MI PRIMER VALE
Me encuentro tan despreocupado y tan estresado, que esta mañana se me olvidó ir a la Oficina de Información al Transeúnte para «renovar» el «Vale de comidas». Al mediodía, Pepón me ha recordado que «el plazo expiraba hoy y que debía ir a buscarlo». Le he expliqué a Pepón lo extrañamente cruel que fue conmigo la Trabajadora Social Mónica cuando me «expulsó», desahogándome y esperando una solución y solo he conseguido que Pepón me sonriese. Lo que yo le estaba planteando, aunque solo pretendía de algún modo justificar mi olvido, seria que él contradijera a un Universitario y es comprensible su lógica sonrisa siendo un simple Portero. Su sonrisa me ha recordado que al igual que yo ahora, él también fue un «usuario» que consiguió que le valoraran sus condiciones humanas y lo contratasen en el Albergue Nocturno. Esperando entrar al Comedor Social en las escaleras, mientras veía a Pepón preguntado los números según avanzaba la cola, tenía incrustradas en la mente las palabras de la Trabajadora Social Mónica, “voy a tener que volver si quiero comer”. Si en el Albergue de Avilés no me atreví a pedir una manta por miedo a que me la negasen, ahora me voy a tener que humillar ante quienes me han repudiado y pedirles el «Vale de comidas». Me va a resultar duro, pero la vida es así.

Tras almorzar, lo único que deseaba era que esta tarde no estuviera Mónica y encima tener que recibir de sus manos el «Vale de comidas». Fueron pasando las horas mentalizándome en tener que volver a la Oficina y lo único que tenia claro, era entrar cuando no pasase nadie por la avenida de la Constitución. No se puede decir que me estuviera mentalizando, solo caminaba sin ningún pensamiento y en la cabeza incrustada la mera idea de tener que regresar a la Oficina. Es por ello que hoy conocí la acción de “deambular sin rumbo” y debo añadir que implícitamente hay que añadir «tristemente”. No una tristeza de ir llorando por las paredes, sino una tristeza leve pero verídica. Serían las 19:00, cuando me encaminé apresurado a buscar el «Vale de comidas» para no quedarme sin cenar. Procuré que nadie me viese entrar en la Oficina, intenté ser lo más discreto posible y creo que de lo descarado que fui disimulando, hice que fuera evidente que era un «transeúnte» a punto de entrar a pedir algo en esta Oficina.
Entré y no me encontré a nadie en la Salta de Espera. La puerta del privado estaba cerrada, piqué a la puerta y entré en el privado con decisión, encontrándome con la Trabajadora Social Elena, quien estaba enterada de mi «expulsión» y antes de poder saludarla, tuve que justificarme «por haberme cambiado de camareta». Pese a lo preparado que lo tenía por si recapacitaban en su decisión, resultó ser la curiosidad de Elena que ninguna intención de reconsiderarlo, que tras contarle mi experiencia con un drogadicto de mono, recordarle el apuñalamiento de la Hermana Marcelina, mencionarle el motivo expreso de mi «expulsión», cuando terminé mi exposición de los hechos, al final conseguí que me sonriese.

Mientras hablabamos y dado que el viernes tengo la Cita con los Psicólogos en Oviedo, le consulté sobre la posibilidad «¿que me pagasen el billete?». Solo con el ruido inical de su contestación no me hacía falta que me dijera que «aquí no pagamos billetes». En cambio, me aconsejó que fuera a comentarlo a la Oficina de Cáritas, situada en la calle Álvaro de Albornoz, sin saberme decirme cual era el número del portal que Aquilino se sabe de memoria. y al igual que él, «dudando que me lo fuesen a pagar». Según me dijo, «ella no podía llamar por teléfono a sus compañeras y preguntarles, tenía que ir yo a preguntarles directamente a ellas». Mientras Elena me escribía mis datos personales y por cambiar el tema sobre pagarme el billete, le proseguí con las dudas que me surgen con Cáritas, la Entidad Social a la que me dijo que pertenecía la Oficina, pero hoy matizó sus palabras. Ella está contratada por Cáritas, pero la Oficina pertenece a la Fundación Municipal de Servicios Sociales, a la vez que Mónica la contrató la Fundación Albergue Covadonga y a Laura la contrató la Asociación Gijonesa de Caridad, nombre administrativo por el que se conoce a la Cocina Económica.
Con semejante esclarecimiento del organigrama corporativo, es evidente que aquí no se puede improvisar nada y todo estará marcado por lo que salga en el ordenador, incluida mi «expulsión», de la que ya debe tener constancia el Ayuntamiento. Que injusto y desproporcionado me parece todo. Mientras seguía escribiendo, solo podía pensar en que quizás ahora, si deba temer que me afecte en el Juicio contra mi madre. Si en su día me pareció raro que la Oficina no estuviese en uno de los dos Albergues, esto me confirma que por activa y pasiva, que el Trabajo Social funciona mejor de lo que Ambrosio me quiso hacer creer y que tienen que estar muy bien coordinados hasta para poder hacer las cosas con los ojos cerrados.

Con el “Vale de comidas” en mi mano y hasta que fuera la hora de cenar, volví al Centro de Día para entrar al vatér para mear. Salí todavía meditando sobre el reparto institucional de la Oficina y cuando pase por la mesa de los Trabajadores Sociales, se lo comenté a Xosé. Me llamó la atención que Xosé no lo conociese, pero tambien que no conociese a Elena, Laura o Mónica, “solo de oirnos hablar a nosotros de ellas”. Me resultó tan incomprensible que no hayan coincidido en alguna reunión, que Xosé me repitió lo que me dijo durante mi «Bienvenida», “ellos no tiene nada que ver con la Iglesia” y Cáritas, la Asociación Gijonesa de la Caridad y la Fundación Albergue Covadonga son de la Iglesia».
Seguimos hablando, sin saber que pensar con lo que me dijo y empieza a ser habitual que no deje de sorprenderme una novedad, cuando me sorprende mas la siguiente. Xosé me relató el sistema subcontratado dispuesto por el Ayuntamiento para el Centro Municipal Encuentro y Acogida. Resulta que cuando Silvia, Alejandra y Xosé se van de fin de semana, vienen dos Trabajadoras Sociales de una empresa, pero cuando Silvia, Alejandra y Xosé se van de vacaciones, es día festivo, están de baja médica o solicitan un día de asuntos propios, vienen dos Trabajadoras Sociales de otra empresa. Ya me imagino la merienda de negros que debe ser sacar a Concurso un Servicio Público y que se subdivida todo tan razonablemente. La única duda que me surgió de su relafo fue ¿a cual de las dos empresas le correspondió venir el Domingo de Resurreción?
A la hora de la cena, en el puesto de control de la Cocina, entregué el «Vale de comidas» y Pepón me marcó el cuadrante correspondiente al número «134» y al «14 de abril» como la fecha de mi caducidad.
- 07/04/10 Se expulsa a “Fulanito”, 1 día por increpar a otro usuario tras tropezar con él. Al ser avisado sobre el volumen y actitud no atiende a razón y se le expulsa del Centro. Fdo. Alejandra
- 07/04/10 Se expulsa a «Fulanito», 1 día. Por levantar el tono de voz en el Centro, tras ser advertido previamente. Fdo. Xosé
