencia de las Comunidades Autónomas, sino del Ministerio de Trabajo y por tanto puedes solicitarla en todo el territorio nacional, indiferentemente de donde estés empadronado.

Saturnino es un Señor, es una persona educada, tiene cultura, me gusta su conversación y sabe hablar de todo un poco. Saturnino sobrelleva mejor que yo todo lo relacionado con los Servicios Sociales y los dos llevamos igual de mal el no tener nada para fumar. Al igual que yo, ve denigrante ponerse a mendigar en la calle y menos para comprar tabaco. Con él, es con el primero que he hablado abiertamente de coger colillas y me ha dado algún consejo al respecto. Más de una vez hemos salido a dar un paseo, con la única intención de encontrar algo que fumar. A ninguno de los dos nos gusta ir molestando a los fumadores por la calle para pedirles un cigarrillo. Con todo lo que caminamos hasta encontrar tres colillas, estamos pasando mucho tiempo juntos y tenemos una visión parecida de nuestra situación y quienes nos rodean.

Por otro lado, en el Centro de Día suelo estar con la pandilla que suelen estar sentados en la mesa de la esquina de la pseudococina: Inma, Conchi, Ginés, Emil y Cundi. Solemos estar por la mañana y por la tarde, sentados hablando nuestras cosas o también jugando al parchís o a las cartas, mientras tomamos cafés de la maquina dispensadora gratuita. Somos un grupo de personas bien distintas entre nosotros, a la vez que bastante bien avenidos. 

Inma nació en Sevilla en 1.970 y con 20 años se fue a trabajar de camarera a Menorca, donde se casó, tuvo dos hijos y unos años mas tarde se separó de su marido, quien nunca le ha pasado una Pensión por sus hijos. Después se vino a Gijón, donde las cosas le fueron bien hasta que la empresa en la que trabajaba quebró sin pagarle y empezó a encadenar contratos temporales. No es difícil de imaginar que esta situación la fue ahogando, simplemente viendo como me afecto a mi la inestabilidad laboral siendo soltero, que en ambos casos se nos debería de llamar con naturalidad “familias monoparentales”. Su situación económica se fue deteriorando, hasta que finalmente acabo obligada a recurrir a una Trabajadora Social, de la cuál afirma que no recibió un buen trato. Como su necesidad era mayúscula y después de agotar todas las posibilidades, se fue indignada a quejarse a la Concejala de Bienestar Social de Gijón, irrumpiendo en su Despacho para exigir una solución a sus problemas, los cuales afectaban a sus hijos. Inma me ha confesado que este hecho le supuso entrar en la “lista negra de los Servicios Sociales”, por ello, sin ninguna clase de ayuda, acabó perdiendo su vivienda y el Principado le ha suspendido la custodia de sus hijos, quienes ahora se encuentran internados en un Centro de Menores. Tal cómo me lo ha contado, no le puedo reprochar su manera de actuar, ya que si yo me viera ante una situación tan desesperada, hubiera actuado del mismo modo. Ella lleva seis meses «renovando» su «Vale de cama» en el Albergue, mientras está buscando un trabajo de camarera con el que poder alquilar una casa y sacar a sus hijos del Centro. Hablando de trabajo, da la casualidad que ella también trabajó de camarera en el pub´s Anticuario. No pude evitar contarle lo que me pasó la semana pasada con Servando y no ha dejado de hacerle gracia la anécdota.

Conchi es gijonesa, tiene 31 años y es una revolucionaria en un sentido apolítico y liberal de la palabra. Pese a lo joven que es, ya tiene cuatro hijos y no descarta tener otro con Emil, su actual pareja y quien comulga con todas y cada una de sus burradas, que no son pocas y las tiene de todos los tamaños. Ellos viven en un edificio abandonado con otros indigentes y van por el Centro de Día a bañarse y lavar su ropa. Pocas personas he conocido tan brutas como ella. Conchi ha trabajado siempre en sidrerías, de ahí la espontaneidad que se gasta, agravada por su vicio a la cocaína que hace que haga todo lo que se le pase por la cabeza en ese momento, sin que después le quede ningún remordimiento. Con esta personalidad, no puedo evitar alegrarme de estar de su lado, aunque estar de su lado me acojone, donde su limite está en el cielo.

