<Sábado, 17 de abril 2010


LA APTITUD

Esta madrugada casi me meo de risa con Adalberto, un marinero caboverdiano de 40 años, que lleva un mes en Gijón. La semana pasada, mientras esperábamos en la cola para entrar en la Cocina Económica, me comentó que “paseando por el alto del Cerro de Santa Catalina, se había encontrado una botella entera de Ballentine´s”. Son muchos los «transeúntes» que los sábados y domingos, aparecen por el parque Teodoro Cuesta con bolsas enteras de bebidas alcohólicas encontradas en el Cerro. Como no conoce la ciudad y desconocía más lugares donde suelan hacerse botellones, le hablé sobre «el botellón que hacen en el parque Isabel la Católica, que recientemente he descubierto en mis paseos nocturnos para dormir. Sin atreverme a ir solo, ni que me apeteciera ir mal acompañado, que ayer me ofrecí para acompañarle hasta allí. Me pareció una buena compañía para compartir una borrachera y no me equivoqué con la decisión.

Después de comer en la Cocina Económica, estuvimos de acuerdo en no volver al Centro de Día por la tarde y dimos paseos decidiendo, ¿donde íbamos a sentarnos para merendar nuestras bolsas verdes butano? Después de merendárnoslas, dimos un paseo por la playa hasta que nos cansamos y nos sentamos en el paseo a ver la mar. A las 21:00, decidimos ir hacia el parque Isabel la Católica para empezar a observar los botellones. Cuando llegamos, todavía estaban entrando los chavales cargados con bolsas del supermercado, llenas de botellas de alcohol y refrescos. Era demasiado temprano para el propósito al que habiamos ido, nos sentamos y estuvimos hablando de todo un poco. Y así, hasta que Adalberto me sorprendió confesándome que «fumaba heroína» y es que parece ser que en la Marina Mercante, se consigue facilmente al desembarcar en puertos internacionales y entre algunas Navieras es de sobra conocido su «consumo» dentro del barco. Sorprendido mientras me comentaba anédoctas de un drogadicto en alta mar, hicimos tiempo para que los chavales bebieran y se fueran, esperando que dejasen algo para que pudiésemos beber también nosotros. Charlando desde su lejanía, seguimos observado los botellones y para pasar el tiempo, le propuse ir a ver las jaulas de las aves exóticas. Mientras las estabamos viendo, de repente Adalberto se escandalizó y arrastrándome fuera del Recinto, me susurró que «aquello parecía un punto de citas de maricones” y salimos corriendo entre las risas de Adalberto.

Antes de las 02:00, empezó a marchar la gente y a las 02:30 ya se habían marchado todos. Tímidamente, pero reconociendo que torpemente, los dos quisimos disimular que estábamos casualmente entre toda la basura de los botellones. Al haber elegido los chavales lugares oscuros para reunirse, era evidente viéndonos allí agachándonos para comprobar el contenido de las botellas y rellenando las botellas mediadas. Finalmente, hemos conseguido un buen revuelto de botellas; dos litros de bebida destilada, varias latas de cerveza, ocho litros de kalimotxo y numerosos refrescos. Empezamos a bebernos lo destilado,continuamos con la cerveza, proseguimos con el kalimotxo y acabamos con el refresco. Ya sin nada más que la alegría de Adalberto y sus historias, hemos seguido sentados en el parque y así hasta que su primera experiencia como mendigo, me ha quedado grabada más allá de las circunstancias en las que él la vivió.

