<Viernes, 12 de marzo 2010



DÍA 16

Sin darme cuenta ya han pasado los quince días desde que estuve en IMASA y esta mañana tenía que volver a preguntarles; ¿si Iberdrola les había autorizado para empezar a trabajar en la Central Térmica de Alcantarilla? Una ocasión de oro para retomar las riendas de mi vida.

Esta esperanza era doble, en caso de una contestación positiva y hasta que me marchase, supondría «renovar indefinidamente» en el Albergue. Después me quedaría saber como iría hasta Alcantarrilla; si consigo que algún Trabajador Social me pagase el billete, o mejor aun la gasolina y poder ir hasta allí en mi coche-casa. A la vez, podría servir para que Cáritas contactase con algún Albergue en la Región de Murcia y me «renovasen» hasta cobrar mi primer mes. Todo demasiado hipotético y con demasiadas posibilidades que disminuye cuantificativamente conseguir un resultado final feliz. Si me contratasen, también podría existir la posibilidad poco probable que IMASA se hiciera cargo de mi traslado, el alojamiento y la comida, aunque al final del mes solamente percibiese 300€ líquidos. Algo muy improbable, cuando las empresas ya no hacen estas cosas y además siendo yo un simple soldador sin ninguna homologación. También podría comentarle mi situación personal a la Responsable de Recursos Humanos e intentar que me facilitará en lo posible mi incorporación. O por lo contrario, disimular e ir en plan bandolero hasta que reventase y que me despidiesen con un finiquito.

Por lo contrario, si en IMASA me descartasen o me dieran mas largas, podría suponerme quedarme literalmente “en la calle”, con el hándicap que esto pueda significar, aunque siempre me quedaría Gijón. El Director me pareció lo suficiente convincente en su advertencia y lo que he escuchado al resto de «internos» sobre Marcos, auguran mis peores temores. Si cuándo sentí «libertad» de cerrar mi casa, hubiera venido a este Albergue, no me hubiera creído jamás su ultimátum siendo ovetense, pero ahora me lo creo mejor después de haberme visto durmiendo en el coche durante un ciclón extra-tropical. Me parece increíble que esto me pueda suceder a mi, habiendo conocido a algunos de los «internos» que están «renovando» en el Albergue, entre drogadictos, borrachos y «carrilanos».

Cuando esta mañana nos despertaron con un malsonante «¡BUENOS DÍAS, LEVANTAROS YA!», preferí dejar de pensarlo y centrarme en la entrevista. Me levanté intentando pensar en positivo y usé el cristal de la ventana cómo espejo para sonreírme. Bajé al Comedor Social y al lado mio se sentó un borracho que me amargó el desayuno, cuando empezó a bromear a voces porque le habían quitado el pastel que él quería. Cuando terminé de desayunar, me levanté para marcharme a la entrevista y al pasar por el hall me hubiera gustado que el Conserje me hubiera deseado «mucha suerte», pero parece ser que “dejé un calcetín debajo de la cama y que no vuelva a suceder”. Al salir a la calle, no pude evitar pensar que pasaría si no tuviese coche o que pasaría si no arrancase. Sigo sin poder imaginarme pidiendo dinero en la calle y lo dejé de pensar, imaginándome poniéndome a caminar a las 3:00 de la mañana para recorrer los 35 kilómetros que me separan de Avilés. Monté en el coche sabiendo que en IMASA nadie sospecharía que esta noche he dormido en un Albergue de indigentes y conseguir respirar tranquilo cuando el coche arrancó.

Fue por la autopista conduciendo despacito y escuchando un CD de reggaetón, el cual solo tiene dos canciones que no están rayadas. Llegué a Avilés, aparqué sin problemas en la explanada enfrente de IMASA, bajé del coche y me fumé el cigarrillo que me regaló un drogadicto durante el desayuno. Mientras fumaba, me estuve concienciando, hasta que tiré la colilla con un chasquido de dedos, entré, saludé, pregunté y obtuve como respuesta; «la Encargada de RRHH aún no ha llegado, vuelve más tarde». En principio pensé que podría ser una buena noticia porque estuviese reunida concretando los últimos preparativos para empezar. Para no esperar en la puerta como una estatua, decidí dar una vuelta para pedir otro cigarrillo, que por no encontrar a nadie fumando por la calle, cogí un par de colillas del suelo para tranquilizarme fumándolas.

Cuando volví a IMASA, encontré a otros aspirantes al trabajo apoyados contra la fachada. Mientras esperábamos, me hablaron de la mala leche de la Encargada de RRHH, lo cual me importará tanto como a ellos si al final me contratase. Escuchando cómo andan las cosas en el Ciclo Combinado, llegó caminando la Encargada de RRHH y sin entrar a la nave, nos dijo que “de momento no iban a contratar a nadie para Alcantarilla y hasta el próximo mes no sabría nada nuevo”. Me fui conteniendo el aliento y con la cabeza gacha me despedí de los otros aspirantes. Nunca se sabe si coincidiremos el día de mañana, con el caso de Kerem tan reciente.

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Cuando volvía de regreso a Oviedo, me desesperé conduciendo más despacito escuchando reggaetón. Pensar que no me «renovasen» en el Albergue, me creó pensamientos tan tristes, que mejor no imaginármelos solo de pensarlos. La idea de “mendigar” una cama al Director aunque fuese para evitar verme durmiendo una noche mas en el coche, me resulta tan difícil de asimilar, que cómo Marcos no me lo ofreciese, nunca saldrá de mi. Me resultaría tan imposible cómo ingresar en sitios como RETO o REMAR, dónde los drogadictos ingresan para abandonar las drogas. Me daría tanta vergüenza que preferiría morirme de hambre, aunque supongo que el hambre doblegaría tan loable orgullo.

Cuando entré al Albergue, me encontré en el hall a Marcos hablando con una «seguimiento». Cómo estaba ocupado, le saludé y me fui a tomar un colacao al Centro de Día. Mientras hacía la cola esperando que los «externos» terminasen de servirse, entró el Conserje para decirme que “Marcos quería verme”. Me puse totalmente nervioso y pensé en todo lo malo que me había pasado hoy y también por haberme reído de Erik cuándo esperaba a la Luisi. Entré en el Despacho de Marcos y directamente me preguntó «¿que tal en la entrevista?». Le contesté la verdad y me recordó que “ya me lo había advertido”, me dio cama hasta el lunes» y estuve a punto de agradecerle que no me echase hoy mismo, que ahora me alegró de no haberle dicho nada. Al salir del Despacho de Marcos, me encontraba totalmente agotado y no sabia que hacer, ni a donde ir. No sabía si dar un paseo por el Parque del Oeste, sentarme en el coche, quedarme dentro del Albergue o salir al patio. Inmóvil en el hall, no debió de faltarme mucho para que me diera un shock nervioso. Me dieron ganas de entrar otra vez en el Despacho y agarrar al Director por la pechera hasta convercerle que me «renovase». Estoy muy enfadado con mi Oviedo por que el Albergue Municipal no me «renueve». Con los nervios, esta tarde se me olvidó pasarme a las 16:00 por el Ropero de Cáritas.

Si no fuera por que me desahogo escribiendo esta bitácora, creo que empezaría a volverme loco.


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