DÍA 19
El Trabajador Social gay y Ambrosio me habían dicho que el Albergue de Oviedo tenían la «obligación» de ayudarme y su Director me ha puesto » de patitas en la calle», sin haber recibido ningún tipo de ayuda para paliar de algún modo la situación en la que me encuentro. En el Albergue Cano-Mata-Vigil me han dejado dormir 8 días, pero les debo estar «agradecido» porque lo ampliaron con este fin de semana que termina hoy. En el Albergue de la ciudad dónde estoy empadronado solamente me han podido tener como «interno» 11 días, la primera vez que me veo obligado a recurrir a ellos. En el Albergue de mi ciudad natal he dormido en una habitación compartida con desconocidos, en una cama con somieres viejos y con una comida que no vale gran cosa, salvo el desayuno. No siento ningún tipo de «agradecimiento» al Albergue de Oviedo y espero tener en el futuro la oportunidad de reprocharles mi experiencia.
Con lo puesto, salí del Albergue y entré en el Centro de Día. Desde allí llamé por teléfono a una de las dos ofertas de empleo que ayer salieron en los anuncios por palabras de La Nueva España. En una oferta buscaban una «camarera con buena presencia para Mieres” y en la otra buscaban «un encargado de taller de soldadura para Pola de Siero”. En Asturias, no me considero ni Oficial de 1º de soldador, pero llamé por si necesitasen mas personal y cuál fue mi sorpresa, cuando el dueño me pidió que “si quería me pasase por allí para conocerme”. Yendo hasta el coche, me acordé que no pedí una manta para llevarme, pero ni me apetecía volver al Albergue, ni quería que me hicieran perder toda la mañana esperando en el hall para que me la diesen.
-Voz en off- Se termina mi experiencia en el Albergue de Oviedo y a continuación, se incluye la contestación a mi solicitud a Cáritas por escrito para recibir una copia de mi “Expediente Personal”, donde figurasen las actuaciones realizadas y dirigidas a mi Integración Social. En el siguiente Certificado, fechado el 29/01/2015 y realizado por el Director Marcos, se repite lo mismo que en el Certificado del Albergue de Avilés, donde no se especifica nada dentro de esa profesionalidad que a los Titulados de lo Social les gusta aparentar en los procedimientos judiciales y en los medios de comunicación, cuando surge algún caso que causa alarma social.
Sobre el Registro de Estancias, mi segundo “internado” fue del 29 de abril, hasta el 5 de mayo de 2010, cuando regresé a Oviedo exclusivamente para dar una segunda oportunidad al Albergue de la ciudad de mi ciudad natal y donde estaba empadronado. En aquellos momentos, llevaba ya dos meses viviendo en la calle y quería saber si el hecho de que durante mi primera estancia no me hubiesen “renovado”, fue por mi falta de experiencia en mi nuevo mundo o de un criterio firme. El Director Marcos me llamó a su Despacho para darme seis días como “interno”. En aquello momentos y con las alarmantes noticias que aparecían diariamente sobre pobreza, tenía perfecto conocimiento que los Albergues no estaban desbordados, tal como las Entidades sin Animo de Lucro afirmaban diariamente en los medios de comunicación.

Mi tercer y ultimo “internado” fue del 11 de noviembre hasta el 15 de noviembre de 2010, tras conseguir un trabajo por mis propios medios en Gijón, sin bonobús y sin la posibilidad de poder hacer llamadas telefónicas. Cuando fui despedido, regresé a Oviedo para saber si cuando no pudiese pagar el piso compartido, en el Albergue de Oviedo me iban a ayudar de algún modo. En esta ocasión, el Director Marcos me llamó a su Despacho para darme cinco días como “interno” y cuando al cuarto día me advirtió que no me iba a “renovar”, volví a Gijón.

