DÍA 13
Esta mañana he subido con la Trabajadora Social María a su Despacho, para que tuviésemos una cita de Orientación Laboral que yo no le solicité. Cuando me la propuso, no pude dejar de sospechar que detrás de su invitación, estuviese la curiosidad del Director en comprobar mi interés en buscar trabajo. No puedo negar que Marcos tiene motivos para sospechar de las motivaciones en la búsqueda de trabajo de sus «internos», habiendo visto la poca preocupación que tienen sobre la búsqueda activa de trabajo. No he visto a nadie pidiendo fotocopias de su CV y solo a unos pocos les he visto solicitar poder usar el teléfono para llamar a alguna oferta de trabajo que salen en los periódicos. Por ello, no me deja de sorprender que Marcos no sepa, a quien si y a quien no, debería de meter en este saco, aunque en España seamos así.

María es un encanto de niña, tendrá 25 añitos y es tal cual son los Voluntarios que salen por la tele; sonriente, comprensible, solidaria y muy dulce. Cuando María me ofreció su ayuda, me resultó gracioso que una recién Diplomada y trabajando con un contrato que intuyo que es fijo, pudiese comprender la situación laboral de los trabajadores no cualificados, mas allá de poder darme su opinión sobre la precariedad laboral. También que antes de marcharme de Canarias, allí ya no se decía lo que que en Asturias aun se dice, «quien busca trabajo lo encuentra».
El concepto de Orientación Laboral no me resulta nuevo, ya que cuando regresé de Canarias tuve que empadronarme en Oviedo, imprescindiblemente para poder inscribirme en un Cursillo de Soldadura por las tardes, que compaginaba con un Grado Medio/FP1 de Soldadura y Calderería por las mañanas. Cuando me inscribí en la Oficina del Inem de General Elorza, allí me ofrecieron esta ayuda, me apunté y me derivaron a realizarla en la UGT, donde la Orientación Laboral me pareció decepcionante, políticamente hablando. Primero, porque con las instalaciones tan grandes que tiene la UGT en la Casa Sindical, me llamó la atención que me mandasen ir a realizarla en las afueras de Oviedo. Cuando llegué, me encontré en unos bajos de un edificio de categoría, con todo el mobiliario a estrenar, lleno de trabajadores sentados cada uno en su puesto y todos con el mismo modelo de ordenador encima de sus mesas. De esta forma comprobé que quedaba jusitificada toda la subvención pública que el Estado da a los sindicatos mayoritarios, debido a la máxima preocupación que tenemos los españoles por las consecuencias del Paro.
El principal motivo por el que acepté ir, fue para comprobar que el Ayuntamiento no repartiesen de este modo los celebres «puestos laborales reservados al Colectivo en Riesgo de Exclusión», de los que tantas veces he tenido la oportunidad de oír en los medios de comunicación. Este concepto me fue rápidamente aclarado en la UGT, indicándome que «estas cosas las llevaban las ONG´s como Cáritas, donde debería de venir para que ellos me informasen». Tras descartar este supuesto de plano, la Orientadora Laboral me ayudó con las pautas para que redactase un CV nuevo, en el ordenador mas triste de todas las instalaciones, me entregó un librillo incomprensible con todas las empresas relacionadas con el sector del Metal de Asturias y me informó que existían portales de búsqueda de empleo en Internet, para lo cual no podía ayudarme a inscribirme en ellos, pese a que estaba comprobando que no sabía manejar ni Word.
Habiendo tenido esta experiencia previa, esta mañana me encontraba preparado para mi cita con la Trabajadora Social. Había quedado con María que la esperase en el hall a las 9:30 y cuándo ella apareció puntualmente, uno tras otro, Conserjes, «internos» y «externos», todos solicitaban su atención en temas urgentes, que se disculpó posponiéndola para cuando terminase de atenderles. Cómo si de una entrevista laboral se tratase, estuve esperándola nervioso a que me llamase y terminásemos lo que pensé que sería un tramite indispensable para poder convertirme en «seguimiento».
