TRANSEÚNTES
Esta mañana no me apeteció estar mas tiempo dentro del coche y salí a las 8:00, a ver quienes estaban haciendo la cola para lavar ropa en el Centro de Día. Cuando llegué, tuve suerte y estaba Mohamed, un marroquí de 40 años con quien suelo pasar el tiempo desde que cierran por la tarde el Centro de Día, hasta que abren la Cocina Económica para cenar. Mohamed ha trabajado en la agricultura, en la ganadería y en una piscifactoría. Está viviendo con otros marroquíes en una nave abandonada en el barrio de Natahoyo, a pesar de que está cobrando el Salario Social. Es muy buena persona, ama España, tiene cierta mentalidad europea y curiosamente es ateo. En la Cocina Económica es el único magrebí que he visto comer cerdo, pero solo si no lo ven sus paisanos, ya que dice que “si le vieran le criticarían por ello”.
Al rato llegó Cleto, un asturiano del occidente de 50 años con el que me rio mucho con los improperios que suelta cuando abre su boquita. Cleto es un encofrador que ha agotado la prestación por desempleo y su hermana le paga la habitación que tiene alquilada. Hace unos meses a regresado de Valencia, donde ha vivido los últimos 15 años y donde está afiliado al Partido Popular. Miedo me da que opine sobre los extranjeros y mas cuando “en la calle” donde me lo comenta, hay tantos inmigrantes esperando con nosotros. Total, para después verlo asesorando a Mohamed en todo tipo de trámites, invitarle a cigarrillos y mostradole su compresión por el problema del racismo. Dos personas con las que me encuentro muy comodo estando con ellas.
A pesar de que hoy estaba bien acompañado, me terminé de agobiar a las 9:10, cuando aparecieron dos borrachos andrajosos a lavar sus ropas. Cuando pidieron la vez y se enteraron que iban a ser el tercero y el cuarto, riñieron a Mohamed, quisieron colarse delante de Cleto y casi acaban todos a bofetadas. En principio, entendí las circunstancias de los dos borrachos, uno lavaría cuando los Trabajadores Sociales abrieran el Centro de Día a las 10:00 y el otro lavaría en el segundo turno que empieza sobre las 10:40. Uno tendría la ropa limpía a las 11:30 y el otro tendría que esperar hasta las 12:20. Esto les rompió los esquemas, ya que según se fue calentando la discusión, comentaron que el problema era que estaban esperándoles en Avilés. Cleto no tardó mucho en convencerles que no iban a ser el segundo y el tercero.
Aproveché para acercarme por la Oficina de Información al Transeúnte, a cumplir mi obligación semanal de pedir el «Vale de comidas». No llegué a cruzar la avenida Constitución, cuando vi a cinco “transeúntes” esperando en la puerta de la Oficina. Volví al Centro de Día, justo cuando estaban apuntando a los tres primeros; Mohamed, Cleto y a uno de los borrachos.

Esta mañana había un ambiente tenso en el Centro de Día y a las 11:00 volví a marchar otra vez hasta la Oficina. Cuando llegué eran diez “transeúntes” los que estaban esperando, entre los que estaban sentados en la Salita de Espera y lo que estaban esperando en el exterior. Pedí la vez y tímidamente les pregunté “¿que Trabajadora Social estaba dando los Vales?”. Oyendo un gruñido mencionando a Laura. Había olvidado a Laura, que si Elena sabía que he sido «expulsado», Laura también lo sabría.
Como no quería ir a la Cocina Económica sin llevarle a Pepón el “Vale de comidas”, me uní a la cola sin poder irme, ya que para ello, los presentes me informaron que “debía de esperar a darle la vez al duodécimo”, el cual, no parecía probable que apareciese, cuando viese de lejos toda las personas que estábamos esperando. Como en el banco de la Salita de Espera, solo entran cuatro personas sentadas apretadas, estuve esperando «en la calle» cansado de querer disimular. Mientras esperaba, lo único que veía eran pasar coches y a todos las personas que caminaban mirando para nosotros. Una sensación incómoda de cojones. Sobre las 13:00 pude entrar en la Oficina y sentarme en el banco y a las 13:15 me tocó mi turno para entrar en el privado. Toda la mañana esperando agobiado, me santigüe antes de entrar y a pesar de mi miedo a que la Trabajadora Social Laura me fuese a sacar el tema de Timoteo, recibí escuetamente el “Vale de comidas”. Salí aliviado, aunque esperaba algo mas, sin saber muy bien que era lo que esperaba.
