SE ESTÁN PASANDO
En el Centro de Día se están pasando y voy a acabar explotando. Es intolerante estar viviendo “en la calle” y cuando empieza a llover como hoy, todos los «usuarios» queremos entrar, nadie desea mojarse y Luis, el Vigilante de Seguridad, a resguardo del Centro de Día, te espeta “buenos días, el centro está cerrado, ¿te apunto?”. No puedo negar que es educado, pero cuando acaba de apuntarnos y cierra otra vez la puerta, te quedas esperando en un páramo sin posibilidad ninguna de resguardarse a menos de 100 metros. Los «usuarios» debemos esperar en la calle Diario El Comercio, que a todo lo largo no dispone de aleros en los tejados, sufriendo lo que vulgarmente se denomina “pasar frío y mojarse”, a que otro «usuario» salga y esperar hasta que Luis diga tu nombre.
Los «transeúntes» cuando llueve como hoy, debemos esperar en la calle Diario El Comercio, que a todo los largo no dispone de aleros en los tejados, sufriendo lo que vulgarmente se denomina pasar frío y mojándonos a que otro «usuario» salga y nos llame a viva voz el Vigilante de Seguridad. Si sales del Centro de Día y no estás cuando diga tu nombre, según él, te tiene que volver a apuntar y empiezas de nuevo a esperar tu turno. Hoy, Luis, me ha aplicado esta Norma. Creo que cuando vuelva a leer esto, me acordaré de su normecita y de la lluvia intensa que caía, mientras yo simplemente quería entrar para no seguir mojándome más y tomarme algo caliente. A mi se me están hinchando los cojones con tanta normecita.

Que los días que llueva, no se pueda ampliar o ignorar el Capacidad Máxima extipulada en el DIN A4, es lo que los asturianos denominábamos “inhumano”, pero se convierte en intolerable,cuando se lo hacen cumplir los Servicios Sociales a “transeúntes”. Me parece «inhumano» dejar a un “transeúnte” mojándose y chupando frio esperando a poder entrar, sin que si tan siquiera saber ¿cuanto tendremos que esperar hasta que nos toque nuestro turno? Me parece intolorante que los Trabajadores Sociales, consientan que Luis impida el acceso, teniendo en cuenta que son testigos diarios que la capacidad es insuficiente para la demanda y tienen 8 años de experiencia para conocer la realidad y las consecuencias que acarrea.
En realidad, es incierto el cartel descolorido de la puerta, «CAPACIDAD MÁXIMA DEL LOCAL ES DE 46 PERSONAS«, Los «usuarios» que entramos somos cuarenta y dos personas, el cupo basado en las cuarenta y seis sillas, restando las cuatro sillas de los Trabajadores Sociales. Dentro de la relación «trabajador-usuario» hace que dentro de la generalidad, al final todos seamos personas. La tontería que arrastran estos cuatro empleados, se la quitaba yo en cinco minutos, poniendo al Vigilante de pie al lado de la puerta y así ampliaría gratis «la capacidad máxima» en un «usuario» más, igual que a ellos y en total lo ampliaría el Centro de Día con cuatro «usuarios» mas y sin gastarme ni un solo céntimo. A los cuatro los ponía a limpiar el Centro de Día y con lo que me ahorraría con la Empresa de Limpieza, habría dinero para que nosotros desayunásemos pasteles todos los días.
En esta exposición, comprendo que la capacidad máxima está estipulada y entiendo las consecuencias legales que acarrearía incumplirla, pero creo que las dimensiones de la Sala de Lecturas, no corresponden a la Capacidad Máxima de cuarenta y seis «usuarios» que ha marcado el Ayuntamiento. Yo he calculado que la Sala de Lecturas debe medir 12 metros de largo, por 9 metros de ancho, en total 108 metros cuadrados, sin contar la Sala de fumadores, el Despacho y la Lavandería con su Almacén. Sin tener ni pajolera idea de la densidad que esté especificada para un Centro de Día de «Baja Exigencia», me parece muchos metros para solo cuarenta y seis personas, como para poder ampliar la capacidad a cincuenta y cuatro personas y así tocariamos justo a 2 metros cuadrados por «usuario».
Esta Norma la tendrían que incumplir por una causa mayor, como podría ser que personas que están durmiendo en la calle, no nos mojemos y suframos las consecuencias de no poder darnos una ducha con agua caliente, tomarnos algo caliente, cambiarnos de ropa y después que volviesemos a la calle para que durmiesemos en un lugar seco. Podría ser demagogia pero coincide con los tres Servicios que prestan en el Centro de Día, ducharnos, desayunar y que tengamos la ropa limpia.
