<Martes, 30 de marzo 2010


DÍA 34

La mañana fue aberrante desde el mismo momento que Timoteo se levantó alterado de la cama por el “Buenos días” y con él me puso a mi, que recién abrí los ojos le tuve que dar una voz para que se tranquilizara. Fui a lavarme la cara al baño y al volver a la camareta, allí estaba Timoteo esperándome para verme hacer la cama y hablarme mal de los Porteros, sobretodo de Argimiro. No le dije nada y cuando terminé, bajé al patio, hice la cola y me senté a desayunar. ¿A que no adivinarías quien se sentó enfrente miá y no calló la boca hasta que me levanté? Si, Timoteo. Siempre había oído decir que los drogadictos con mono eran violentos, pero o están equivocados, o no se puede generalizar. Supongo que será como las malas borracheras, que a unos les da por ser violentos y a otros por ser cariñosos.

Mientras esperaba a que fueran las 10:00, estuve pasando el rato en el patio sentado junto a Saturnino, hablando sobre su actualidad, hablando sobre mi actualidad, hablando sobre nuestra actualidad. Sorprendentemente, Saturnino ha terminado haciendo muy buenas migas con Aquilino, quien se ha ofrecido a enseñarle la profesión de indigente. Nunca me hubiera imaginado que Saturnino acabaría «buscándose la vida» con Aquilino, quien tiene fama de ser un faltoso cuando bebe mas de la cuenta y es a menudo. No se atrevió a decírmelo, pero el cambio para bien que ha dado desde la semana pasada, algo tendrá que ver el plan que Aquilino nos propuso de visitar a algunos Curas para pedirles limosna y después repartirnos el dinero. Por un lado me alegra que Saturnino tenga para sus gastos y por otro lado me entristece saber la forma como lo va a conseguir, ya que él no era partidario de esta solución y lo hace simplemente por no verse como nos vemos.

Mientras hablábamos, Timoteo pululaba por el patio con ganas de acercársenos, pero la aptitud que Saturnino le reserva, le reprimió y no se nos acercó. Si el viernes terminé preocupado con estar junto a Timoteo, hoy lo empecé cansado de Timoteo. Durante todo el fin de semana no le vi el pelo y si no fuera por que lo veía acostado en su cama, hubiera creído que se habría marchado para la Fundación Espiral. No lo vi, ni en el desayuno, ni en la comida, ni en la cena, que debió de estar drogándose en la plaza del Humedal con sus nuevos amigos. Por no verle mas pululando por el patio, me fui a esperar a que abrieran el Centro de Día. Timoteo me dijo que “no le gusta Café y Calor por que dice que es solo para yonkis» y no sabes tú la pena que me da.

Esta mañana, en la puerta del Centro de Día había esperando más gente de lo normal a que abriesen. Llegaron los Trabajadores Sociales, quienes esperaron en el interior a que fuera la «hora de la apertura» y nos abrieron cuando en mi reloj marcaba las 10:03. Al final, y muy a mi pesar, cada vez que me agobiaba en el interior, salia del Centro de Día para regresar al patio del Albergue, hasta que Timoteo acababa de rayarme la cabeza imponiéndome su presencia, que volvía a marcharme al Centro de Día a esperar a que saliese alguien para poder entrar. Esta mañana releí varias veces el periódico y las revistas, hasta que dieron las 12:25 y cerró el Centro de Día. Me marché al patio del Albergue para esperar a las 13:00 y que fuera la hora de la comida, que comí en frente de Timoteo y después también se sentó en la Biblioteca.

El día de hoy fue un coñazo. Ayer fue un coñazo, el fin de semana fue un coñazo, la semana pasada fue un coñazo. En esta percepción del tiempo, no tengo en cuenta los cuatro días festivos de la próxima semana. Dentro de esta percepción, la Semana Santa está muy bien para las personas que trabajan, pero nos anula la semana entera a los que no tenemos trabajo.