Cuando María terminó con sus obligaciones fue a buscarme, pero como eran las 11:00, me permitió que aprovechase para desayunar, mientras ella se quedó conversando con sus compañeras del Centro de Día. Oír su conversación de que “esta noche un Bombero había estado intentado ligar con ella”, no dejó de entristecerme un poco y no es por que María me gusté, sino por imaginar que María fuese mi novia, donde ella es una Trabajadora Social, yo un indigente en su Albergue y el pretendiente sería nada mas y nada menos que un Bombero. Esta idea lleva todo el día atormentándome y me recuerda una de las reflexiones de mi padre; «cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana». Por otro lado, veo injusto que los «internos» tengamos que estar dentro del Albergue antes de las 23:00 y que mientras esté aquí, nunca podré conocer a una chica en una discoteca y ni mucho menos a lo que pudiese surgir después.
Una vez se terminó el desayuno y con las Trabajadoras Sociales del Centro de Día muertas de la envidia, acompañé a María al ala de los «seguimientos». Subimos al 1º piso y cuándo entré en su Despacho, me quedé sorprendido por tal cómo lo tenía decorado, entre lo profesional y lo infantil. Nos sentamos, ella se disculpó por no tener el ordenador encendido y me preparé con mi CV en la mano para contestarle a diestro y siniestro a todo lo que me quisiese preguntarme. Al ver que estaba tenso y mientras esperábamos a que se encendiese el ordenador, María me comentó algunas de los cambios que había hecho en el Despacho y las mejoras que pensaba acometer, entre ellas “cambiar de ordenador por que el suyo era una patata”. Como ayer no tuve la oportunidad de comentárselo, le conté que «había acudido a una Tutoría Individual de Orientación Laboral». María dejó de ordenar su escritorio y levantó la mirada sorprendida. Me preguntó sobre “¿que había hecho allí?”, “¿de que me había servido?” o “¿que me había parecido?”. Escuchó atentamente mis respuestas y al comprobar que ella debe de dar un servicio menor que en la UGT, se disculpó y dio por terminada la entrevista. Me quedé sorprendido y la impresión que me dio, fue que simplemente se había buscado a alguien para poder practicar este tipo de entrevistas.
Aunque me había imaginado que no me serviría de mucho su Orientación Laboral, después de haberla hecho recientemente en un sindicato con fuerte presencia en el sector del metal, subí por estar obligado con el Albergue, pero además para preguntarle por los «puestos laborales reservados al Colectivo en Riesgo de Exclusión» y enterarme de cuales son los requisitos por los que Cáritas los adjudica. Ya había salido del Despacho, cuando me volví a asomar y le pregunté, siendo su contestación; «esas cosas no las llevamos nosotros y debía de preguntar en el Ayuntamiento». Ciertamente bajé decepcionado del ala de los «seguimientos», no por su sinceridad evitando que perdiésemos el tiempo con la entrevista, ni por no ofrecerme un puesto de trabajo, sino por estar agotado después de haber estado toda la mañana esperando a que me atendiese. Mis sospechas de que Marcos estuviera detrás de esta entrevista, se esfumaron, cuando para rematarme, María no sabia nada de que pasado mañana tengo la entrevista en IMASA.
La solución a la pobreza, parte por paliar los problemas que conducen a esta situación y que están ampliamente definidas por el Trabajo Social, pero básicamente la indigencia se soluciona teniendo apoyos sociofamiliares y un trabajo que nos permitiese tener ingresos económicos estables. Sin todavía saber como los Titulados de lo Social, quienes desean tener un millón de amigos y mantener una buena relación con su familia, solucionan nuestra falta de apoyos sociofamiliares, también desconozco en que han consistido las medidas que impulsaron en los últimos años para nuestra Inserción Laboral.
Sobre los puestos laborales reservados al Colectivo en Riesgo de Exclusión Social de los Planes de Empleo de los Ayuntamientos, solo puedo decir que desaparecieron sin que los Titulados de lo Social se pronunciaran al respecto, contra esta medida lesiva contra nuestros intereses. Hasta que esta solución desapareciera en Gijón, sin poder concretar el año, solo puedo decir que las Entidades sin Animo de Lucro nunca promocionaron esta solución entre los indigentes. Intuyo que la desaparición de esta Política Social se debió a que se comprobó que esta “discriminación positiva”, no beneficiaba a los destinatarios y que los Titulados de lo Social promocionaban a familiares y amigos.