Parece ser que hace un par de semanas, eligió una Iglesia para ponerse a pedir en la puerta, nada más y nada menos, que la Parroquía de Nuestra Señora de Begoña de los Padres Carmelitas Descalzos, donde los domingos asisten a Misa, las Hijas de la Caridad de la Cocina Económica. Pensó que era un buen lugar, se relajó pensando que en Gijón nadie le conocía, junto las agallas necesarias para ponerse en la puerta y cuando empezaba a relajarse, vió llegar a sor Moris. Su primera reacción al verla, fue la de seguir con la mano extendida, pero con su otra mano quiso taparse la cara, pensando que así adquiriría la invisibilidad. Cuando sor Moris subía las escaleras, se detuvo enfrente de él, le retiró la mano tras la que se ocultaba, le hizo extender la mano con la que pedía, le alzó la cabeza y le pidió «que se pusiera como Dios manda y así conseguiría más dinero”. Me contó la historia de sor Moris unas treinta veces. En todas ellas, el caboverdiano se ponía colorado como un tomate y la treinta y una fue la que más gracia me hizo. Adalberto me lo contaba gesticulando las tres poses, la de convencerse para ponerse, la de ocultarse y la “ideal”. En esta noche oscura, mis risas se debieron escuchar en todo el parque.

Lo que para Adalberto fue una monumental vergüenza, yo le encuentro una fantástica enseñanza. Sor Moris tiene razón y muestra el camino a seguir mientras yo esté “en la calle”, tanto si un día acabase mendigando en una Iglesia, como cuando estoy en la cola de la Cocina Ecónomica, cuando espero a poder entrar en el Centro de Día o mientras me miran los conductores en la Oficina de Información al Transeúnte. Aptitud. Aptitud acorde a las circunstancias. En estas en las que me veo es muy difícil tener aptitud, pero quizás el reto esté en mantener intacta la que poseo. La aptitud está dentro de uno, no cuesta dinero, resulta todo más fácil, vale para mejorar las cosas, sirve para “conseguir más”. Cuando nos íbamos, allí por donde las jaulas de las aves exóticas, me pareció ver a dos hombres detrás de un seto y se los señalé a Adalberto.

Noches alegres, mañanas tristes. Sabio refrán. Después de despertarme, supe mas de mis limitaciones y cada día me quedo mas impresionado con el sistema articulado para ayudar “a las personas sin recursos”. Sobre las 8:00, me despedí de Adalberto en el mismo parque de Isabel la Católica y me vine directo al coche a dormir. Vine por el paseo para que me diera la brisa y espabilar, sin pensar en las consecuencias de mis actos. Aunque no tuve mayor problemas bebiendo, dentro de la competición para que Adalberto no se lo bebiera todo, la reseca es tremenda después de mezclar todo tipo de bebidas. Desperté a las 17:00 y me quedé sin comer y echando de menos la bola verde butano. Es la primera vez que me he quedado sin comer y solo lo pude remediar con cafetillos y galletas en el Centro de Día. Mi experiencia me hace tener mas lastima encima por los borrachos. Los alcohólicos beben todos los días y es hoy que todavía no me explico como se las arreglan. Todavía sigo sin entender como consiguen el dinero para emborracharse, lo que conozco es que sus mayores pedos son casuales e improvisados, por lo que ahora no entiendo, como se las arreglan para estar a la hora en la Cocina Económica.

imagen-parcial-de-un-cartel-la-digna-rabiaEsta mañana he estado en el Centro de Día con Saturnino. Mientras abordábamos nuestras conversaciones habituales, me pasó por debajo de nuestra mesa cinco cigarrillos. Me dijo que “los guardase”, mientras miraba para que no nos observara ningún «usuario», olvidándose de las sospechas que les pudieran surgir a nuestros Trabajadores Sociales. Mi alegría de ver saciado mi vicio en las próximas horas, contrastó con la pena que me dio pensar de donde ha sacado el dinero para comprar la cajetilla. No hacia falta que me lo dijera, tampoco creo que fuera necesario que me lo dijese al oído, “Aquilino lo ha llevado con él a pedir por los pueblos”. Al final, para que el Vigilante de Seguridad nos dejase de vigilar, salimos a la calle y mientras fumaba mi primer cigarrillo, dimos un paseo donde pudo contarme los beneficios de su nueva vida de mendigo, “dejar de recoger colillas o poder tomarse un verdadero café cuando sale del Albergue”. Aun así, a sabiendas de conocer mi opinión sobre este asunto, no podía disimularme su alegría mientras me lo contaba, ni tampoco dejarme de hablar de su mentor como si fuese una persona inteligentísima, solamente por conocer las rutinas de las buenas personas, que en los pueblos suelen dar dinero a los mendigos como Aquilino.

