<Domingo, 11 de abril 2010


COCHE CAMA

Hoy me he enterado que a Gines no le han “renovado” el “Vale de cama” y eso me hace recapacitar sobre la necesidad de dormir. Hace unos días reflexioné sobre los días que conceden en los Albergues y hoy no puedo dejar de pensar en como dormimos cuando no estamos en los Albergues.

A las 6:00 me desperté con el estomago vacio y cuando me aburrí de estar dentro del coche, me fui a dar un paseo hasta que abrieran el Centro de Día. Serían las 11:00 cuando me sacié de beber cafetillos y me senté con el estomago encharcado a ojear el periódico. En estas vi entrar a Inma en el Centro de Día, quien nada mas me vio se dirigió directamente hacía mi. Estaba alterada y mientras me explicaba que “a Ginés no le habían renovado en el Albergue y que no sabía donde había dormido esta noche”, se acercó la Trabajadora Social Alejandra a decirle: “perdona, por favor, puedes bajar el tono de voz, gracias”. Cuando la oí, no me lo podía creer, el Albergue Covadonga no «renovaba» al «interno» que le salvó la vida a la Hermana Marcelina. Cuando espontaneamente murmure este pensamiento, Inma me cuestionó la versión de Ginés y no pude evitar una carcajada. Con las suspicacias que ultimamante tiene Inma con Gines, tambien que en el periodico mencionase «la rápida actuación de otros transeúntes» o que ella no estuviese presente, debo de decir que si fuese mentira, me haría gracia la picaresca de Gines para justificar que lo «renovasen», de la misma manera que si fuera verdad, no podría dejar de sorprenderme que su valor aquel día, no le sirva para que lo «renovasen indefinidamente» y que en el Albergue sean así de desagradecidos con un acto tan heroico. El que seguro que no hizo nada fue «el conserje nocturno de la institución», ya que entra a trabajar a las 23:00.

Cuando fui a comer a la Cocina Económica, me encontré con Gines que unicamente se puso en la cola para recoger la bolsa verde butano. Con su señal de identidad de llevar la desgracia con resignación, así me contó que ayer en la Oficina de Información al Transeúnte, «la Trabajadora Social Mónica le comunicó que no le iba a renovar mas el Vale de cama”. No pude evitar preguntarle «¿donde había dormido?» y me hizo gracia la resignación con la que Gines se pensó mi pregunta. Volví a insistir con mi pregunta y entonces me sorprendió que tritemente me contestase que «en un cajero». Me sorprendió porque lo veo como un veterano y un cajero me parece una solución común, para lo cual, lo unico que hace falta es no sentir verguenza para ser capaz de quedarte dormido. Prosiguió contándome duditativo, que mañana iba a hablar con Conchi para intentar alquilar una habitación en su “chupano”, nombre técnico con el que me difinió una casa abandonada u okupada. Hubo uno segundos de silencio y prosiguió  con voz desesperada y con cierta rabia, para afirmarme que «si no se lo alquilaba, abriría su propio chupano». En la pandilla hay buen rollo, pero he caido en la cuenta que Gines dudaba que Conchi quiera vivir con él o que abuse de su situación. La conversacion no dio para mas, cuando Pepón le dio la bolsa y se despidió para irse a hablar con Conchi. Con todas las preguntas que le hice sobre como se organizaban en un “chupano”, Gines se ha ofrecido a llevarme para que lo vea cuando ya esté acomodado. En un principio, me apena que haya dormido en un cajero, pero me preocupa que vaya a abrir un «chupano», por las consecuencias que le pueda acarrerar si le coge la Policía.

Por la tarde, mientras estaba pensando en todo esto, no ha podido dejar de hacerme gracia las Normas del Centro de Día. Desde que acudo, todos los días, una docena de veces, los Trabajadores Sociales se levantan de su mesa para llamar la atención a los “usuarios” por “su tono de voz”. Todo las veces que alguien protesta porque le hayan llamado la atención por este motivo, siempre los Trabajadores Sociales lo justifican en que “debemos respetar el descanso de personas que no hayan podido dormir durante la noche y que deseen dormir por el día en el Centro de Día”. Pero que ocurre cuando alguien que no ha podido dormir durante la noche y vaya a dormir en las sillas del Centro de Día, roncase igual que un elefante con un matasuegras en la boca. Eso pasó hoy con un “usuario” con un 7 como nariz y sacado de una postal de Feliz Navidad de Cáritas. El respeto al “usuario” nos supuso un estrés monumental al resto de “usuarios”. Al principio fue divertido de lo exagerado que era su ronquido, pero según pasaron los minutos, los únicos que lo encontraron gracioso fueron los Trabajadores Sociales, que esta noche durmieron en una cama. No me extraña que esta Norma esté enmarcada en la columna enfrente de la entrada.

