<Jueves, 15 de abril 2.010


EL ROPERO DE LA COCINA

Cada vez que a alguien le sacó el tema sobre “la poca ropa que tengo”, todos me dicen lo mismo y nadie comprende que no tenga ropa. Sigo sin tener ropa y si lamentable es mi situación, más lamentable es oír las opiniones de otros «transeúntes» de “haber tirado ropa nueva”. Con ello, no me puedo creer haber estado metido durante un mes en tres Albergues distintos y no haber conseguido algo más de ropa, sin olvidar la mala suerte que tuve con los horarios de los Roperos de Cáritas de Avilés y de Oviedo. Cuando llegué a Avilés, pensé que no me atrevería a pedir ropa, que me daría vergüenza, pero simplemente no había y me fui sin nada. En Oviedo me atreví y conseguí una muda, no sin antes pasar ciertos apuros para escogerla y en el Albergue Covadonga no encontré nada para combinar.

Esta semana decidí que conseguiría más ropa en el Ropero de la Cocina Económica y hubiera sido mejor no haberla necesitado o haberlo dejado para otro día. El Ropero se encuentra en la planta baja de la Cocina Económica y se entra por la Travesía de Santa Luisa que atraviesa y rodea el edifico. Su horario son los martes y los jueves de 16:00 a 17:30 y hoy fui.

Llegué a las 15:30 para ser de los primeros, pero ya habían 20 personas esperando en el callejón. Tuve la mala suerte que cuando pregunté “¿quien era el último?”, resultó serlo Teodorico, quien se sintió molesto por tener que contestarme. Me calentó, pero lo olvidé al comprobar que el ambiente ya estaba bastante tenso por dos amigos de Don Julio, no tan fotogénicos como él, que discutían acaloradamente con el Rabba, el punky que siempre me reta para jugar al ajedrez en el Centro de Día. Como no se sabe a quien me encontraré el día de mañana en el parque del Humedal y como las amenazas aumentaban, opté por olvidarme de la provocación de Teodorico y mantenerme en un segundo plano.

Llegó Saturnino acompañado de Aquilino, quien me explicó como funcionaba el Ropero antes de entrar. Lo primero que hizo fue invitarme a que me cortase el pelo, ya que en el mismo horario del Ropero, hay un servicio de Peluquería solamente para cinco personas. Después de criticar mi greñas, me explicó que a las 16:00 saldría una monjita, mandando pasar a las cuatro personas que llegaron primeros y numeraría a las cinco personas que podrían cortarse el pelo, mandando entrar al primero a lavarse el pelo obligatoriamente por una cuestion de higiene del peluquero. Según fueran saliendo los cuatro primeros que entraron, la monjita saldría para que entrasen otras cuatro personas y asi hasta que me llegara mi turno. Una vez en el mostrador del Ropero, las tres Voluntarias me darían una muda completa, o lo que necesitase, si lo tuviesen. Después, una vez que terminasen de atenderme, podría entrar en el baño a probarme la ropa o a darme una ducha y cambiarme de ropa. Aquilino, para terminar la explicación con una de sus gracias, me advirtió de que “el Voluntario que corta el pelo le gusta mucho arrimarse”, que va a resultar que todos somos maricones menos él.

Dieron las 16:00 y quien salió fue sor Carmen, preguntando por «los cuatro primeros para el Ropero» y curiosamente entraron dos personas que se disputaron ser el primero, el tercero fue cuestionado y el cuarto llegó más tarde que yo. Sor Carmen quiso poner orden, pero se cansó pronto, dejó entrar al primero para la Peluquería y nos cerró la puerta enfadada. Todos nos tranquilizamos y volvimos a nuestra rutina de esperar. Volvió a salir sor Carmen y nos advirtió “que no nos colásemos y que pasaran los cuatro siguientes” y asi hasta que llegó mi turno. Entré pensando en como serían las entrañas de la Asociación Gijonesa de la Caridad y en el pasillo hay un distribuidor por el que accedes al pasillo del Ropero y donde al fondo estaban las tres Voluntarias repartiendo la ropa. El pasillo del Ropero, según avanzas se ensancha y a la derecha está el baño con las duchas y a la izquierda hay unos Despachos, la Peluquería y un Taller ocupacional para los drogadictos del Piso de Rehabilitación, que nunca coincidimos con ellos. Detrás del mostrador del Ropero, había tres Señoras con bata blanca y detrás de ellas, los carros de percheros con el genero separado. La Peluquería tenia la puerta cerrada y no pude verla por dentro, ni tampoco ver al famoso Peluquero que estará cansado de cortarle el pelo al machote de Aquilino.

