DÍA 28
Empezaba a tener dudas razonables sobre la efectividad de todo lo que estaba observando en los Albergues. Sin tener posibilidad de reponerme de verme en la calle y entrar en Entidades Sociales con todo tipo de Titulados Universitarios de lo Social, incluyendo Psicólogos, tuve que asumir todo lo vivido en Avilés y no “renovar”, tener que ir a Oviedo y tampoco “renovar”, venir a Gijón y extrañamente tener que sentirme aliviado por haber «renovado».
Entre medias, veía las soluciones a cualquier excepción que todos los Trabajadores Sociales dispensaban a mis compañeros en las llamadas “emergencias sociales”, basado literalmente en el uso del autoritarismo para hacer cumplir esa Norma, sin importar las evidentes consecuencias negativas que tendría no hacerla. Aunque el trato que a mi me dispensaba era algo mas correcto, indirectamente tenía que aceptar las mismas Normas y asumir sin mas explicaciones, decisiones que me afectaban en mi dignidad y necesidad de encontrar trabajo. El mantra para hacernos entender nuestra cruel realidad, era y sigue siendo; “que debemos de dejar nuestra cama libre para alguien que lo necesite mas que nosotros y pensar un poquito mas en los demás, que sois muchos y no hay para todos”.
Por otro lado, el Centro Municipal Encuentro y Acogida era distinto a los Centros de Día de Avilés y Oviedo, debido a no estar dentro de un Albergue, ser totalmente independiente y tener Seguridad Privada. Entre la población que lo frecuentábamos, tenía la singularidad de estar a pie de calle y situado en una zona que se la podría definir como aislada, pero enfrente de la Comisaría de la Policía Nacional. Allí empezaba a observar las consecuencias negativas que tenían las Normas entre viejas “emergencias sociales” y no hacerles excepciones en cuestiones tan básicas, pero en el día de hoy el comportamiento de sus Trabajadores Sociales me dejó impresionado.
La primera anotación en rojo es de la Trabajadora Social Silvia, la segunda anotación es la del Vigilante de Seguridad Luis y quien suscribe esto, que me encontraba en la mesa pegada a la Sala de fumadores. El «usuario» en cuestión se llama Victor, es portugués, tendría unos 40 años y entró en el Centro de Día con un brazo escayolado hasta el sobaco.
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24/03/10 Se expulsa a un usuario llamado Victor (portugués que venia con el brazo escayolado) por dar una patada a la puerta de la sala de fumadores. Primero se le había avisado en un grupo en el que estaba el usuario, que hablase mas bajo a lo que ya contestó “a mi que” y se le recuerdas las normas, parece tranquilizarse pero luego da la patada en la puerta. Se le comunica que tiene que abandonar el Centro y tiene que intervenir el vigilante de seguridad. El vigilante de seguridad se acerca a la sala de fumadores para expulsarlo y el usuario intenta agredirle con las manos y se pone cada vez mas violento. Voy corriendo hacia la alarma para dar a los dos botones de SOS, en ese momento me ve Xosé que está en lavandería y nos dirigimos hacia la sala de fumadores para sacar a todo el mundo fuera de ese espacio, mientras que Alejandra llama al 091 por si la alarma no estuviera activa.

Primeramente, ver a Silvia como se ensaña escribiendo contra Victor. Escribe que “le llama la atención por hablar alto”. Eso no lo escuché, pero era habitual que nos llamen la atención por hablar alto, todo el día, todos los días. Escribió que le contestó “a mi qué”. Eso tampoco lo escuché, pero como se puede comprobar en el listado previo que figura en el LIBRO DE ACTAS DE CAFÉ Y CALOR, era habitual que algunos «usuarios» contestasen incorrectamente después de que les hubieran llamado la atención en público. Escribe que “se tranquilizó”. Eso no lo vi, pero no deja de ser normal, aunque nos indigne lo injusto de haber sido reprendidos. Hasta aquí son las Normas y por lo que estaba viendo era lo normal. Continua diciendo que dio “una patada a la puerta” y esto es «falso». La patada que menciona, no sé cómo Silvia pudo haberla visto desde dónde estaba sentada junto al Vigilante de Seguridad, entre los “usuarios” sentados en las mesas centrales y las dos columnas y cómo barreras arquitectónicas.