Con esta noticia impulsada por los Titulados de Sanidad de los servicios de Salud Mental del Área V del Principado de Asturias, responde a las necesidades de los pacientes con apoyos sociofamiliares. Soluciones viables siempre ha habido y no haría falta continuar pidiendo a la sociedad su colaboración, ya que los «usuarios cronificados» de todos los colectivos beneficiarios de Políticas Sociales, podemos trabajar con estas condiciones en nuestras Entidades sin Animo de Lucro, junto a los Titulados de lo Social que tanto se esfuerzan por nuestra Integración Social.
Limpios de todo prejuicio//lne.es//23-02-2010
La lavandería de Cabueñes, con varios premios por su alto rendimiento, colabora en un proyecto de inserción laboral para pacientes con trastornos mentales

Aunque Luis Álvarez no es miembro de la Real Academia de la Lengua Española, también se dedica a limpiar, sacar brillo y dar esplendor. Todas las mañanas desde hace varios meses acude a la lavandería del Hospital de Cabueñes para demostrarse a sí mismo y «al resto de compañeros» que es capaz de desarrollar un trabajo de forma autónoma. Él es uno de los 105 trabajadores que han participado a lo largo de los últimos tres años en el programa de inserción laboral para personas con trastornos mentales severos que puso en marcha este servicio del área sanitaria de Gijón, Carreño y Villaviciosa.
«En noviembre de 2006 iniciamos este programa pionero que ya ha recibido varios reconocimientos nacionales», asegura Ignacio Calvo, técnico de inserción laboral del área de Salud Mental. La gran peculiaridad de esta idea es que el paciente, además de pasar por una serie de pruebas realizadas por especialistas para determinar su capacidad laboral, tiene la oportunidad de poner en práctica sus habilidades en la lavandería. «Este programa les facilita una adquisición de hábitos necesarios para poder desarrollar un trabajo en un futuro y, además, les permite constatar que son personas que pueden convivir en un ámbito social normalizado», dice Calvo, «encantado con la colaboración prestada por el personal del hospital».
Por supuesto, entre este personal juega un papel determinante el de la lavandería, donde los participantes en el programa desarrollan su actividad. «Da gusto ver lo responsables que son y lo que mejoran día a día, más incluso que los que estamos fijos», indica Antonio Álvarez, jefe de este servicio, que da empleo a 34 personas y atiende no sólo las necesidades del Hospital de Cabueñes, sino también las de la Cruz Roja, las del Valle del Nalón, las de la Casa del Mar, la Residencia de Pumarín y el centro de Salud Mental de Montevil. En total, cada siete horas, por este gran hangar anexo al edificio principal del centro pasan siete toneladas de ropa.
En cada uno de los turnos estipulados por el programa del área de Salud Mental desarrolla su labor un máximo de tres pacientes durante un período de tres o cuatro meses. Cada uno está supeditado a un tutor de empresa, que controla el cumplimiento de sus horarios, la eficiencia de su trabajo y su iniciativa personal. «Hace muchos años que trabajamos para lograr que las personas con trastornos severos tengan un hueco en el mundo laboral, pero nunca antes habíamos conseguido un nivel de inserción tan alto», asegura José María Fernández, coordinador de los servicios de Salud Mental del área V.
Parte de este éxito se debe a que la lavandería de Cabueñes funciona como una máquina perfectamente engrasada. Las planchadoras, lavanderas, celadores, encargados y distribuidores reciben diariamente 17.000 prendas, entre sábanas, colchas, toallas, mudas y camisones. Todas ellas pasan por distintos módulos, donde primero son humedecidas para después someterse a la desinfección, un proceso blanqueante y otro final suavizante. «Aquí todo funciona como un reloj», dice el encargado, Antonio Álvarez.