Pese a que Saturnino no quiere darse cuenta, creo que Aquilino se beneficia de él mucho más de lo que se imagina. Un «transeúnte» tan conocido y famoso por ser un faltoso cuando bebe, mejora mucho su imagen, presentándose en los pueblos con alguien tan educado como Saturnino. También, el hecho de que un alcohólico esté con un abstemio, malo no debe de ser para lo que sea la enfermedad en si. Podría seguir añadiendo que la gratitud de Saturnino, servirá para que cuando Aquilino vuelva a pescar una merluza, no acabe en Urgencias o en Comisaria, aspectos estos que suelen terminar en los Juzgados de Guardia. Mientras hablábamos, sonó su teléfono. Era Aquilino que había llegado al Centro de Día, que al decirle que estábamos en el parque Teodoro Cuesta, Aquilino se acercó hasta donde estábamos.

Quizás por que era el día, quizás incomodo por leer en mi mente el sincero aprecio que le tengo y lo abrumase, me contó algo que aun no doy crédito. Después de estar desde que lo conozco, diciéndome «lo mala que es su mujer» y hoy con lagrimas en los ojos, me confensó que “es un ludópata”. Parece ser que su vicio dilapidó todo el patrimonio del matrimonio, menos la casa donde viven ahora su mujer junto con sus hijas. Quiso hacerme creer que no se había atrevido a jugarse la casa familiar, pero sonaba a que le había presentado los papeles a la copropietaria y ella se negó a firmarlos. Aunque este mal decirlo, mucha gracia me hizo ver a un mentiroso, contando el suplicio que tuvo que pasar queriendo ocultarle la verdad a su mujer, hasta que finalmente «se derrumbó, se lo confesó y encontró una gran calma». Mientras hablábamos, sonó su teléfono. Era Aquilino que había llegado al Centro de Día, que al decirle que estábamos en el parque Teodoro Cuesta, Aquilino se acercó hasta donde estábamos.

1312125105221_fSe nota que Aquilino está disfrutando enseñándole el oficio a su nuevo amigo, que me sigue insistiendo en querer ser mi maestro. Tras estar escuchándoles sus planes, me propuso acompañarles a la casa del Padre Chus para conocerle y me aseguró que me daría algún billete. Fiel a su estilo, no solo trató de tonto a una cabeza de la Iglesia, si no que me lo definió como un «maricón revenido». Aquilino se pensó que me haría gracia su típico comentario contra un Sacerdote, pero estoy cansado de que todos los Curas sean pederastas y que a ninguno se les reconozca valía alguna. Además, si fuera cierto que a este Cura le gustan los hombres, sumado a la necesidad que Aquilino ha tenido de conseguir dinero para beber o fumar como un señor, ¿que habrá hecho Aquilino? o ¿que le habrá hecho a Aquilino? Tras haber estado precisamente hablando de él antes de que llegase, Saturnino intervino para decirle que yo “no estaba por la labor” y Aquilino me dejó el tema. Ellos querían saber si este Cura les pagaría un mes en una Pensión, así que cuando quisieron encaminarse a visitarlo, nos despedimos, deseándoles lo mejor por que ninguno de estos dos sesentones se merecen vivir “en la calle”. Cuando me quede solo en el parque Teodoro Cuesta, me percaté que había fumado con ellos los cinco cigarrillos y me fui a buscar unas colillas hasta la hora de la comida.


  • 17-4-10 ESTA MAÑANA CUANDO VOY A ABRIR EL CENTRO ME ENCUENTRO CON QUE LA VERJA ESTÁ SUBIDA, SOLO ESTABA LA PUERTA CERRADA. FDO. Paco
  • 17-04-10 Se expulsa a Fulanito (primo de menganito “eso dice”) por dar voces en voz alto después de llamarle anteriormente la atención. Mañana puede entrar. Fdo. Iciar


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