En el resto de mi Expediente Personal que el Director Marcos firmó en 2015, sabe perfectamente que este documento tal como lo redacta, no sirve para absolutamente nada. Comienza su informe con un patinazo que explica en sus propias palabras la relación “trabajador-usuario” que denuncia este libro. Aunque la solicitud es una iniciativa propia, me define como “esta persona” y continua de una manera muy negativa conjugando el presente, donde la labor que describe es ambiguamente literal y me define como un indigente. Cuando el Director Marcos redacta este informe profesional todavía no tenía derecho a cobrar el Subsidio Social y la salida de la crisis no generó empleo destinado a personal sin formación, aunque yo ya no buscaba trabajo porque solo puedes hacer el ridículo en una empresa dependiendo de esta gente. En la segunda y ultima frase para explicar mi acogida en el Albergue Municipal, resulta que Marcos se disculpa con la normativa de protección de datos vigente, a la vez que la incumple manteniendo mi Registro de Estancias, único dato que a los Titulados de lo Social les resulta interesante, junto a nuestros informes sancionadores internos.
Pesimista puse rumbo a Pola de Siero, sobretodo porque si llamé a la oferta laboral fue simplemente para descartar la remota posibilidad. Al llegar a la Villa, tuve que llamar dos veces desde mi teléfono móvil a la empresa y con las últimas indicaciones acabé encontrando la nave. Allí, la entrevista se convirtió en una mera visita y estuve toda la mañana conversando con el jefe de las consecuencias de la Crisis y el Paro, hasta que tuve que dar por finalizada la entrevista e irme. Conduciendo, intenté ser optimista, pensando que quizás sea mejor venir a Gijón, si en Gijón es donde quiero empezar. Después de leer la noticia, El nuevo albergue se hará en 8 meses//elcomercio.es//8-3-2010, se ve que en el Albergue de Gijón no les importa gastar el dinero en ayudar a las personas, y no como en Oviedo.
Llegué conduciendo despacito con la matricula de Tenerife por bandera. La aguja de la gasolina no se resintió mucho, pero si lo justo para encenderse la luz de la reserva de gasolina. Dejé el coche en el aparcamiento gratuito que hay en la avenida Portugal, donde terminan las Torres del Polígono de Pumarín. Aparqué en el lugar donde pasase mas desapercibido si tuviese que dormir dentro, pensando que los dos Albergues estuviesen llenos y no tuviesen ninguna cama libre.
Me fui a dar un paseo por la avenida de la Constitución y buscar la oficina administrativa de los Albergues. Me resultó facilísimo encontrarla, gracias al enorme cartel del «Exmo. Ayuntamiento de Gijón«, nombrando a la «Oficina de Información al Transeúnte«, encima del logotipo de la «Fundación Municipal de Servicios Sociales«. Eran las 13:40 y aunque había soñado que llegaría a la hora de la comida, por las mañanas cierra a las 13:30 y tuve que esperar a que reabriera a las 18:00. No pude dejar de arrepentirme de haber ido a la entrevista, dónde aparte de quedarme sin comer, gasté gasolina y el saldo de mi teléfono móvil.
Sin nada que hacer, salvo lamentarme, aproveché el tiempo para poder ver los Albergues. Primero fui a ver el Albergue Nocturno de la Cocina Económica, andando 400 metros hasta llegar a la calle Mieres. Cuando lo encontré, vi saliendo del edificio a una pandilla de drogadictos gritando y riéndose. Verlos me ha acojonado. Hundido, he buscado el Albergue Covadonga en la calle Diario El Comercio. Al encontrarlo, vi que se trata de un edificio nuevo dentro de un gran aparcamiento gratuito. El Albergue está en un extraño páramo en el mismo centro de la ciudad, donde en el pasado hubo fábricas y talleres que se mudaron a los nuevos polígonos de las afueras. Al comparar los dos Albergues lo tuve claro, pero con la suerte que tengo lo vi nítido.
Dejé que diesen las 18:15 y darle tiempo a la Trabajadora Social para que se pudiese sentar. Cuando me decidí a entrar, me encontré con una pequeña estancia como Salita de Espera y al fondo había un privado con la puerta abierta. La Salita de Espera tendrá 4 metros de largo, junto a 1 metro mas en el privado y todo ello por 1´5 metros de ancho. La Salita de Espera está separada de la zona administrativa por un tabique divisorio de chapa marrón, con persianas venecianas en los cristales para ocultar el interior de la oficina.
