DÍA 21
Esta tarde fui a conocer el Centro de Día, el cuál al lado de su puerta de entrada, tiene un cartel enorme del «Exmo. Ayuntamiento de Gijón«, definiéndolo como «Centro Municipal Encuentro y Acogida«. Me acompañaba Inma, quien me explicó previamente lo que iba a pasar cuando entrase y aunque creí que exageraba, luego lamenté no haberla escuchado más atentamente.
Cuando picamos al timbre del Centro de Día, me sorprendió que un Vigilante de Seguridad nos abriera la puerta. El Vigilante, al no haberme visto antes por allí y confirmarle que «era la primera vez que acudía al Centro de Día», avisó a uno de los Trabajadores Sociales que me condujo hasta su Despacho, cerró la puerta, nos sentamos y quedamos mirándonos el uno para el otro. Primero, el Trabajador Social empezó organizando los papeles que tenía sobre la mesa y mientras esperaba a que me hablase empecé a temblar como un flan. Cuando acabó de colocarlos, me sonrió y me preguntó “¿si era la primera vez que acudía a Café y Calor?”, a lo que contesté que “si”, me preguntó “¿si conocía algún Centro de Día?” y le contesté que “venia de estar 10 días en el Albergue de Oviedo y había conocido el Centro de Día que está en el patio”, me preguntó “¿si conocía la dinámica de los Centro de Baja Exigencia?”, a lo que contesté que “no”.

Empezó explicándome los horarios del Centro de Día. Por la mañana de 10:00 a 12:30 y por las tardes de 16:00 a 19:30, todos los días del año, domingos y festivos incluidos, ya sean fiestas locales o nacionales, incluido en Navidad y Año Nuevo. Me preguntó «¿si tenía adicciones?», a lo que le contesté que «no» y prosiguió.
En el Centro de Día podría tomarme un café en la máquina gratuita dispensadora y coger todos los paquetillos de galletas que deseé. Además cuentan con un Servicio de Lavandería, donde podemos lavar nuestra ropa, ducharnos y afeitarnos, salvo los fines de semana y festivo. Me explicó el funcionamiento de los 6 turnos para lavar ropa por la mañana y los 9 turnos por la tarde. Para ello tendría que acercarme antes de que abriese el Centro de Día y ponerme de acuerdo con los demás «usuarios». No me hizo demasiada ilusión oírlo. Para usar una de las tres duchas, tengo que pedírselo primero al Trabajador Social de la Lavandería, después me llamarán por estricto orden y me recalcó que “nunca hacían excepciones”. De la misma manera que para usar un lavabo y poder afeitarme. Para terminar, me explicó todo lo que está prohibido, una a una, especificando punto por punto las excepciones y podría asegurar que no se le debió de olvidar ninguna, pues sin conocerlas, por su forma de decírmelas con tanta soltura y seguridad, casi parecía que me las estaba recitando de tantas veces que las habrá tenido que repetir. Como era el primer día y quería darle buena impresión, «le tuve que rogar que parase, ya que era incapaz de asimilar tanta información». Conseguí congraciarme con él, ya que me reconoció que “era muy difícil acordarse de todo el primer día”. Por último, me preguntó “¿si me estaba quedando en el Albergue?”, que asentí con la cabeza y dio por finalizada la entrevista. Salí del Despacho con muy buena impresión del Centro de Día y del Trabajador Social, que por algún extraño motivo, cuando salimos del Despacho me explicó el funcionamiento de la típica máquina gratuita dispensadora de café, leche, chocolate, infusiones y sus mas conocidas combinaciones, junto a las opciones de «sin azúcar» o «extra de azúcar». Además me enseñó que encima de la máquina, dentro de una vasillo metidos, están los palitos para remover la bebida en caso de que la máquina no los dispense con la bebida seleccionada.
Le pregunté «¿si trabajaba para Cáritas?», que por su peculiar forma de reaccionar ante mi pregunta, enseguida comprendí que que «no», informándome que «ellos trabajan para el Ayuntamiento y no tienen nada que ver con la Iglesia». La pregunta tampoco iba tan mal encaminada, después de haber conocido a Elena en la Oficina de Información al Transeúnte, donde en la puerta posee un cartel del Ayuntamiento similar al que tiene en su exterior el CMEA y ella si trabaja para Cáritas. Resulta curioso comprobar que un servicio como este no haya sido privatizado y que siga siendo de titularidad municipal, por tanto todos ellos son Funcionarios.
En el CMEA trabajan tres Trabajadores Sociales, quien me atendió se llama Xosé y sus dos compañeras se llaman Silvia y Alejandra. Los tres tendrán más o menos mi edad. Uno se encarga de la Sala de la Lavandería, otro del Servicio de la Cocina y a Xosé le tocó darme la «Bienvenida», además de conversar con toda aquella persona que lo necesite o informarnos a todo aquel que lo deseé, «sobre los demás servicios que nos prestan otras Entidades Sociales de Gijón». También está el Vigilante de Seguridad, cuyo nombre es Luis, tendrá unos cincuenta años y está sentado en la misma mesita donde están sentados los Trabajadores Sociales en unas butacas, enfrente de la puerta de entrada y de espaldas a la puerta de la Lavandería.

