<Jueves, 25 de marzo 2010



DÍA 29

Esta madrugada me despertaron unos ronquidos. Eran tan exagerados que fui incapaz de volverme a dormir. Escuchar estos ronquidos en la lejanía eran tan ofensivos, como amargados debían de estar las personas que les hubiera tocado dormir en esa camareta. Con el sueño profundo que tengo, no fui el único perjudicado y se sucedían las quejas desde otras camaretas. Los primeros comentarios fueron jocosos, continuados por sugerencias, que dieron paso a sentimientos de malestar y finalmente a sonidos de resignación. Cuando el Portero abrió la puerta y los “internos” salimos de las camaretas, tropezábamos los unos con los otros, hasta que fuimos bajando al patio, donde la única conversación era saber ¿quien había sido?

No resultaba difícil adivinarlo, al encontrarse en el patio solamente un «interno» optimista por haber dormido toda la noche. Ayer, llego un aragonés de 50 años, amable, pero lo suficientemente fornido para que nadie quisiese tener problemas con él. Mientras esperábamos para poder entrar a desayunar, el aragonés se disculpaba, justificándose «en haberlo comentado en la Oficina de Información al Transeúnte y evitar lo que sabía que iba a suceder». Todos escuchábamos sus disculpas, algunos desde la compresión, otros desde la incredulidad y la mayoría con la cara propia de habernos desvelado en plena madrugada. Sus disculpas venían con el propósito de enmienda de volver a hablar con las Trabajadoras Sociales y se me ocurrió proponerle que les solicitase una de las “camas de emergencia”, a pesar de las dudas de algunos sobre «si sería suficiente con aislarlo en la planta baja».

Una vez desayuné y salí del Albergue, me fui a buscar trabajo. Después de toda la semana dejando Curriculums por todos lados, la única empresa que me dio alguna esperanza fue García Rama y solo si volvía con una Vida Laboral actualizada. Esta empresa es líder en la rehabilitación de fachadas y por toda la ciudad tiene montados andamios bimástiles con su eslogan “mejor + fácil”. La esperanza me daba alas, aunque me pareciese un atropello que una empresa me pidiese mi Vida Laboral, un requisito justo si me fuesen a contratar. Considero que si se extendiese este requisito, condena a personas válidas a no poder entrar en empresas serias, mientras reserva los trabajos a quienes empezaron o empiecen enchufados en el sector.

Hacia años que no pedía una Vida Laboral, por no hacer trámites con la Administración Pública, aunque la semana pasada me resarcí para poder satisfacer a la Oficina de Información al Transeúnte. Para terminar lo que empecé, me pasé por el INSS de la plaza del Carmen, tuve que subir hasta la 2ª planta, esperé mi turno mirando la pantalla electrónica y así hasta que la conseguí. Los nuevos sistemas que las Administraciones Públicas ponen al servicio de la ciudadanía para hacer mas fáciles los tramites, resultan ser mas difíciles que cuando los Funcionarios utilizaban las máquinas de escribir. Como hoy en día la Precariedad Laboral ha dado lugar a libros especializados, mi Vida Laboral es la que es y no la puedo cambiar, la llevé hasta García Rama y la he entregado tal cual. La esperanza que sentí cuando me la pidieron, es inversamente proporcional a la indiferencia con la que hoy me la ojearon y se la quedaron.


VIDA LABORAL


Viéndola ahora, no he podido evitar recordar mi primer día en el Albergue Covadonga, cuando un matrimonio les gritaban en el patio a los inmigrantes según salían del Comedor de cenar; «tenéis más derechos que los españoles”, “os dan mas que a nosotros”, “solo habéis venido a España a vivir del cuento”, pero ante todo y como verdad absoluta, «no habéis venido a España a trabajar”. Cuando para reforzar su indignación me preguntaron a mi, “¿cuantos años tenia cotizados?”, asustado, les contesté que “10 años”. Ahora compruebo que solo he cotizado 8 años, con 33 años que tengo, habiendo empezado con 19 años a trabajar con un “contrato basura” de aprendiz de carnicero. En esta decepción al verla, donde los 16 meses que trabajé en los supermercados Alimerka no sirven para mi Jubilación, al menos podían figurar los diez meses de Servicio Militar que si me sirven. Los 8 años no son del todo ciertos, ya que algunas empresas, sin mi consentimiento, no me dieron de alta cuando empezaba a trabajar. Solo hay que ver como siendo aprendiz de carnicero en Merkaprecio, se ahorraron de cotizar 3 días cuando se me cambió a una tienda de su matriz Alimerka.

En una Oficina del Inem en Gran Canaria, sobre 2008, quise saber si en aquellos momentos tenia cotizado lo suficiente para poder volver a cobrar el Paro. La Funcionaria que me atendió, al comprobar la escasa valoración que los empresarios tenían de mi, me quiso reprochar el desastre de Vida Laboral que le aparecía en el ordenador. Pretendió que «cuando llegase a mi casa, me cuestionase por los motivos de la corta duración de mis contratos». No tarde mucho en ser yo, quien la invitase a que «fuera ella la que reflexionara en su chalet, sobre los motivos, requisitos y perfil de los empresarios españoles de hoy en día» o que me explicase «los motivos que tuvo ella para hacer unas Oposiciones, en un Organismo tan tedioso como el Inem». Yo no niego mi culpa, pero también que no soy de los que permitió que se aumentasen los margenes de beneficios empresariales a costa de mi sueldo, que lo conservase a costa de pisar a nadie o que le permitiese a los encargados que me denigrasen humanamente y en ese aspecto, los encargadillos de las PYMES se suben mucho a la parra. Reflexionándolo, viendo mi Vida Laboral, desde hace tiempo considero que lo mio debería de estar considerado como una enfermedad laboral.