La puerta de la Sala de fumadores y la puerta del Despacho, eran los dos únicos elementos que no fueron sustituidos por carpintería de aluminio y eran las originales del edificio. La puerta de la Sala de fumadores era el simple marco de un cristal, que al abrirla y sobretodo al cerrarla, parecía que el cristal se iba a romper porqué estaba mal fijado. Normalmente, los «usuarios» les pedían “perdón” a los Trabajadores Sociales con gestos ostentosos, pero este no fue el caso. El portugués entró en la Sala de fumadores y no la acompañó dejando que la puerta se cerrase sola. Es verdad que hizo ruido, pero el habitual y en lo que a mi respecta, no me pareció que lo hubiera hecho intencionadamente. Había ido a fumar un cigarrillo con un brazo escayolado y se lió al cerrar la puerta con su única mano. La cara de Victor al ver cómo Silvia se dirigía decidida hacía la Sala de fumadores, si me demostró fastidio, sobretodo si anteriormente ya le había llamado la atención. Silvia continúa acusándolo de querer «agredir al Vigilante», palabras muy fuertes para lo que realmente pasó. Utiliza, además, la palabra «violento», otra palabra muy fuerte. Después dice que “ella y Xosé fueron a sacar a la gente” y esto es mentira, a la Sala de fumadores solo se acercaron a mirar, de lejos y riéndose. Por último, se pone a contar un cuento que no vi, pero no me parece probable. Como solo hay un teléfono y Alejandra fue la que llamó al 091, Silvia y Xosé se apresuraron a dar a los botones SOS. Solo falta que alguien les escribiese como comentario; «Felicidades chicos, buen trabajo a todos por vuestro valor».
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24-03-10 Se expulsa del centro a un usuario llamado “Victor” y cuando voy a realizar la intervención se pone chulo y agresivo. Le digo que apague el cigarro y que por favor abandone el Centro a lo que me contesta que no, que cuando termine el cigarro. Le vuelvo a repetir lo mismo y apaga el cigarro de mala manera y se niega a abandonar el Centro poniéndose a insultar tanto a los educadores como al vigilante. Me pongo frente a él y se lo digo por última vez sale por las buenas o me vería obligado a llamar a la policía y ellos le sacarían, a lo que contesta: llama, llama y pega su frente contra la mía, amenazándome, momento en el que le cojo del brazo para que abandone el centro y me lo quita poniéndose a golpearme. Me veo obligado a forcejear con él unos instantes mientras uno de mis compañeros educadores llama a la policía “091”. Consigo que me suelte y le tengo retenido en la sala de fumadores hasta que llegue la policía. A los diez minutos llega la policía; les comento lo sucedió y le identifican en la misma sala de fumadores y a los pocos minutos sale el usuario del centro y los policías se quedan unos instantes en la sala de fumadores. Salgo detrás del usuario por que tenia ropa lavando, y en vez de salir del centro, se dirige al compañero de lavandería a reclamar su ropa y evitar una posible agresión. En este momento salen los policías de la sala de fumadores y uno de la de las educadoras les dice que tiene que salir del centro ya, por que esta expulsado. Entonces se acercan hasta la puerta, el usuario recoge su ropa y salen todos del centro.