En la Salita de Espera no había nadie y lo atravesé entrando en el privado, encontrándome con un cristal a través del cual una Trabajadora Social de unos 50 años, al verme entrar, me dio los «buenos tardes». Tras devolverle el saludo, le comenté mi situación de «venir de los Albergues de Avilés y Oviedo» y le pregunté «¿si había cama?», a lo que me contestó que “sí”. Se me quedó mirando atentamente y me preguntó “¿cual de los dos Albergues prefería, el Albergue Covadonga o el Albergue Nocturno de la Cocina Económica?”. Tímidamente como si no supiera, le pregunté por las características de ambos Albergues y al final le dije que “había oído que el Albergue Covadonga era mejor”. Me asintió y se lo confirmé como mi primera opción. Mientras me rellenaba mi primer “Vale de cama”, el cuál «debo de entregárselo al Portero del Albergue», le pregunté su nombre y me contestó que «Elena», le pregunté «¿si trabajaba para el Ayuntamiento de Gijón?», y me contestó que «trabaja para Cáritas». Me entrego el «Vale de la cama», pero me advirtió que obligatoriamente mañana tengo que entregarle toda clase de documentación y me dio una papel en el cuál se indica los Documentos y los Organismos Públicos que los expiden. Un «Certificado de Empadronamiento» de donde estoy Empadronado, un «Certificado del Inem» para saber si cobro o no cobro Prestaciones, un «Certificado de la Seguridad Social» para saber si percibo o no percibo una Pensión y un «Certificado del Catastro» para saber si no tengo o no tengo Propiedades a mi nombre.
Salí muy satisfecho con la lista de todas las direcciones a donde tengo que acudir mañana y con el “Vale de cama” para entregarlo en la entrada del Albergue Covadonga, hacía el cual me fui rápidamente «porqué la monjita reparte las camas antes de cenar». Al llegar al Albergue Covadonga, piqué al timbre de la solida puerta de hierro de la entrada y me abrió un hombre de mediana edad que resultó ser el Portero. Le saludé, me preguntó y le contesté haciéndole entrega del “Vale de cama”. Al entrar, el Portero me tranquilizó al decirme que “la Hermana Sole no había empezado a repartir las camas”.
En la espera de acontecimientos, me senté en un banco del patio interior del Albergue, donde me pareció que todos los «internos» desconfíaban de mi, hasta que les pedí un cigarrillo y miraron para otro lado. Mientras esperaba sentado a que fuera la hora de la cena, el Portero me señaló con el dedo a la Hermana Sole, me acerqué a ella, la saludé y se quedó fijamente mirándome mal. Le pongo cara de «no saber que ocurre» y me manda que «la acompañe a la primera planta, la segunda planta es para las mujeres internas y las Monjas». Me riñó diciéndome que «está prohibido subir» y es ahora que todavía no entiendo su forma de decírmelo, como si la hubiera desobedecido un ciento de veces.
Subimos las escaleras hasta el 1º y atravesamos una puerta endeble de chapa que ha recibido algunos puñetazos. Al atravesarla, me encontré en un pasillo estrecho con puertas a ambos lados. Me enseña cual va a ser mi camareta y observo que tiene 4 camas y todo el mobilario impecablemente nuevo. La monjita me siguió leyendo la cartilla mientras bajábamos, ya que «está prohibido subir hasta después de cenar». Perplejo me dejo con la bronca que me echó.

Fue la hora de la cena y pude saciarme del hambre de no haber comido, cenando una sopa de fideos, unas albóndigas muy ricas y un yogur bifudus. Agotado por la mudanza, subí a la camareta a dormir, pensando en mañana conseguir todos la documentación que me han pedido, apenado pensando en tener que hacer 4 colas consecutivas por todo Gijón.

