Pelayo es gijonés, tiene 29 años y es un cocainómano. Pelayo tiene dos caras y las suyas no son necesariamente ni buenas, ni malas. La cara buena es la de un escanciador, apreciado por los clientes habituales y que deja un buen recuerdo a los turistas. La cara mala es la de un camarero que los fines de semana cuando acaba de trabajar y cierra la Sidrería, se va a cerrar el Pub´s, cierra el Club´s, vuelve a abrir la Sidrería y no necesariamente los fines de semana. Su padre le ha denunciado, pero no es la primera vez y él lo achaca simplemente a las drogas. La empatía que me tiene, le hace entender, comprenderme y decirme cosas muy positivas. Ciertamente lo sabe. Su caso es un poco diferente al mio y escuchándole, a veces se contradice y me dice unas cosas muy negativas. En los ratos que hemos pasado juntos, hemos estando hablando de nuestras Denuncias por Violencia en el Ámbito Domestico, de nuestra situación pasada y futura, de nuestra situación social y ha estado intentando calmar mi crispación con los Trabajadores Sociales y su forma de entender su trabajo.
Dejé de hablarme con Pelayo, el día que en el Centro de Día y mientras hablaba con él, el Trabajadora Social Xosé se levantó a llamarme la atención porque consideró que había «alzado la voz» y mientras empece con mi retaida de dudas, ruegos y preguntas, se metió en mi conversación y le dio la razón a Xosé sin tapujos. Cuando Xosé se marchó satisfecho, le miré incrédulo y se rió en mi cara. Ver su sonrisa después de lo ocurrido, le sirvió para que lo comparase con el chivato del Abergue de Oviedo. Parece ser que los cocainómanos son muy fieros mientras se «meten» rayas, pero cuando quieren dejar el hábito y están delante de un Trabajador Social, pierden su personalidad envolvente y se convierten en unos seres rastreros. Pero sin nada de todo esto, es increíble que después de saber su opinión de su pasado, presente, y parece ser, su futuro, le premien, aunque no se de que me sorprende su éxito, si es capaz de lamerle el culo a un Trabajador Social, con la naturalidad con la que le vi hacerlo.
Pelayo pertenecería al Club de la lucha (1999), si existiera, donde uno de sus argumentos es que su protagonista, llamado Edward Norton, no consigue conciliar el sueño y empieza a asistir a grupos de terapia del estilo a Alcohólicos Anónimos, lo que en España se llamaría ser “beneficiario de la Ley de Dependencia”. Allí encuentra una liberación emocional y se convierte en un adicto a la farsa de hacerse pasar por víctima, lo que en España se llamaría ser “usuario”. El «Edward Norton asturiano», me aconsejó que en el Juicio reconociese que tengo una adicción, les pidiese que me concertasen una cita con el Terapeúta de Proyecto Hombre y que ingresase en un Centro de Desintoxicación. La verdad es que no se en que coño pensaba cuando se le ocurrió darme semejante consejo. Me estoy esforzando por no dejar rastro administrativo que figure como «transeúnte» y quiere que firme un Certificado de Drogadicto. Quizás pensó que la sinceridad de reconocer que le di una bofetada a mi madre, es pareja a que no me importase una mierda firmar semejante despropósito, que no me veo delante de un Terapeuta especializado en adicciones y diciéndole sonriendo, «quiero dejar las drogas». Oírle decírmelo con la seguridad con que me dijo, es para pensárselo y si tuviese dinero, comprar droga, «enchufármela» y ver si tiene razón. Quizás esta sea la solución para salir de la calle, figurar administrativamente como drogadicto y así dejar de ser «transeúnte». Resulta gracioso que sea por hacer las cosas muchísimo peor de lo que yo las hice, que en mi situación, su castigo judicial, me resulte un premio y que el justificante de ello sea el «consumo» de drogas y delinquir.

Es Alta Terapeuta en Proyecto Hombre, para lo cual hay que estar dos años ingresado y se nota que sabe de lo que me habla. Me contó el problema que le suponen las drogas, me explicó como ve el futuro con una adicción que le llama y me confesó que lleva una mala racha, no levanta cabeza, todo se ha empeorado con la Denuncia de su padre, necesita informes de cara al Juicio, quiere ingresar en Proyecto Hombre, evitar la Cárcel y acabar en un Piso de Inserción. Normalmente, me resulta difícil dejar hablar a los demás, pero después de empezar a contarme este bombazo, me quede escuchando todo lo que quiso decirme. La próxima semana, tiene una entrevista con el Terapeuta de Proyecto Hombre, el próximo mes estará ingresado y lo cojonudo de todo, es que la Residencia para los seis meses iniciales, está en la playa de Antromero, justo al lado de donde mas me gustaba hacer pesca submarina. Cuando acaben estos seis meses, luego al Piso de Inserción otros seis meses, a todo trapo.
Escuchar la opinión de un «seguimiento» «profesional», mis posibilidades de haber sido elegido «seguimiento» eran mínimas. Pelayo me ha estado explicando el funcionamiento de la Residencia y el Piso Tutelado y la relación «trabajador-usuario», como le gusta repetirme a uno que yo me se. El piso se llama “Tutelado” por que las 24 horas, hay presente un Educador Social vigilandoles. Para absolutamente todo hay que «pedir permiso». Si alguien hace algo mal en la casa, está obligado a decírselo al Educador Social y a esto se le llama ahora «comunicar la incidencia». Si no «comunicaras la incidencia», tendrías “consecuencias”, que es lo que toda la vida se llamó “castigo”. Los castigos son los mismos que un padre le pone a su hijo pequeño; “no poder salir del piso”, “fregar los cacharros”, “limpiar la casa” y hasta “no dejarte ver la Televisión”. Hoy entendí el motivo por el que los Porteros de los Albergues ejercen esa ostentosa autoridad apagando la TV y es simplemente una terapia muy económica, para lo que le debe de costarle al Estado subvencionar este tipo de programas de Reinserción Social.
- 3-05-10 Permanece el centro cerrado al publico desde las 18:00 hasta las 19:00 h debido a que el cupo de personas se encontraba completo. Fdo. Luis