La segunda parte es de Luis, que no le resulta importante mencionar la hora que ocurrieron los hechos, como a las 11:00 de la mañana. Empieza llamándolo «chulo y agresivo», pero eso parece que no le desanimó a pedirle «por favor» que le obedeciese. Silvia le “expulsa” delante de todos, se niega, acude Luis y Victor apaga el cigarrillo, lógicamente de «mala manera». Luis le acusa de «insultar a los educadores y a él» y esto ni lo oí yo, ni tampoco Silvia lo menciona en su anotación. Luis decidió ponerse «enfrente de él» y se lo repitió por «ultima vez». Aquí pareciese que a Luis se le había acabado la paciencia con Victor. En este momento, Luis decide pegar su cabeza a la de Victor, por si en vez de no oírle, no le viera. Lo amenaza “con la Policía” y al ver que a Victor no le impresionaba y seguía sin obedecer a lo que le ordenaba, quiso cogerle por el brazo bueno y reducirlo. Por tanto, fue Luis quien se puso demasiado cerca. Victor, aunque tullido, se safó rápidamente y esto le causó cierto miedo a Luis, quien se asustó y salió apresuradamente de la Sala de fumadores. A pesar de que el cristal «ruidoso» mide mas de un metro de largo, resolvió parapetarse detrás de él, bloqueando la manilla de la puerta firmemente con su manita y dejando en el interior al violento “usuario”, junto a los demás «usuarios» que habían ido a fumar. Silvia, riéndose tras ver la resolución de Luis encerrando a Victor, le recordó «que debería dejar salir a los usuarios», quienes intentando disimular, alargaron sus cigarrillos y asi no poner en evidencia a Luis teniéndoles que abrir la puerta. Parece ser que sea por esto, por lo que Silvia dice en su «atestado» que se dirigieron «a sacar a todo el mundo fuera del espacio». Una frase digna de enmarcarla, cómo a ella.
Después llegaron cuatro policías nacionales, con una actitud muy agresiva, quienes tras oír el motivo de haber sido requeridos, entraron en la Sala de fumadores y se pusieron a hablar con el portugués. Allí pudieron comprobar que el “sospechoso” estaba tranquilo, les atendió adecuadamente a sus indicaciones, tenía buena apariencia y se apreciaba que era un simple trabajador.
Tras identificarlo, la Policía Nacional lo dejaron salir de la Sala de fumadores y lo acompañaron para que saliese del Centro de Día. Lo peor de todo fue que Victor estaba lavando su ropa en la Lavandería y Xosé sacó su ropa de la lavadora y con aires de superioridad, se la entregó a Victor delante de la Policía. Al safarse de la llave de kung-fu del Vigilante, Victor arañó minimamente la cara Luis con la escayola, al querer quitárselo de encima. Los Policía Nacionales se preocuparon por Luis y le propusieron que interpusiese denuncia, quien hizo esfuerzos para mostrarse profesional, después del bochorno que estaba protagonizando. Una vez se fue la Policía Nacional, le pregunté a Luis «¿si estaba bien?», a lo que sonriente me contestó que «no era nada». Luis me contestó que “nada”, pero viendo lo que escribió parece que consiguió retener a un peligroso terrorista hasta que la llegada de la Policía.
Increíble parece que estando ya presente la Policía Nacional dentro del Centro de Día, Luis escriba: «Salgo detrás del usuario por que tenia ropa lavando, y en vez de salir del centro, se dirige al compañero de lavandería a reclamar su ropa y evitar una posible agresión». Que vergüenza de valor profesional y que su testimonio tuviese cierta veracidad delante de un Juez, pensar si finalmente le denunció y las consecuencias legales que Victor tuvo que afrontar.
La forma como se comportaron desinhibidamente los Trabajadores Sociales riéndose durante lo que duró la «expulsión» de Victor, no solo fue de una total impunidad, sino que nos observaban a los «usuarios» presentes como si fuéramos meros insectos, sin importarles la pésima impresión que nos pudiese causar su manera de proceder. El autoritarismo que al principio mencionaba y continuo en este párrafo, se ve reflejado en la forma como el Vigilante de Seguridad lo escribe en el Libro de Actas; “tiene que salir del centro ya”.