<Jueves, 8 de abril 2010


DESCARTANDO A CARITAS

Esta mañana, me he pasado por la calle Álvaro de Albornoz nº 19, donde están las Oficinas Centrales de Cáritas Arziprestal de Gijón. Aunque las Oficinas las tienen en una calle secundaria, no me resultó difícil encontrarla, ni tuve que andar mucho, ya que se encuentra en el camino desde el Café y Calor a la Cocina Económica. Aproveché a ir a las 9:30 y no estar esperando hasta las 10:00, en la calle a que abrieran el Centro de Día.

Entré y en el recibidor había un jubilado sentado al frente de una mesa. Le di los “buenos días” y con la pasividad propia de su edad, me dio los “buenos días” cuando acabó de levantar la vista de periódico. Le comenté que “necesitaba hablar con la Trabajadora Social” y me pidió “por favor que me sentara”, indicándome unos bancos acondicionados para ello en la entrada y con una mesita repleta de revistas desfasadas y muy manoseadas. Se levantó de su silla y entró en un Despacho, permaneciendo en el interior hasta que la Trabajadora Social se asomó a observarme y le asintió. El jubilado desanduvo lo andado, se sentó y me comentó que “por favor esperase un momento, la Trabajadora Social me iba a atender dentro de un momento”. Aunque no había nadie esperando, estuve veinte minutos mirando las revistas, hasta que salió la Trabajadora Social a pedirme que la acompañara. Fui detrás de ella y entramos en su Despacho. Le comenté mi actual situación y me confirmó lo que me había dicho Aquilino, «tienes que ir a la Parroquia a la que pertenezcas por tu empadronamiento». Intenté explicarle mejor mis circunstancias legales, pero la Trabajadora Social no me dejó terminar de explicarme y me volvió a repetir lo que me acababa de decir. Le comenté “el problema que tengo con el empadronamiento” y me informó que “allí no ayudaban en este sentido”. Le comenté “mi necesidad de tener que asistir a Oviedo a un Juicio” y se interesó por el Juicio, para acabar diciéndome que “ellos no pagan los viajes”. No puedo negar que me percaté que tardaba mas en realizarle mis preguntas, que lo que tardaba en contestarme y por último, me pareció que pretendía que si no tenía mas dudas podía levantarme e irme, como así hice tras darle decirle “muchas gracias”.

Debí durar cinco minutos en ser atendido y recibir toda la información. Yo no pienso ir al Cristo de las Cadenas, si no recuerdo mal, la última vez que entré fue en el Entierro de papá y la penúltima cuando el cura no me permitió entrar en el Coro. También que me muero de vergüenza si la beata que me atendiese, hubiera conocido al anticlerical de mi padre. Además de ello, yo no pienso volver a Oviedo y menos aún acercarme hasta la Parroquia con una Orden de Alejamiento en vigor. Volví al Centro de Día desmotivado por estar moviéndome sin avanzar y no conseguir nada en ningún sitio al que voy. Me apunté para darme una ducha y olvidarme de Cáritas.


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Después de ducharme, me senté con la pandilla y debo decir que hay cosas que no entiendo del Centro de Día de Café y Calor, pero supongo que tendrán su lógica basada en la experiencia de los Trabajadores Sociales y en algún motivo para que hayan tenido que llegar a semejantes extremos. Una de las cosas que más me llama la atención, la que más, es el tono de voz que exigen los Trabajadores Sociales en el interior. Comparativamente, es un tono de voz similar al usado en un funeral en una Iglesia de Galicia. Subirlo un poco más, es motivo para que se te acerquen a donde estés sentado y educadamente te llamen la atención: “perdona, por favor, te importaría bajar el tono de voz, muchas gracias”, junto a la advertencia de que, “si continuases serías expulsado”.

Cuando un día conversando con el Trabajador Social Xosé, le mostré ni extrañeza por que no hubiese una televisión en el Centro de Día y les pregunté, Xosé me mostró la contestación que le dio su Jefe, a una sugerencia que escribió un «usuario» para poder ver la tele y que está colgada en el Tablón de Anuncios. “Respetar el descanso de personas que no hayan podido dormir durante la noche y vayan a dormir por el día”. Con esta explicación, justifica su decisión sobre una Norma mal vista por los «transeúntes» y por cualquier persona que sin tener nada que hacer, no pudiera ver la televisión. En los Albergues ocurre lo mismo, pero puedo entender que sea para evitar discusiones por la noche.