No eran ni las 11:00 cuando regresé al patio del Albergue Covadonga, sin otra cosa que poder hacer. Como el ambiente en el patio estaba alterado con un drogadicto muy tonto, me fui con Saturnino al Centro de Día. Mientras estaba en la cola de la maquina expendedora para sacarme un café con leche, picaron a la puerta y entraron seis chicos jóvenes vestidos con monos verdes y útiles de limpieza. Las Visitas suelen entran serios y nos echan una lenta radiografía a sabiendas que permanecerán en el interior durara unos escasos minutos, tiempo de sobra para poder hacerlo con detenimiento. Pero ellos entraron contentos y el que debía de ser su Jefe, informó que “venían del Ayuntamiento a limpiar todos los cristales del Centro de Día”. Digo «todos» porque dos trabajadores limpiaron los cristales que dan al patio, dos trabajadores limpiaron los cristales interiores que dan a la Sala de Lecturas y dos trabajadores limpiaron los cristales traslucidos que dan a la calle, que según el Trabajador Social Xosé, son traslucidos supuestamente por nuestra “intimidad”. No se nada de «nuestra intimidad”, pues la mía se queda violentada por momentos como este, ante personas que mañana pueden reconocerme como uno de los “usuarios” de Café y Calor.

Los seis trabajadores fueron muy majos, tanto con los Trabajadores Sociales, como con los “usuarios”. “Usuarios”, que en todo momento quisieron colaborar no molestándoles, los alegres preguntando “¿que hacer para no molestarles?” y los tristes observando como limpiaban y oyendo como contestaban a los alegres. A pesar de que eran seis trabajadores, el trabajo duró una hora entera. Ya no se trata del trabajo que los propios “usuarios” podríamos hacer remuneradamente, ni que limpiaran cristales traslucidos, si no que Alejandra firmase un Albarán por una hora de trabajo de 6 personas, para cobrar por Administración a cuenta del Presupuesto del “Centro Municipal Encuentro y Acogida”. Es increíble todo el trabajo que damos los “usuarios” en búsqueda de empleo.

Se me había olvidado preguntar «sobre los puestos laborales reservados para el Colectivo en Riego de Exclusión del Ayuntamiento de Gijón». Cuando se fueron, me acerqué a preguntárselo a Alejandra y me ha derivado «a que vaya al Ayuntamiento a preguntarles directamente a ellos», con el tono de voz que les complace que hablemos entre “nosotros”. Tras su contestación, le di las «gracias» y me alejé de la mesa donde estaba sentada con Xosé y Luis.


En el relato de hoy, se empieza a simultanear mi relato, con las estadísticas de la Memoria de la Fundación Municipal de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Gijón 2011, sobre el Centro Municipal Encuentro y Acogida, que se hayan entre las páginas 104 a 113.

Una de las funciones mas importantes que afirman realizar los Trabajadores Sociales con los indigentes, es la «función informativa» o «derivaciones». En el cuadro que figura a continuación, se indica la supuesta trascendencia de las derivaciones o función informativa de los Trabajadores Sociales dentro del Café y Calor, desde 2003 hasta 2011, a otras Entidades Sociales del Ayuntamiento de Gijón que también figuran dentro de la Memoria.

En el siguiente cuadro figuran las estadísticas de las derivaciones al Centro de Atención Temprana o Centro de Salud Primaria (CAP), al Centro de Servicios Sociales (CSS), a la Oficina de Información al Transeúnte (OIT), a la Oficina de Información al Inmigrante (OII), al Servicio Interdisciplinar de Atención a las Drogodependencias (SIAD), al Instituto Nacional de Empleo y a la Empresa Municipal de la Vivienda (EMV). Por ejemplo, para la Empresa Municipal de la Vivienda, aparte de decir que no tenían casas disponibles, es que no cumplimos los requisitos.



La falta de ninguna derivación en mi Expediente Personal en los Albergues de Avilés y Oviedo, contrasta con lo meticulosos que eran en el Centro Municipal Encuentro y Acogida. El celo profesional con el que recabaron los datos para la Memoria de la FMSS, queda resumido en anotar las derivaciones con una raya. Las derivaciones aparentemente tan profesionales en este Centro de Día, son tal cual como he descrito, tú preguntabas por cualquier cosa y te derivaban escuetamente a que fueras directamente a preguntarlo.

Narrado queda en que consisten las derivaciones, quedaría explicar el contexto de la derivación, que parte de ir a titulo personal, donde tu situación de indigencia hace que te reenvíen hacia los Servicios Sociales o la Obra Social de la Iglesia Católica. Esto causa un sentimiento general de un total agobio producido que a te reenvíen al laberinto administrativo donde la Exclusión Social no existe.

Muchas veces los “usuarios” tuvimos que intervenir en conversaciones profesionales que conllevaban una derivación errónea. Podría describir como los Trabajadores Sociales repetían las mismas equivocaciones constantemente, sin tener ningún tipo de sentimiento de ridículo por equivocarse en cosas básicas, como que te deriven a sabiendas que necesitas un documento que acredite tu situación como persona en Exclusión Social, como podría ser solicitar un puesto laboral reservado para el Colectivo en Riego de Exclusión del Ayuntamiento de Gijón.


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