  • 30-03-10 Permanece el Centro cerrado al público desde las 10:45 h hasta las 12:00 h debido a que el cupo de personas se encuentra lleno. Fdo: Luis

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Por la tarde, más de lo mismo en el Centro de Día. Salía por que el ambiente estaba cargado y cada vez que quería entrar, tenía que volver a apuntarme y esperar. Al Vigilante de Seguridad de Eulen no le vale que cuando saliese le pidiera que me apuntase para volver a entrar, según Luis «debo terminar de fumar, picar a la puerta, esperar a que abra la puerta para apuntarme en la lista, y después, esperar a que me llame para entrar», tal cual. No se donde ha visto él esta Norma, la cual me la explicó como si fuera un Profesional de la Seguridad.

Mientras esperaba en el exterior, participé en algunas conversaciones con otros «usuarios». Conversaciones absurdas en términos negativos, que me quedé para el arrastre y perdí toda la esperanza por el día de hoy. Al final no sabía ni donde quería estar, si dentro o fuera. Andar ya anduve por la mañana y mejor que el patio del Albergue me resultaba estar en el Centro de Día. Así estuve hasta que dieron las 19:25 y cerraron hasta mañana Café y Calor.


  • 30-03-10 En el trascurso de la tarde se cierra el Centro al público en momentos puntuales, cortos periodos de tiempo debido a la gran afluencia de usuarios. Fdo. Luis

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Cerró el Centro de Día y me fui aburrido para el Albergue, tan aburrido, que no me acordé que Timoteo estaba en el patio más desquiciado que nunca. Al verlo venir hacía mi, quise reproducir la aptitud que Saturnino le tiene reservada, pero a mi no me funcionó, o mejor dicho empeoró la situación aun mas. Al terminar la cena, Timoteo me recriminaba que «había cambiado mi actitud con él», que al venirme con este cuento, exploté gritándole «¿como que he cambiado?, ¡si tú a mi me conoces de nada!”, “¡si tú a mi me conoces desde hace una semana!». Mis palabras funcionaron solo el tiempo que las vibraciones de mis cuerdas vocales cesaron. Timoteo volvió a recriminarme mi actitud, que se lo tuve que recordar, «‘¡que no me conoces de nada!». Mis voces sirvieron para que recapacitase, hasta que Timoteo empezó a recriminarme sobre mi «culpa» y la situación empezó a ponerme muy nervioso.

En el patio, el Portero de la tarde se reía viéndonos discutir, hasta que me di cuenta y lo incluí en la discusión como parte de sus obligaciones por cobrar un sueldo del Albergue. El Portero Ramón, a pesar de presumir de sus «cojones», se asustó al verse envuelto en el lio y no paraba de proclamarme su neutralidad. El Portero de la tarde no daba ninguna solución al conflicto que se estaba viviendo en el patio, es más, me aseguró que «el problema era mio», que sirvió para que lo hiciese suyo. Para evitar volver a dormir en misma camareta junto a Timoteo, le dije a Ramón que «quería cambiarme de habitación», a lo que me dijo que eso lo «eso lo tenía que autorizar la Monja». Le pedí que «llamase a la Monja» y me dijo que «a esas horas no se las podía molestar». Me encaminé al edificio para subir a molestarlas, que para evitarlo, Ramón me autorizó a cambiarme de habitación. Al oírlo, increíblemente, Timoteo se acercó con sus andares rápidos al Portero para protestarle por haberme dado la razón. Quien no supiese de que iba la cosa, pensaría que Timoteo tendría algún motivo para estar tan indignado conmigo, solo de oírle su enfado porque “dejábamos de ser los camaradas de la camareta 8”.

Dejé a Timoteo y a Ramón hablando y me fui a recoger mis cosas de nuestra camareta. Busqué una camareta vacía en al final del pasillo en forma de «L». Todas las mañanas, al levantarme al baño a lavar la cara, tropiezo con todos los «internos» que duermen en las camaretas del pasillo largo, pero me alegré al comprobar que en el pasillo corto estuvieran todas vacías. Cogí la primera camareta, metí mis cosas en el armario y me fui a dar una ducha. Cuando salí del baño, me encontré con Saturnino en el pasillo y le comenté lo que me acababa de pasar con Timoteo y con Ramón. Nuestra conversación no duró mucho, no tenia ganas de seguir hablando del tema, sobretodo cuando el Portero me había dado permiso para cambiarme. Finalmente, he puesto la mochila contra la puerta para evitar que Timoteo se le ocurra entrar y me he tumbado, en la certeza que Timoteo entrará esta noche y me va a despertar.


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