Aunque el CMEA está a 50 metros de la puerta del Albergue Covadonga, el escenario donde se encuentra es muy distinto. Mientras la puerta del Albergue está en un páramo de coches, la puerta del Centro de Día está en un escenario postapocalíptico de industrias abandonadas y en semi-ruinas. El propio edifico donde se ubica Café y Calor en sus bajos, forma parte de aquel mítico tejido industrial de Gijón, hoy ya desaparecido. Eso es la calle Diario El Comercio, donda la rotativa de este periodico se encuentra a unos 100 metros de nosotros.
La fachada del Centro de Día es la original del edifico y está desconchada por varios sitios. Por encima de la entrada de Café y Calor, dos pequeños focos apuntan al umbral de la puerta. A la izquierda de la puerta hay un buzón de cartas hecho artesanalmente por un calderero y a la derecha está el timbre, junto al enorme cartel del Ayuntamiento. La puerta es de chapa que parece que absorbería todos los golpes que quisieras darle y los cristales deben de ser antibalas, con unos estores ocultando el interior. Todas las ventanas que dan a la calle son nuevas y de carpintería de aluminio, con cristales opacos también ocultando el interior y protegidos con unas sencillas y solidas rejas.
En el interior del Centro de Día sus paredes están pintadas de blanco, el techo es de placas desmontables de yeso y el suelo son baldosas que soportaron bien el trascurso del tiempo. Existen 2 columnas en la Sala de Lecturas que condicionan la distribución de las mesas. Cuenta con 6 mesas para 24 plazas de sillas, 4 mesitas para 18 plazas de butacas, mas la mesita con 4 plazas para los tres Trabajadores Sociales y el Vigilante de Seguridad. En total cuarenta y seis «usuarios» y cuando se llega a esta cifra no permiten entrar a nadie más, hasta que primero no lo abandone algún «usuario». De eso ya me he dado cuenta que tiene que ser el pobre Vigilante de Seguridad, como parte de su trabajo, quien tiene que dar la cara con los indigentes que no entienden que está estipulada la Capacidad Máxima y deben de esperar fuera para poder entrar.

La distribución del Centro de Día quedaría como se ve en la fotografía y según el sentido horario: al entrar por entrada encuentras una enorme Sala de Lectura, donde de frente está la puerta de un patio interior abandonado y a la izquierda está la puerta de la Lavandería. Por otro lado, a la derecha, en el fondo de la Sala de Lecturas están la puerta de la Sala de fumadores, el Despacho, la máquina dispensadora de bebidas calientes, un pie enfriador de agua de acero y unos módulos de cocina con fregadero, lavavajillas y microondas. La Sala de fumadores tiene una ventana que da al patio y otra ventana hacia la propia Sala de Lecturas. El Despacho del Centro de Día asemeja ser una Enfermería y no tiene ventanas. En cuanto a nuestro patio, parece el patio de una Penintenciería de un país caribeño y parece ser que solamente lo abren durante el verano, mientras el resto del año está prohibido salir.
Por otro lado, la puerta de Lavandería esta a la izquierda de la puerta de entrada y consta de una primera antesala, donde están las 4 lavadoras y encima de ellas hay 3 secadoras. A continuación, está la antesala de los baños donde están 2 váteres para los hombres, en la esquina del fondo hay 2 lavabos, en la pared del fondo están las 3 duchas y en la otra esquina del fondo está el váter de las mujeres, el cuál es del doble de tamaño que juntando los 2 diminutos váteres de género masculino. Los váteres de los hombres son tan pequeños que hasta que no cierras la puerta, no puedes sentarte en el trono, además que tampoco tienen pestillo para poder cerrar por dentro. Por otro lado, las 3 duchas tienen una antesala de un metro cuadrado donde desvestirse, previa al metro cuadrado de la ducha. Las paredes de los váteres y las duchas no alcanzan el techo y terminan en 2´5 metros, a la vez que las puertas están elevadas 20 centímetros del suelo. Los Trabajadores Sociales cuentan al inicio de la Lavandería con un armario con llave y es donde entregan las útiles necesarios para nuestro aseo, ya sea la ducha o afeitarte. Anexo a la Lavandería y dentro de una zona restringida a los «usuarios», están el almacén, los vestuarios y el baño de los trabajadores.
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17-03-10 Permanece el centro cerrado al público desde las 16:40 h. hasta las 18:10 h. debido a que el cupo de personas se encuentra completo. Fdo. Luis
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17/03/10 Se llama al servicio técnico de Whirlpool por una lavadora que no centrifuga. Fdo Silvia