Que no hayan «renovado» a Gines, me hace reflexionar en lo afortunado que soy por tener mi coche y sobre mi estado animico. Esta mañana me he levantado sorprendentemente contento y aunque parezca mentira, he llegado a una conclusión: estas son las mejores vacaciones que he cogido en toda mi vida. Analizando estas dos semanas, todos los días despierto con una sensación de bienestar, que no se ni como puedo explicarla. Mi regreso a Asturias como un fracasado, la fatalidad de ser el hijo de mi madre, la preocupación del Juicio, la sensación de desahucio en los Albergues o la desesperación de convivir con Timoteo, me he percatado de lo bien que me está sentado dormir tranquilito en el coche.

Todo ello, hace que reflexione sobre mi descanso, ahora que ya llevo casi dos semanas durmiendo en el coche. Una de mis mayores virtudes es mi facilidad de dormir, fruto de muchos años deseando que llegara la noche y desaparecer del mundo. Soy capaz de dormir con ruido, con luz o de pie si hace falta. Nunca menos de cuatro horas, lo normal son siete, aunque mi récord sean doce horas del tirón, algo improbable que ahora pueda superar.

Siempre había oído decir a los camioneros, a los taxistas, o a los recien divorciados, que “odiaban dormir en el coche”, pero si no fuera por las limitadas posturas y la resignación de permanecer siempre en las mismas, consigo dormir bien e incluso despierto descansado. Para dormir, reclino el asiento del copiloto, saco la manta de detrás del asiento del conductor y como almohada utilizo una saca de tela rellena con ropa. Cuando despierto, volver a colocarlo todo tal como estaba. Estas noches ha hecho frio y me he dado cuenta que me despierta el fresco del rocío, pero esto no me desvela, simplemente me sirve para darme cuenta de lo vacío que tengo el estomago. Al principio me dio un poco de vergüenza, pero ahora utilizo la masturbación para combatir el frío y como eficaz somnífero para conciliar el sueño, o simplemente por aburrimiento.

DSC_0022En cuanto al aparcamiento donde tengo el coche, hay edificios a menos de 100 metros en dos de las caras del cuadrilatero. Sus caras opuestas, son los prados de la periferia del barrio del Polígono de Pumarín. Desde un punto de vista táctico, estoy aparcado cerca de los prados, en la esquina contraria de los edificios, donde suelen ser normal que aparquen las autocaravanas que viene y se van. Según están delimitadas las plazas del aparcamiento, no he elegido las más exteriores, teniendo en cuenta que cuando haya menos coches, no resulte tan perceptible. Por allí no suelen pasear nadie, solamente algunas vecinos sacando a sus perros y suelen ser por las mañanas y en la noche. El aparcamiento tiene dos postes con potentes focos para iluminarlo y aparqué debajo de uno de ellos para evitar que me perjudique su luz y me beneficie su calidez. En la luna delantera he colocado el parasoles y la bandeja trasera la rellené de cosas para que los conductores no se percaten cuando estoy dentro.

En estos días he estado adquiriendo una rutina o simplemente acostumbrándome a hacer todos los días lo mismo. No me atrevo a ir al coche hasta que no oscurece y cuando me voy, salgo alejándome discretamente. Cuando abandono el coche, procuro dejar el interior como un vehículo estacionado más y aunque hace meses que no lo lavo, francamente, con lo que ha llovido se ve relativamente limpio. El mayor inconveniente que arrastra mi seat cordoba desde hace seis meses, es que las cerraduras de las dos puertas están estropeadas y no funcionan, quedando siempre una puerta abierta. Para disimular lo más posible, ostentosamente hago como si lo abriese o lo cerrase. En la medida de lo posible, tengo colocadas las cosas dentro del maletero, accediendo a ellas desde dentro del habitáculo al retumbar los asientos traseros. Solo cuando no encuentro alguna cosa, tengo que salir a abrir el maletero, única cerradura que funciona. Los papeles del coche, el frontal del radio CD y otras cosas innecesarias, las he puesto en la bandeja de la rueda de repuesto. Lo que mas me preocupa es que el Seguro se me vence el 15 de junio.

Mi mayor preocupación es la impresión que daré a las personas que aparcan sus coches cerca del mio o lo que puedan pensar de mi los vecinos cuando se asoman por la ventana. Mi eterno dilema en Asturias. Intento dar la impresión de ser un chico joven durmiendo en su coche, vete tú a saber porqué. Si cuando era un niño me hubiera visto a mi mismo durmiendo en un coche, seguro que me habría tenido envidia y hubiera deseado conocerme.


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