LAURA
Como hoy es miércoles, debía de pasarme a pedir el «Vale de comidas» por la Oficina de Información al Transeúnte. Sobre las 11:00 terminé de hacer todas mis cosas en el Centro de Día y cuando llegué a la avenida de la Constitución, dentro de la Oficina había cuatro personas sentadas esperando a ser atendidos. Después de mi experiencia de la semana pasada, que me fui y a mi regreso eran el doble, les pedí la vez y me quede de pie enfrente de ellos. Estuve poco tiempo dentro, el tiempo que tardaron en quejarse que “la Trabajadora Social Laura no había empezado a atenderles y llevaba más de una hora colgada del teléfono”. Los comentarios contra Laura eran tan negativos, como negativas se veían las personas que los pronunciaban bebiendo tragos de cerveza. Las quejas se basaban en las risas y los anécdotas personales, que se le oía contar a Laura por detrás del tabique divisorio que nos separaba. No les importaba que si nosotros podíamos oírla a ella, ella también podría oírles a nosotros. Estos «transeúntes» nunca entenderían que para encontrar soluciones en casos tan inverosímiles como los nuestros, una Trabajadora Social deberá relacionarse con los estamentos, más allá de solicitar, o incluso, deberá de reírse aunque no tenga ganas.
Como en la Salita de Espera no entrabamos todos sin respirar la exhalación de los unos con los otros y con el yuyu que me vean en esta Oficina cualquier persona que pase por la avenida de la Constitución, me quise ir a dar un paseo para que disminuyera la cola. Informé a quien me había dado la vez que “iba a dar una vuelta”, pero me advirtió que “él no me iba a guardar la vez por que solo sirve para tener problemas”. No le di mayor importancia y me fui a sabiendas de que cuando volviese tendría que pedir otra vez la vez.
Cuando regresé a las 12:00, la queja colectiva se había trasformado en dos horas y habíamos pasado a ser nueve personas las que esperábamos, entre los que estaban dentro y los que que quedaron esperando fuera de la Oficina. No pasó mucho tiempo, cuando Laura empezó a atendernos y el primer «transeúnte» salió en dos minutos con su “Vale de comidas”. Entró el segundo y tardó en salir mas de diez minutos por que le pidió un “Vale de cama”. Entró el tercero y salió rápido con el “Vale de comidas”. Entró el siguiente, que fue quien mas tardó en salir y a continuación entró el quinto, el cuál nada mas entró en el privado, le llamó la atención airosamente a Laura por “haberle hecho perder toda la mañana esperando”, la cual, ni corta, ni perezosa, le contestó de tal manera y forma, que yo por orgullo no volvería a asomarme más estando ella.
Al oír las voces que salían de la Oficina, todos los que estábamos esperando en la calle, nos asomamos para ver lo que estaba pasando dentro. El «transeúnte» en cuestión, era un extremeño de unos 60 años que lo tengo visto pro el parque Europa. Entró en nuestro privado dejando la puerta abierta, por lo que todos pudimos ver el espectáculo que le armó a Laura. El «transeúnte», al que he visto cenando alguna noche por la Cocina Económica, le repetía a grito pelado, “estoy hasta los güevos de esperar” y continuar gritando, “tengo prisa”. Posiblemente tenia prisa para continuar bebiendo mas cerveza en la calle, pero algo de razón tiene, no se puede estar dos horas para conseguir un trámite semanal insustancial.
Después de llevar toda la mañana queriendo quitarme el «Vale de comidas» de encima, empecé a pensar que me iba a ir sin conseguirlo. Si alguno de los demás, solicitase otro “Vale de cama”, la cosa se podría demorar tanto que llegaría para comer las sobras de lo que hubiese habido para comer. Por tanto, a mi sensación de hambre, sumado al aburrimiento de esperar, se sumó la desesperación de no llegar a tiempo a la Cocina Económica y se me hizo un nudo en el estomago. Esta circunstancia, me hizo temer que tendría que disculparme con Pepón por no llevarle el “Vale de comidas”, que aunque Pepón sea comprensible, no me gustaría “abusar” de él en algo tan insustancial y el día que le tenga que pedir algo importante me pueda acusar verdaderamente de “abusar”. No solo esto, sino que tendría que volver por la tarde a hacer la cola en la Oficina, por segunda vez el mismo día.
No fue necesario, aunque se debió de quedar sorprendida con el quinto «transeúnte» del día, Laura empezó a darle voces también y consiguió sacarle una sonrisa al extremeño, de quien me imagino debe de tratarse de un viejo conocido de la Oficina. Aunque el extremeño no se lo merecía, Laura le dio el “Vale de comidas”, sin tener en cuenta su total falta de respeto entrando a voces. Con el “Vale de comidas” y litrona en mano, salió de la Oficina, sonriéndonos buscando nuestra aprobación. Antes de marchar, quiso hacerse el gracioso e hizo unos comentarios que casi se podría decirse que aprobaba el trato recibido por Laura, quien dio paso al siguiente con un tono de voz tal, que le hizo dudar de entrar al sexto. Al final, cuando llegué a comer eran las 12:45 y no habían abierto todavía la puerta. Cuando llegué tuve la oportunidad de hacer la tercera cola en el día de hoy, siendo esta vez el trigésimo o el cuadragésimo, teniendo en cuenta la constante cola que me supone entrar en el Centro de Día.

A algunos “transeúntes” les pregunté por su opinión, sobre las Trabajadoras Sociales de la Oficina, después de comprobar el consenso que hubo contra Luisi, la Directora del Albergue de Avilés, que en la media docena de ocasiones que ha surgido su nombre, una docena de “”transeúntes” han estado totalmente de acuerdo en que deberían despedirla. Para esta nueva encuesta, elegí unicamente a personas que percibiese que no quieren vivir “en la calle” y que todavía se encuentren en condiciones para trabajar. Primeramente ninguno sabia nada del reparto institucional de la Oficina, segundo es que casi ninguno sabían los nombres de las Trabajadoras Sociales y tuvimos que concretar de quien hablábamos por su compresión física y el resultado final es que a Elena no la conoce casi nadie, de Laura hablan mal aunque a mi me caiga bien y de Mónica hay división de opinión, los hay que muy bien y los habemos que muy mal.
- 21-04-10 Permanece el centro cerrado al público desde las 16:30 h. hasta las 17:45 h. debido a que el cupo de personas se encuentra completo. Fdo. Luis