El “ruido” y lo que denominan “ambiente tranquilo” para las personas que “no hemos podido dormir esta noche”, se ve torpedeada por estos continuos toques de atención a quienes levanten la voz, en “nuestro nombre” o por “nuestro bien” y de lo que ellos entienden como “nuestro descanso”. Luego tienes que escuchar la replica excusándose del «usuario», al que le hayan dado el toque de atención. No llevo tan siquiera un mes y ya estoy cansado de verlo, pero hoy la diferencia que ha habido con los demás días, es que hoy me han llamado la atención a mi. La verdad es que Xosé ha sido muy correcto advirtiéndomelo, pero aun así me he sentido ridículo y no le he replicado nada. Xosé me ha llamado la atención por alzar la voz, mientras Ginés me estaba enredando jugando al póker. Sin que me lo esperara, se situó al lado mio y me dijo en voz bajita, “perdona, por favor, puedes bajar el tono de voz, gracias”, marchándose una vez me lo dijo a sentarse en su mesa con sus compañeros que estabn mirando para mi.

No se me ha ocurrido replicarle nada, pero para empezar podrían sustituir el estridente y constante sonido del timbre de la entrada, cuando el Vigilante de Seguridad se encuentra a escasos dos metros de ella, de la misma manera que la puerta de la Lavandería que es pesada y se cierra por golpe de resorte o el constante abrir y cerrar de la puerta de la Sala de fumadores, que su cristal siempre parece que se va a romper. O las sillas, que son incomodísimas para dormir y no es por ser exigente, pero si dicen que «dormimos allí», va a haber que contarle al Jefe de Xosé que para dormir, existen unos muebles llamados “camas”.

En el puente de Semana Santa, he comprobado también la diferencia de trato que recibimos, a la hora de hacernos cumplir estas Normas entre los Trabajadores Sociales que trabajan de lunes a viernes y el resto de los Trabajadores Sociales sub-contratados. Como quien dice, entre los Funcionarios y los eventuales. A los fijos se les ve como si esta fuese su casa y nosotros simples visitas molestas, a los que hay que dejarles las cosas claras y que entendamos quienes son los que mandan en el Centro de Día. Evidentemente, los sustitutos están más relajados, pero dándonos similar trato. Para mi, esto significa que todo está reglamentado, lo cumplen a raja tabla y se deben de reunir todos ellos para hablar de estas cosas.

Otra cosa que me llama la atención es sobre los Trabajadores Sociales del Centro de Día, pero se extiende a todos los Trabajadores Sociales que he ido conociendo desde que mi madre me denunció. Pese al agradecimiento extremo que reciben de las personas que acuden y el cargo que ostentan, que les permite poder ayudar a los demás y lo justificaría ampliamente, nadie les da besos y ellos no dan abrazos a nadie, como así se ve en la publicidad de las ONG´s con normalidad. 

Ayer y hoy llegaron dos castellanos, viejos conocidos de los habituales y me di cuenta. Ayer por la tarde llegó Venancio, siendo muy bien recibido en la calle Diario del Comercio, tanto, que cuando abrieron el Centro de Día aun estuvo un buen rato fuera atendiendo a sus numerosos compromisos sociales, dando besitos para ellas y abrazos para ellos, como diría aquel. Cuando entró, la persona alegre de afuera, dentro se convirtió en alguien totalmente inmóvil, cuando pretendió saludar a los Trabajadores Sociales y se detuvo enfrente de su mesa, dándonos los «Buenos Días», en la creencia que ellos también se alegrarían de verle y no fue así. En la mesa estaban Silvia y Alejandra que le conocían y le saludaron cordialmente, pero nada más. El «usuario» se dio cuenta de la metedura de pata y colorado, se fue a buscar un sitio donde sentarse. Hoy llegó su amigo Ordoño, que no vino con Venancio por haberse detenido a buscar un saco de dormir que unicamente reparten en Cáritas-Pola de Siero. Fuera del Centro de Día se repitió la misma situación, pero con la diferencia de que Ordoño omitió el error de Venancio, saludándoles sin más y yéndose a sentar.

Resulta curioso, cuando antes nunca había visto que a un Trabajador Social que le dieran las “muchísimas gracias” por hacer entrega de una toalla y en cambio eso nunca se haya materializado, simplemente en darle un beso o un abrazo a la personas que se muestran tan agradecidos. Esto se hace extensible a todas las «casas» que he ido conociendo, salvo excepciones que no cambian la Norma. Me resulta un poco incomprensible, a la vez que lógico con lo poco que he ido conociendo del trato que recibimos los «usuarios».


  • 08/04/10 Se expulsa a Fulanito 1 día. Por elevar el tono de voz en lavandería. Fdo. Xosé


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