El Ropero estaba lleno y cuando volvió sor Carmen me pidió que me sentara, pero la bancada estaba llena y me tuve que quedar de pie al principio del pasillo, al lado de la puerta de los baños. Resultó ser mala elección, ya que con el ir y venir de los que terminaban en el Ropero, solo me sirvió para cruzar miradas incomodas cuando pasaban a mi lado, las que más con Teodorico, quien marchó con una camisa puesta de seda de color amarillo.

Sor Carmen entraba y salía, que al ver que todavía permanecia de pie, me volvió a pedir que me sentara, pero la incomodidad de la situación me lo impedía y balbuceé para intentar explicarme. Al principio de la bancada estaba sentada sor Trini, que esta tarde su cara denotaba que debe sufrir grandes dolores. Con una sonrisa, sor Trini también me pidió que “me sentara” y para que no creyeran que soy un desobediente, hice que los que estaban sentados me dejaran sitio y me senté en medio de ellos. Cuando me senté, sor Trini cambió su aptitud por otra más severa y me espetó “lo tonto que era”, seguramente por lo dócil que debí de parecerle obedeciendo tan sumisamente. Cuando se lo terminé de oír, me sentí tan humillado que casi se me caen las lagrimas. Intentando pensar por que estaba apunto de llorar y sin recuperarme, una Voluntaria enfadada llamó “al siguiente” y aunque hubiera preferido que pasara otro para reponerme, los siguientes me animaron a que fuese para que me atendiera.

La Voluntaria estaba enfadada después de haber atendido a los dos amigos de Don Julio, que aunque yo no le tenia la culpa, no le hizo ninguna gracia que lo primero que le pidiera es que «necesitaba más de un pantalón” e incuestionablemente me trató como un sinvergüenza. Estuve a punto de llamarle seriamente la atención por faltarme al respeto, hasta que sor Moris, que se encontraba detrás mio, intercedió por mi y le indicó a la Voluntaria que «me diera dos pantalones». Durante el tiempo que me atendió, la Voluntaria me siguió tratando tan mal, que un par de veces estuve tentado de tirar la ropa al suelo y pisotearla.

Cuando terminó de atenderme, me sentía tan humillado, que decidí dejarle el montón de ropa que me había seleccionado e irme sin nada. Me daba la media vuelta para irme llorando, cuando sor Moris viendo lo que me había pasado, me pidió dulcemente que “por favor cogiera la ropa”. Para que no lo considerase un desprecio, me volví a recogerla y no pude evitar echarle una mirada de odio a la Voluntaria. Cuando salí del Ropero, me felicité por haberla cogido y no habérsela dejado. Después del mal trato que recibí, lo único que me hacia falta era haberme marchado sin la ropa. No pienso volver nunca mas a este Ropero.

A la hora de la cena, mientras estaba en la cola para entrar en el Comedor Social y depués de haber estado en el Ropero con Aquilino, me he dado cuenta que cada vez que hablo con alguno de mis nuevos conocidos, acabo discutiendo con desconocidos discrepancias morfológicas. Por contra, esto no me ha ocurrido con tanta frecuencia, ni en los Albergues, ni esperando a que abran el Centro de Día. Estas discrepancias morfológicas, surgen inicialmente por intromisiones de algunos indigentes, en la creencia de que estoy en «su mundo» y ellos están en su derecho a interrumpirme. Para hablar una oración compleja con un drogadicto o un borracho, hay que tener en cuenta que están obsesionados con el sujeto y los complementos directos, por contra no les preocupa tanto el predicado o los complementos indirectos. Hay de dos tipo, fruto de querer hacerse los graciosos y los que les gusta tensar la conversacion pretendiendo que tengo que respetarles. A los primeros acabas ignorandoles, rara vez tienen gracia sus comentarios. Los segundos puede tener su peligro y se emplearan para que no les lleves la contraria, dejándoles mal delante de todos los presentes en la cola. A estos segundos, les produce satisfaccion saber que te has dado cuenta de que existen, aunque sea simplemente por amargarte el dia y cuando lo consiguen, suelen sonreirte como si fueras su victima. Lo bueno que tienen los segundos, es que los puedes reconocerlos desde lejos, aunque el problema es que están a donde tú te diriges. Un verdadero problemón.


  • 15-04-10 Permanece el centro cerrado al público desde las 16:20 h. hasta las 18:00 h. debido a que el cupo de personas se encuentra completo. Fdo. Luis


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