Por la tarde, he ido a la Biblioteca Jovellanos y he mirado en el web de la Real Academia Española de la Lengua, buscando la definición pura de la palabra «transeúnte» y así entender ¿a que colectivo pertenezco? Esta palabreja no me parece casual y en la Universidad impartirán definiciones para aplicar tecnicismos a términos concretos.
El Diccionario de la lengua española RAE; transeúnte
1. adj. Que transita o pasa por un lugar. U. t. c. s.
2. adj. Que está de paso, que no reside sino transitoriamente en un sitio. Apl. a pers., u. t. c. s.
3. adj. De duración limitada.
4. adj. Fil. Que se produce por el agente de tal suerte que el efecto pasa o se termina fuera de él mismo.
Yo, pobrecito de mi, que solo tengo la EGB y unos modulillos en el Ciclo Formativo de Grado Medio de Soldadura y Calderería, no entiendo mi definición. Por no entenderla, no entiendo ni que clase de acento lleva la ú de “transeúnte”, pero lo doy por bueno si lo dice la Real Academia Española. Las tres primeras definiciones no me convencen nada dada mi situación; la 1ª tendría sentido durante un día, la 2ª tendría sentido durante un mes y la 3ª, sería ciertamente técnica pero un poco fantastica viendo los casos que me rodean. Por tanto, entiendo que me llamen «transeúnte» por la 4ª y sin un Filólogo para poder preguntarle, entiendo «adj.» como adjetivo a mi persona, «Fil.» significa Filosofía, y la definición, que definición. Pensando en todo ello, me fui al Centro de Día.
Cuando llegué a la calle Diario El Comercio, vi que iba a tener que esperar y pude entrar tras esperar 8 minutos en la calle. Al no estar nadie de la pandilla, saqué un cafetillo y cogí un par de paquetillos de galletas, Merendando, me di cuenta que las galletas estaban rancias y blandas. Con la propia resignación con la que últimamente sobrellevo las cosas, seguí desayunando intentando dejar de pensarlo. Me fui a afeitarme y mientras me estaba apuntando, salió del almacén Xosé cargado con la caja de paquetillos de galletas para rellenar el cesto de la Cocina. Con su peculiar compañerismo entre ellos, Silvia se apresuró a ayudarle abriendo la puerta y sentí la humedad del almacén. Mientras me estaba afeitando, me di cuenta de algo que solamente puede ocurrir cuando la prioridad es el orden y la seguridad. Las putas galletas están rancias y blandas por que se almacenan en el unico lugar del Centro de Día, desaconsejado por los fabricantes de galletas. Terminé de afeitarme y salí a la Sala de Lecturas. Me senté a esperar que Xose se levantara para ir a la Cocina y tener la oportunidad de comentarselo en publico. Las funciones de la Cocina, son tan nimias que tardó un buen rato y solamante fue para comprobar que no le habian manchado la meseta. Mi comentario fue un poco forzado, pero sirvió para que me surgiera una sonrisa. La sonrisa me duró poco, su contestación me dejó frio. «No es algo que te tenga que preocupar». Tan frio que me senté a analizar la simple frase, formulada por un Universitario de lo Social. «No», advervio que me da por culo. «Es», verbo. «Algo», insustancial. «Que», proposición. «Te», insustancial. «Tenga», otro verbo. «Que», otra preposicion. «Preocupar», infinitivo de un verbo que cuando precede a un adverbio de negación, solo sirve para preocuparme.
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14/04/10 Por la mañana nos encontramos con la máquina de zumo mal montada y cuando esta se pone en funcionamiento emite un ruido elevado, por lo que se decide volver a llamar a la empresa encargada. Fdo. Xosé
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14-04-10 Permanece el centro cerrado al público desde las 16:35 h. hasta las 17:40 h. debido a que el cupo de personas se encuentra completo. Fdo. Luis.
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