No tengo dudas que los impulsores, no se imaginaron semejante escena, indigentes que acudimos al Centro de Día y quedamos abandonados en un día lluvioso, en una calle donde no tenemos ningún sitio donde poder resguardarnos. Un concepto tan básico, que no entraría dentro de la mentalidad de los antiguos Funcionarios municipales que vivieron las consecuancias de la guerra civil, como mi padre, ni de la mayoría de los asturianos. Los «carrilanos» no dejan de elogiar toda la red que hay montada en esta Región tan pequeña y que demuestra la mentalidad que impulsó todo lo que ahora está corrupto, paradójicamente, por la “generación más preparada de la historia”.
Salí del Centro de Día, a sabiendas de que estaba lloviendo, piqué a la puerta y me apuntó. Esperé en la calle estando lloviendo a chorros, durante mas de media hora por que nadie quería salir, las conversaciones me eran monótonas y varias veces me alejé un poco. Seguí esperando, hasta que vi a uno que se apuntó después de mi y antes de que cerrase la puerta, llamé a Luis. Me esperó con la puerta entreabierta, mirándome sin decirme nada y le tuve que preguntar como si no supiese de que iba la cosa. Me miró seriamente y se me puso a relatar esta normecita, para después preguntarme, «¿que si me quería apuntar?».
Su pretendida educación me dio asco, hacia treinta minutos, necesitaba entrar por la razón que fuese y no sé en que pensó que había cambiado mi vida en ese tiempo, esperando contra una pared desconchada para evitar no mojarme tanto. Intenté quitarle plomo. En la calle estábamos diez personas esperando. Intenté aparentar serenidad, en la certeza de que todos ellos han vivido esto antes. Vi pasar a todos los que se habían apuntado desde que me apuntó por segunda vez, hasta que me llegó mi turno. Ya había parado de llover. ¿Que cara le pones a Luis cuando pasas al lado de él? Te deja pasar, te mira esperando que le digas algo, a ti te gustaría decírselo, él te sonríe y tú entras con la cabeza agachada. También puedes entrar con la cabeza levantada y mirándole mal, no te va a decir nada, no está Prohibido, pero solo le hace gracia y también se ríe. Ya no se trata de esta normecita, es todo lo que me quieren revestir de “profesional” y ya me estoy cansado de aguantar.
El resto de la tarde, estuve sentado en el Centro de Día, malhumorado, aburrido y cuando volví a mirar el reloj eran las 19:15. Cuando Silvia se levantó para rellenar la máquina expendedora, salí del Centro de Día acompañando a Mohamed, quien después de lo ocurrido con Luis, estuvo tranquilizándome, mientras me oía mis cuchicheos despotricando por la normecita. Esta noche quise venirme para el coche temprano y dormir para olvidarme de todo. Nos pusimos en la cola, pegándonos a la fachada del edificio, sin poder dejar de pensar por que las Hijas de la Caridad no nos ponen un tejadillo. Lo suyo sería entrar por el callejón atechado de la Travesía Santa Luisa. Sor Marisela ya me contó que “antes entrabamos por allí, pero se cansó de las protestas de los vecinos de los portales de viviendas privadas”. A buen seguro, las Inmobiliarias llevan a sus potenciales compradores, cuando los “comensales” no estemos por allí.
Esperando, llegaron para ponerse detrás nuestra, el “Portu”, el “Cordobés” y “Lelo”. Tuve la oportunidad de contarles la nueva normecita del Centro de Día y el “Portu” se improvisó una cuarteta que decía algo así: “Luis quería ser policía// no valía ni de militar// terminó en un cursillo de segurita// y ahora se creé un mariscal”. Después de oir la ocurrencia del “Portu”, recordé lo malo que es el tabaco cuando no pude reírme, para tener que toser y después esputar. Salvo Mohamed que no esputa por la calle, cuando los cuatro nos quedamos sin reírnos y esputamos, me percaté que no eramos los únicos que tosíamos. Si los horarios del Centro de Día limitan, los de la Cocina Económica condicionan y sobremanera, sobretodo a la cena. Cuando llueve, hacernos esperar a las 13:00 y a las 21:00, no me parece razonable. Hoy a la cena le he comentado a sor Marisela, “sobre la posibilidad de ampliar el horario”. Tras quedarse mirando para mi, me ha sonreído y pausadamente, me ha contestado que “eso no es posible por que los Voluntarios también tienen que comer y cuando acaban de servirnos, todavía tienen que llegar a sus casas”. Todas las contestaciones de sor Marisela son dulces y apacibles, pocas personas tienen la potestad de dejarme sin palabras. Después he caído en la cuenta. Osea, los “comensales” hacemos la cola para entrar y comemos en estos horarios, para que los Voluntarios venga a realizar unas funciones que podríamos realizar perfectamente nosotros. No me parece razonable.
- 19-04-10 Permanece el centro cerrado al público desde las 16:45 h. hasta las 18:30 h. debido a que el cupo de personas se encuentra completo. Fdo. Luis