Arcadio nació en Ponferrada, tiene 35 años y «es un drogadicto de la vieja escuela que nació 20 años tarde, aunque por el bagaje que lleva se ha conseguido poner al día». Su sentido del humor y la forma con la que me cuenta estas cosas me maravillan y me lo paso muy bien con él. Tiene un sentido del humor claro, inteligente, sencillo, cínico, atrevido y muy respetuoso, salvo cuando se trata de determinados asuntos. Aparte de fumar heroína y beber cervezas, entre risas, encuentra paradójico que “los Psiquiatras le suministren Metadona», un medicamento para reducir el síndrome de abstinencia y que también le receten «sus pastillas de colores”. Ahora, estando en esta pandilla que ninguno nos drogamos, está intentando no drogarse, ni beber tanto. Con Arcadio, aparte de la edad, compartimos el mismo amor por su tierra y desde que me lo comentó ayer, haber hecho el Servicio Militar en el mismo Cuartel de Ceuta.

Emil es un rumano gitano de 29 años, habla bien español y tiene parte de su familia en Asturias. Emil me ha contado que “si está en la calle, es porque está enamorado de Conchi” y “que los dos podrían vivir en la casa de su hermano”, pero curiosamente a Vane «no le gusta la familia de su pareja porqué son gitanos rumanos”. Para ello, Emil y unos paisanos suyos abrieron el edificio abandonado y entraron todos a vivir allí. Emil es machista, un chulo, ademas de celoso y posesivo, pero no por ello deja de perdonarle a Conchi todas las infidelidades que ha tenido desde que están juntos, que todos los días, Conchi le confiesa entre reproches inaguantables. No puedo negar que admiro la paciencia que me está demostrando en situaciones que a mi me desbordarían. Él es así, jovial, romántico, desprendido, desinteresado y en definitiva, muy majo. Emil es el primer rumano gitano que tengo la oportunidad de conocer.

Cundi es asturiano, tiene 50 años, se gana la vida «mangando» en la calle y es un indigente “profesional”, sin adicciones, ni vicios, salvo los inconfesables. Cundi lleva más de la mitad de su vida en «este mundo» y se lo conoce al dedillo. De mano lleva tres meses «renovando» el «Vale de cama» en el Albergue, con la escusa “de estar a la espera de ser operado por unos granos en el estomago”. La explicación que me ha dado para que le «renueven» por una patología que no necesita posoperatorio, es debida “a que conoce a la Trabajadora Social Mónica desde hace muchos años”. Cundi perfectamente podría ser uno de los indigentes que salen por la televisión siendo atendidos por Voluntarios. Aunque él me lo niega, creo que le gusta Inma, sobretodo por su forma de negármelo y justificarse por ser tan generoso con ella.

Con la fauna que hay suelta por aquí, creo que tengo mucha suerte pudiendo relecionarme con ellos y no con otros. En los Albergues y Centros de Día, a la mas mínima te ves envuelto en broncas por tonterías, teniendo en cuenta el respecto en las formas que exigen los que han estado presos, los drogadictos respetando estas formas, los chulos tanteando a los demás, los borrachos en medio de los piques aceptando sus limitaciones de movilidad, los rumanos con su cuento de que no hablan español, los moros observando las pertenencias de los demás, los locos con ganas de poder dirigirse a alguien y ponerlos a prueba, que estando con mis nuevos amigos me encuentro tranquilo y me evito que los demás se me suban a la chepa a comerme la oreja.


Siempre me mostré escéptico con la versión de Inma sobre el internamiento de sus hijos, sin que mediaran adicciones, ni Violencia de Género, ni Malos Tratos en el ámbito domestico y unicamente por no tener un trabajo mileurista. El cálculo ecónomico de la institucionalización de esta familia, dos de ellos a Centros de Menores y una al Albergue Covadonga, es inhumano y contraproducente en comparación con el coste de reflotar una unidad familiar de tres personas.

Dentro de la documentación que se aporta a este proyecto literario, se incluye una entrevista con el Fiscal Decano Delegado de Menores de Asturias. En ella, habla con severidad en términos politicamente correctos en 2010, pero que en el presente se consideran insensibles y obseletos. Aquí se incluye una pregunta que le formularon, donde confirma la versión de Inma, previsiblemente en un padre que también tuviera malos informes de su Trabajadora Social.


«Los centros de menores que hay en Asturias no tienen manera de controlar a los internos»//lne.es//27-12-2009


  • Un asturiano pierde la tutela de sus tres hijas por no poder compatibilizar su cuidado con el trabajo. ¿Un caso frecuente?

  • -Hay varios así. La ley permite que ante una situación de necesidad el padre pueda delegar la guardia de sus hijos en una institución. Él mantiene la patria potestad. Otra cosa es cuando se declara una situación de desamparo, lo que lleva consigo la suspensión de la patria potestad. No se han incrementado esos procedimientos, pero lo que ha aumentado son los recursos contra esas resoluciones, probablemente por la reforma legal: antes los padres podían recurrir en cualquier momento, ahora la ley de Enjuiciamiento Civil establece unos plazos.


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